La Yakuza hizo que Nintendo cambiara la distribución de Super Nintendo en Japón

Con algo más de calma y con la carrera de los 16 bits ya comenzada por una Sega que tenía en Kalinske y Mega-Drive a las armas perfectas para conseguir el triunfo, Nintendo lanzó en 1990 la famosa Super Nintendo. La compañía asiática tardó, pero dio un salto con triple voltereta y tirabuzón para entrar en la piscina de la nueva generación de consolas. La máquina gris, con un mando repleto de colores de botones, comenzó sus andanzas a finales de año en Japón, aunque llegaría a América, Europa y Corea en los dos años siguientes.

A pesar de no llegar en ningún pack con juego, el estreno de la plataforma en territorio nipón fue algo espectacular. Las primeras 300.000 unidades de SNES (Super Famicom por aquellos lares) se vendieron en tan solo unas horas y el revuelo fue tal, que el gobierno japonés tuvo que iniciar unas medidas legales para instar a las empresas de videojuegos a mover los lanzamientos a fines de semana para evitar problemas en el ámbito laboral que pudieran afectar a su economía. Imaginad el calibre del asunto.

Un lanzamiento que reforzó la presencia de los de Kioto como estandartes de la industria y que, evidentemente, captó la atención del público tanto especializado como el que no. El éxito se replicaría también fuera del país, sobre todo gracias a un pack de lanzamiento con la consola acompañada ni más ni menos que de Super Mario World; pero vamos a quedarnos en Japón para contar esta historia. La historia de cómo la Yakuza logró atemorizar a Nintendo hasta el punto de cambiar sus métodos de distribución en el país del sol naciente.

El éxito de ese aparato conocido como Super Famicom en terreno nipón fue algo que también captó las miradas de las populares mafias japonesas. La yakuza no tardó en ver que esas consolas que se estaban vendiendo a la velocidad del rayo por un precio de 25.000 yenes (30.000 pesetas de la época al cambio, aunque aquí sería más cara) podían ser un buen negocio para engrosar sus arcas sin intervenían y revendían.

En Nintendo, algo resabiados ya con las formas de actuar de estos grupos delincuentes, recordemos que tuvieron cierto pasado juntos por las cartas Hanafuda y la dudosa legalidad del juego en Japón muchas décadas atrás, decidieron tomar cartas en el asunto antes de empezar a tener problemas. Para ello, cambiaron por completo el planteamiento de distribución de las videoconsolas a las diferentes tiendas del país.

¿Qué hicieron? Realizar los envíos en horario nocturno. La norma habitual en Japón era la de enviar todo este tipo de mercancías a primera hora de la mañana, o a lo largo de la misma, algo que todo el mundo sabía y aumentaba las probabilidades de sufrir un asalto en el caso de transportar material de valor. El equipo capitaneado por Hiroshi Yamauchi, presidente de Nintendo por aquel entonces, tomó la decisión de realizar este cambio y empezar a alterar los horarios de envíos para pillar siempre por sorpresa a la mafia japonesa.

La jugada no salió demasiado mal, ya que lograron esquivar cualquier posible ataque, o al menos la inmensa mayoría. Una iniciativa iniciada por miedo y de forma preventiva que acabó siendo bastante efectiva. ¿Qué habría pasado de no haberlo hecho? Podéis imaginarlo.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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