Las 7 armaduras más incómodas y poco prácticas de los videojuegos

Videojuegos de rol, de acción, de aventura… Da igual el género en el que nos fijemos que, cuando hay armaduras de por medio, comienza el festín. Hay algo, una especie de ley no escrita en el diseño de armaduras que dicta que, mientras más grandes, rocambolescas y exageradas sean en los hombres, mejor, y que mientras menos tengan en el caso de las mujeres, también mejor.

Una norma que no siempre se aplica, pero que mires donde mires, predomina. A raíz de esto, hemos querido indagar un poco en todos esos sets de vestimentas pensados para proteger a sus portadores, en los que han aparecido en títulos tanto de gran renombre como desconocidos, para sacar a la luz las 7 armaduras más incómodas y poco prácticas de los videojuegos.

Un total de siete casos en los que la coherencia no es lo que manda, sino captar la atención del público que está al otro lado de la pantalla. Aquí se cumplen todos los tópicos relacionados con ellas y, si no os lo creéis, echad un vistazo a continuación.

 

Castlevania Judgment – Cornell

Aquí el equipo de diseño quiso dejar algo muy claro, Cornell es un hombre lobo. El problema es que, incluso en su forma humana, tiene que llevar un casco acorde a la morfología de un cánido, y eso por no mencionar las garras forzosas que tiene por guantes. Tiene que ser toda una odisea quitarse esa armadura o, peor, intentar rascarse la cabeza.

 

World of Warcraft – El Rey Exánime

Que Arthas ha supuesto uno de los villanos más memorables de la historia de World of Warcraft es algo que no dudamos ni un segundo; pero que su armadura tiene que ser lo más incómodo del planeta, tampoco. Pomposa y exagerada hasta decir basta, debe de ser casi como una impenetrable fortaleza de llevar, pesando más o menos lo mismo y complicado al máximo la movilidad de quien la lleve puesta.

 

Prince of Persia: El Alma del Guerrero – Shahdee

¿Quién tuvo la genial idea? El tema de las armaduras femeninas en los videojuegos da para un largo debate sobre sexualización y practicidad. No sabemos cuándo pensó Shahdee que la mejor forma de protegerse era yendo en un bikini metálico, como tampoco lo que le valdría cubrir sus posaderas de esa forma. Ay, Ubisoft…

 

Dissidia 012 Final Fantasy – Guerrero de la luz

Las malas lenguas dicen que el manual de instrucciones de esta armadura incluye un apartado especial en el que se recomienda encarecidamente no salir cuando hay tormenta. Los combates de la saga Dissidia son rápidos, en ocasiones muy frenéticos y exigentes, sobre todo para sus combatientes. Resulta irónico que alguien que se hace llamar Guerrero de la luz tenga tanto riesgo de sufrir daños adicionales ante magias como Electro.

 

The Elder Scrolls V: Skyrim – Armadura Daédrica

La Armadura Daédrica que nuestro sangre de dragón puede llevar en Skyrim es la definición visual de «edgy». Cuenta con un aspecto que parece simular la apariencia y el peligro de los dragones; pero, a quién vamos a engañar, llevar eso puesto debe ser peor que recibir una llamarada directa de Alduin.

 

Monster Hunter 3 – Armadura Monoblos

Parece mentira lo que puede salir de un wyvern volador. El set completo de la armadura Monoblos es algo complejo de conseguir en Monster Hunter 3, y el resultado no podía quedar fuera de esta lista que estamos elaborando. Tener en tu pecho una cabeza con un cuerno que te tape la cara debe ser el culmen de la comodidad, sobre todo a la hora de querer ver por dónde vas. Poca vida le vemos por delante a un cazador que lleve esto.

 

Tera – Armadura ligera de Castanic femenina

Volvemos al típico tópico sobre armaduras y mujeres, pero es que es tan ridículo y flagrante que se merece mención. Las guerreras Castanic del universo de Tera deben ser unas máquinas de matar, con una agilidad y precisión letales; sino, no podemos entender cómo son capaces de llevar una armadura que hace de todo menos proteger. Pero, ojo, era de vital importancia cubrir la pierna izquierda. La otra, al parecer, no les debe de ser muy útil.

 

 

 

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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