La subida de precio de los videojuegos no es la respuesta para las cajas de botín

En mitad de toda la controversia de las cajas de botín, con organismos gubernamentales de diferentes países planeando y planteando medidas para regularlas en los videojuegos, está creciendo una teoría que muchos esgrimen como la solución. Si las compañías van a perder dinero por quitar este componente, ¿por qué no subir el precio del juego para suplir esa falta?

Forbes ha elaborado una respuesta simple, pero cargada de razón: porque no. En realidad el argumento va más allá, aunque su resultado es similar. Gran parte del público piensa que los juegos han mantenido siempre un precio similar a pesar de la valoración de la moneda, que los DLC y demás estrategias para ingresar dinero a posteriori están pensados para conservar los márgenes perdidos y que la mejor medida sería subir precios para poder eliminar todo esto y que las publishers puedan estar tranquilas.

Ciertamente, esta subida se ha visto realizada en numerosos sectores debido a la inflación; pero siempre ha sido en cantidades pequeñas, no saltos de 10 a 30 euros/dólares como defienden algunos. Tal y como explica Paul Tassi en la publicación de este medio extranjero, hacer algo así no solo sería dar un giro radical a la industria, sino algo tan exagerado como «quemar una rana con un lanzallamas». Muchos deberían reducir su catálogo de juegos debido a estos considerables aumentos, y eso no haría más que causar pérdidas. Tampoco haría que las compañías se pusiesen de acuerdo para erradicar las microtransacciones, por lo que, al final, todo quedaría igual salvo por el incremento de dinero a pagar.

Esto no quita que, sobre el papel, pueda ser una buena medida siempre y cuando se efectúe dentro de unos límites lógicos. Pero no parece que sea la estrategia a seguir por las grandes y, a no ser que el gobierno y los correspondientes organismos actúen; no van a haber grandes cambios en todo esto.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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