Las cosas más insufribles que tienen los videojuegos

Si estás aquí es porque los videojuegos son uno de tus hobbys preferidos y precisamente si es así habrás pasado algunos grandes momentos de tu vida con un mando o un ratón y teclado en tus manos. Todos hemos disfrutado de grandes historias o simplemente hemos pasado ratos divertidos con los videojuegos, pero no nos engañemos: también nos hemos frustrado por culpa de algunas cosas insufribles que siempre están presentes.

De ello precisamente es de lo que queremos hablarte en el día de hoy, pues lo que encontrarás en la lista que te dejamos a continuación es una selección de errores o cosas odiosas de los videojuegos que consiguen ponernos de los nervios. Sin más dilación te dejamos con nuestras propuestas y te invitamos a que nos dejes las tuyas propias a través de la caja de comentarios para que complementes nuestro listado.

Cinemáticas no saltables o no pausables

Las cinemáticas despiertan amores y odios, no hay término medio. Hay quien quiere que se acaben cuanto antes para volver a la acción y otros prefieren saborearlas para disfrutar de la historia. Sea como fuere, siempre hay videojuegos no dispuestos a satisfacer las necesidades de ambos tipos de jugador. Algunos juegos no nos permiten saltar las cinemáticas y otros no nos permiten pausarlas para no perdernos nada.

Tiempos de carga muy elevados

Ser interrumpido constantemente es una de las cosas más desagradables para todo jugador de videojuegos. Especialmente molesto es en los títulos de mundo abierto, en los que tenemos que esperar cada vez que entramos o salimos de una estancia, nos desplazamos con el viaje rápido a otro punto del mapa o morimos. Todo ello nos hace esperar para volver a la acción y puede acabar poniéndonos de los nervios.

Puntos de control mal colocados

Algunos videojuegos creen que la mayor forma de incrementar la dificultad es separando los puntos de control unos de otros, pero lo cierto es que es algo que solo sirve para frustrar. Ser asesinado por un enemigo y darte cuenta de que has regresado dos horas atrás porque se te olvidó guardar es algo increíblemente destructivo. En ese momento solo tendrás ganas de tirar el mando contra la pantalla para que acabe tu sufrimiento.

Inteligencia artificial pobre

De que la inteligencia artificial esté bien trabajada depende en gran medida el éxito o fracaso de un juego. Si los enemigos se comportan como idiotas que nos pierden en cuanto doblamos la esquina o si, por el contrario, no nos pierden ni aunque nos vayamos a la punta del mundo pueden destruir nuestra experiencia de juego. Lo mismo pasa con la inteligencia artificial aliada, especialmente en misiones de escolta o protección.

Mala gestión de inventario

Los videojuegos de rol (y cada vez más géneros) ponen a nuestra disposición un inventario para que podamos gestionar los ítems que vamos recogiendo. Sin embargo, un inventario mal gestionado o confuso puede arruinar la experiencia de juego, incluso en las mejores obras. Al final optaremos por dejar de acceder al inventario, lo cual es una forma de perdernos parte de la experiencia y disfrutar del conjunto del título.

Puertas indestructibles

No hay nada más exasperante que ver ante ti una puerta que va a llevarte exactamente al lugar al que debes ir y que el juego te diga aquello de “la puerta está cerrada”. Piensas, ¿dónde estará la llave? Pero en realidad lo que deberías pensar es por qué no uso una de las decenas de granadas que llevo encima para destrozar esta puerta y poder pasar. Pocos juegos a lo largo de la historia nos ha permitido hacer algo así y no sabemos cuál es el motivo.

Parches del día uno

Hace años comprabas un nuevo videojuego, lo introducías en tu consola y empezabas a jugar. Las cosas han cambiado y los parches del día uno son cada vez más comunes. Es por ello que ahora el proceso es el siguiente: compras un nuevo videojuego, lo introduces en tu consola y observas atónito cómo debes esperar una hora a que se instale la actualización para poder empezar a jugar. Es el juego y no tú quien decide cuándo puedes empezar a jugar.

 

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