Las grandes leyendas urbanas de los videojuegos

Con el arraigo que tienen hoy en día los videojuegos en la cultura popular, es normal que ciertos fenómenos sociales se apunten a dejarse caer por este ámbito. Y uno de ellos es el de las leyendas urbanas, relatos muchas veces truculentos que buscan despertar una emoción, generalmente un escalofrío por el espinazo, en quien las oye. Y con el auge de Internet, la red de redes es como intentar apagar un reguero de pólvora ardiendo echándole un cubo de gasolina encima. De un tiempo a esta parte ha aparecido otro fenómeno, el de los creepypasta, un término raro que designa a historias puramente ficticias con un claro tono siniestro y retorcido.

De estos creepypastas y de leyendas urbanas varias en el mundo de los videojuegos es de lo que os vamos a hablar a continuación. Vamos a reparar en varios casos, de modo que respirad hondo y preparaos para conocer un lado oscuro y tenebroso de esta afición como no habíais visto aún. ¿Realidad o ficción? No lo sabemos…

Herobrine

Cualquier juego es susceptible de contar con una de estas leyendas urbanas, incluso Minecraft. El mundo hecho a base de cubos creado por Notch cuenta con un creepypasta muy extendido que, además, tiene a un cierto número de usuarios asegurando que es real y que ellos lo han visto en los foros relacionados con el juego. Se trata de la leyenda de Herobrine.

Nuestra historia acontece a un jugador cualquiera que, como de costumbre, accede a su juego para proseguir sus construcciones. Pero yendo a la búsqueda de materiales, nuestro usuario divisa algo raro moviéndose entre la niebla. Normalmente, los narradores de este suceso cuentan que debido a las limitaciones de su PC la configuración de sus distancias de visión no es muy elevada, así que normalmente la bruma está bastante presente. Pues bien, cuando el jugador decide seguir a la figura, se encuentra con la sorpresa de que lo que creía que era algún animal salvaje no era sino un hombrecillo. Con el mismo modelo que el personaje humano por defecto pero con una inquietante diferencia: sus ojos están en blanco.

Sobre el personaje no aparece ningún identificador, tampoco pronuncia palabra. El inquietante encuentro dura apenas instantes antes de que el misterioso paseante vuelva a la niebla dejando al jugador aturdido y confuso. Posteriormente, pasan algunas cosas extrañas en la partida principalmente en forma de construcciones y elementos extraños que aparecen donde no debían estar, túneles excavados en roca aparentemente virgen, estructuras en lugares inaccesibles… Ante la posibilidad de que se trate de un bug, el usuario acude a los foros oficiales sin sacar nada en claro, ya que al parecer los moderadores borran sistemáticamente cualquier mensaje con esta referencia. Solo un tal Herobrine le manda un mensaje privado con una única palabra: “Déjalo”.



Finalmente, otro jugador de Minecraft es quien da el primer paso hacia la conclusión al comunicarse directamente con su desconcertado colega vía e-mail, lejos de la mirada de los moderadores. A él o a ella también le ha pasado, ha visto a ese desconocido de mirada vacía. Y no son los únicos, muchos más lo han visto. Y todos han recibido la advertencia del tal Herobrine. ¿Quién es, algún administrador del foro, acaso? ¿Alguien del equipo de Mojang? Entre todos comienzan a rastrear a ese tal Herobrine y sus pesquisas arrojan como resultado que tras el nick se esconde un jugador procedente de Suecia, curiosamente como los desarrolladores del juego. Es más, algunas averiguaciones apuntan a que Herobrine era el nick de alguien cercano a Notch, un familiar para ser exactos. Su hermano. Nuestro protagonista decide lanzarse y preguntar directamente al creador del juego: “¿Tienes algún hermano?”. Si la respuesta es sí, al menos podrían salir de dudas acerca de tanto secretismo.

Pero la contestación de Notch fue más de lo que esperaban: “Sí, tuve un hermano menor, pero por desgracia ya no está entre nosotros”.

Como decíamos al principio, nada de esto es real. Notch nunca ha dicho tal cosa y no había ningún personaje así paseándose por Minecraft, al menos que se sepa. Y sin embargo, allá a lo lejos, en la bruma, parece como si el mundo cuadriculado escondiese sus misterios. Es una sensación que dura apenas el momento justo para notar una mirada clavándose en vuestra nuca y giraros en la silla. Quizá para toparos con la mirada de ultratumba de Herobrine.

 


Pokémon Black

Ahora que ya existe de manera oficial un Pokémon Edición Negra, esta leyenda urbana ha perdido un poco de su empaque. O quizá es lo que pretenden hacernos creer. Si sois de los que asocian Pokémon con el concepto de producto infantil, leed con atención el relato que os vamos a contar:

Curiosamente, al objeto de este creepypasta se le atribuye una fuente tan real como es Kotaku, uno de cuyos redactores habría escrito un artículo sobre un cartucho pirata de Pokémon, una versión no autorizada hecha a partir de la primigenia Edición Roja con el sencillo nombre de Pokémon Black. Un juego que se describía como el material del que están hechas las pesadillas, muy extraño para un título de Game Boy en general y de Pokémon en particular. ¿Qué pasa con este Pokémon Black? Un coleccionista consiguió hacerse con él y llegar al fondo del asunto.

Pronto vio este inquieto completista que algo no iba nada bien con este juego. Su entrenador no podía hacerse con todos, es más, le bastaba solo con uno, un Pokémon que poseía de inicio y que bajo el nombre Ghost tenía la apariencia de los fantasmas que aparecen en la torre de Pueblo Lavanda. Ghost solo usaba un ataque, Maldición, el cual una vez lanzado hace desaparecer al Pokémon rival. No hace que huya ni lo devuelve a la PokéBall de su entrenador, no. Al lanzarlo, la pantalla se queda en negro, se oye el grito característico del Pokémon objetivo y al volver a iluminarse, ya no está. La víctima, simplemente, ha dejado de existir. Ha sido aniquilado por la maldición. Una maldición que también podemos volcar, de tenerlo, sobre su entrenador. Así es, en Pokémon Black podíamos matar a nuestros adversarios, y la prueba era la lápida que aparecía en su lugar después del combate.



Tan siniestro como efectivo, Ghost era invencible. Nada se le podía resistir, y con ello el propietario del cartucho consiguió conquistar la Liga Pokémon y completar el juego a costar de dejar tras de sí un reguero de tumbas. Prácticamente todo bicho viviente con el que se cruzó dejó de existir, pero la cosa no iba a quedarse ahí. Cuando pensaba que ya no había nada más que hacer en el juego, un mensaje que rezaba “Muchos años después…” acompañado del extraño tema musical de Pueblo Lavanda le dio un leve escalofrío. El protagonista del juego ya no era un mocetón de gorra y mochila con ganas de vivir aventuras. Era un señor mayor ya entrado en años. Un señor que estaba solo. Completa y totalmente solo.

Sin ningún otro ser vivo a la vista, ni siquiera Ghost si es que se puede considerar como tal, nuestro protagonista regresa hasta su lugar natal, Pueblo Paleta. No es difícil, solo hay que andar, ya que no hay enemigos que salgan al paso. Cuando el que aparentemente es el último hombre vivo sobre el planeta, y más aún, el culpable de tal situación, comienza la pesadilla: de repente todos y cada uno de los Pokémon que hemos mandado a la muerte a manos de Ghost aparecen en la pantalla y se entra en un combate. El usuario lee el texto y sus ojos quedan como platos. “Ghost quiere luchar”.

El personaje, sin ningún tipo de Pokémon en su poder para defenderse, solo puede usar Combate, el movimiento que se emplea cuando se agotan los PP, pero que provoca que se dañe a sí mismo. Ghost, mientras tanto, se limita a mirar. Cuando los puntos de vida del entrenador se acaban, el usuario ve con horror como Ghost usa Maldición. La pantalla se va a negro y… la partida guardada se pierde. Se acabó. Ghost le ha asesinado.



De nuevo, otro creepypasta que circula por la red y que se aprovecha de la atmósfera tétrica y los elementos que el juego muestra en Pueblo Lavanda, donde lo cierto es que Pokémon pasa a tomar tintes un tanto delicados comparados con el resto del juego. Pokémon Black, al no ser una versión oficial, es un cartucho al que es difícil seguir la pista pero… sí que existen imágenes. ¿Se trata de un burdo fake? ¿Es real? Y si lo es, ¿qué clase de mente enferma concibe un juego así? Tranquilos, no tenéis que temer que el ataque Maldición de Ghost trascienda más allá de los confines de la consola. O eso esperamos.



Tails Doll

Dentro del turbio mundo de las leyendas urbanas de videojuegos, es muy probable que Tails Doll sea el personaje que brille con luz propia. No es solo una, sino varias las historias, a cual más delirante, que se cuentan sobre este personaje que, en teoría, se encuentra oculto en Sonic R y que, al igual que Metal Sonic y Metal Knuckles, sería una creación del Dr. Robotnik. Pero en el caso de Tails, el amable y modoso zorro de dos colas no tendría su reflejo elaborado de frío metal sino de hilo, algodón y felpa. Todo esto y además una curiosa antena en su cabeza rematada con un rubí.

Tails Doll puede ser desbloqueado en la pista Radikal City si obtenemos los cinco tokens repartidos en el recorrido y concluimos la carrera entre los tres primeros corredores. Con esto, el inquietante peluche pasa a estar disponible, siendo un personaje más a elegir. A partir de aquí, se dice que si se le gana a los personajes más rápidos del juego con este muñeco… bueno, digamos que pasan cosas extrañas. Las mismas que le ocurrirán a cualquiera lo bastante loco como para quedarse a oscuras escuchando al revés el tema Can You Feel The Sunshine? Una y otra, y otra, y otra vez hasta que los muros de la realidad y la cordura se derrumben. En ese momento, ante nosotros, Tails Doll aparecerá flotando de la nada y, clavando en nuestra mirada sus ojos inexpresivos, nos enseñará la luz roja de su antena. Será lo último que veamos antes de que se lleve nuestra alma.

Se dice que las víctimas de Tails Doll presentan los mismos indicios de un ataque epiléptico. Sin embargo, antes del fatídico final, se cree que la presencia del ser sumirá a su víctima en un estado de demencia que le hará tararear compulsivamente la citada canción. Hasta recibir el golpe final y quedar tendido en el suelo. Como un muñeco de trapo roto.

Y es justo lo que le pasó a un jugador.



El mejor amigo de la víctima se hacía llamar IRon7HuMB, y a sus manos fueron a parar las pertenencias del difunto, entre ellas una Sega Saturn con el Sonic R. Cuando este usuario cargó el juego vio que en la partida guardada se acababa de desbloquear a Tails Doll. Tras ver esto, IRon7HuMB corrió a publicar la historia en foros y advertir así a los jugadores. Sin embargo, de esta historia matriz surgieron otras que incluso llevaron más allá el asunto Tails Doll, estableciendo que en realidad el peluche estaba incluido en el juego como puerta de entrada a nuestro mundo de un demonio que, llegado el momento de cometer sus maldades, dejaría este mensaje: “Muchas gracias por vuestro miedo, y a Sega por resucitarme. A partir de ahora no tendré cuerpo, ya que yo soy Tails Doll”.

Y ahora el punto más delirante de toda esta historia: ¿Sabíais que Tails Doll está confinado en el juego gracias a un sello que puso Shigeru Miyamoto? Pero cuidado, el sello puede romperse si desbloqueamos a Super Sonic usando a Tails Doll en el modo Tag 4 Characters. Si queréis probarlo, pensáoslo dos veces, ya que como dice el último mensaje que nos mostrará el juego, “Sonic es propiedad de Sega, pero tu alma es propiedad de Tails Doll”.



Ben y Zelda: Majora’s Mask


The Legend of Zelda: Majora’s Mask es una de las compras que todo buen coleccionista de Nintendo 64 no puede dejar pasar. Pero hay que tener cuidado con lo que se compra… y a quién se compra. El usuario Jadusable lo aprendió a las malas cuando visitó varios mercadillos en su zona en los que los propios vecinos se deshacían de posesiones que ya no querían conservar en sus garajes. Así obtuvo un cartucho de Goldeneye, otro de Pokémon Stadium y un Majora’s Mask. Pero la compra de este último había sido muy extraña.

Para empezar, el juego venía sin etiqueta. Solo la palabra Majora escrita con rotulador sobre la propia carcasa, pero el dueño, un anciano de aspecto siniestro, dijo que se lo regalaba, que pertenecía a un muchacho que ya no vivía allí. Mientras Jadusable se disponía a volver a su casa satisfecho por su compra, hubiera jurado que el viejo se despedía de él diciéndole “Adiós, Ben”. Pero la extrañeza aumentó cuando puso el cartucho en la consola y descubrió una partida guardada designada con tres letras: BEN.

Jadusable hizo caso omiso y comenzó con su propia partida. Llamó a su personaje Link, como corresponde, y así se referían a él los personajes no jugadores. Al principio al menos. Tras un tiempo de juego, algunos personajes comenzaron a llamarle Ben. Será un bug, pensó Jadusable, y los datos de las partidas, de alguna manera, se han cruzado. Intentó aprovechar un glitch del juego que otorga un día extra de tiempo para completarlo y ahí fue donde todo empezó a torcerse. Diálogos que no debían estar ahí, la presencia de Skull Kid donde no tocaba… Jadusable acabó accediendo a una localización con un aspecto similar a Clock Town. Le recordaba a una versión distorsionada de esta, pero con varias particularidades. En primer lugar, no había nadie más. De fondo no paraba de oírse el tema Healing Song tocado al revés. Y encima de éste, el sonido de la risa del Happy Mask Salesman.



Jadusable vio con horror como una estatua de Link de extraña expresión facial le atacó, matando a su personaje. Tras un enigmático mensaje en la pantalla acerca de terminar con un destino trágico, su partida fue renombrada sin venir a cuento. “TE TOCA”, se llamaba ahora, y le trasladaba a la estancia donde se encontraba Skull Kid. Jadusable decidió dar por concluida su irreal partida de Majora’s Mask, pero la historia estaba lejos de acabar. Días después, durante una sesión de chat en el programa Cleverbot, el bot en cuestión le preguntó “cuanto tiempo hay que esperar hasta que vuelvas a ese juego”. A Jadusable se le vino el mundo encima cuando le preguntó al bot quién era. “Ben”.

La historia de Jadusable no tiene un final claro. Al parecer siguió jugando a Majora’s Mask, enfrentándose a Ben en pos de terminar el juego para, a continuación deshacerse de él. Nunca se supo si lo consiguió…



Killswitch

La siguiente leyenda urbana es fácilmente de las más extrañas que hayan circulado en el medio de los videojuegos, y eso que ya hemos visto alguna que va bien servida. Pero en lo que acontece a Killswitch ya no hablamos de entidades fantasmales atadas a un juego ni nada parecido. Bueno, quizá sí, quién sabe. Es complicado saberlo porque, veréis, la propia naturaleza de Killswitch es lo que lo hace merecedor de ser una de las mayores rarezas a la altura de todas las que estamos tratando.

Supuestamente, Killswitch es obra durante los años ochenta de un estudio soviético llamado Karvina Corporation, que lo desarrolla con una premisa tan original como, desde luego, poco rentable. Y es que solo 5.000 copias de Killswitch salieron al mercado. El problema es que el juego está pensado para ser una experiencia única, como la vida misma. Es decir, solo se puede experimentar una vez. Si morimos, el juego se borra por completo. Si lo completamos, el juego también se borra por completo. No hay posibilidad de sacar ninguna copia de seguridad. Killswitch es solo para nuestros ojos.

El juego, además, también tiene un argumento muy extraño. Lo poco que se conoce es que podemos elegir entre dos personajes, de los cuales uno es una mujer llamada Porto que se ve de repente en el interior de una mina de carbón sin tener muy claro cómo ha llegado allí. A través de una interfaz parecida a la de las aventuras gráficas, avanzamos investigando en la mina para averiguar qué es lo que ha pasado en realidad. Y no es muy agradable. Llegado el momento vemos cómo los inspectores a cargo de la producción minera torturan salvajemente a los trabajadores, cuyos espíritus quedan atrapados en los túneles. Pero no solo eso, al parecer algo más dormía en las profundidades de la Tierra. Los “fuegos de la tierra”, formas de energía desconocidas y, al parecer, de naturaleza demoníaca, toman posesión de la maquinaria presente y desatan una escabechina.



El otro personaje a elegir es precisamente una de estas energías, un tal Ghast, que posee la cualidad de ser invisible a todos los efectos. En otras palabras, no tiene sprite. Tanto Ghast como Porto cuentan también con una habilidad que entra en funcionamiento de manera aleatoria. Porto ve como su tamaño se altera, creciendo o encogiéndose cuando el juego lo estime oporturno sin ningún control. Ghast, en cambio, puede expulsar fuego.

Tan extraño juego es virtualmente inencontrable hoy en día, pero se dice que alguien lo consiguió. Se trata de Ryuichi Yamamoto, un coleccionista japonés que habría pagado la friolera de 733.000$ por este juego. Yamamoto tenía un plan: grabar un longplay en toda regla del juego y preservarlo así de esta manera para la posteridad. Pero las intenciones del japonés no salieron como era esperado. En su canal, dicen, solo apareció un vídeo, y no contenía jugabilidad de Killswitch. En su lugar, la pantalla de selección de personaje se mostraba ante un Yamamoto inmóvil, casi pétreo, que no hace mención de hacer ningún tipo de movimiento. Pero en su rostro se observa un detalle: está llorando.

¿Existió realmente este juego? Y si es así, ¿qué contenía? Parece que nunca lo sabremos.



La amenaza está en los arcades

Caramba, como si los salones recreativos no fueran ya una jungla de por sí, solo faltaría tener que preocuparse de morir por jugar a un juego. Pero es lo que hay si se topa con un mueble arcade del clásico Berzerk, un juego en el que nos enfrentamos a todo un ejército de robots mientras recorremos un escenario laberíntico. Berzerk no tiene nada de misterioso de por sí, es un juego que a día de hoy está reconocido como parte de la historia del videojuego. Lo que no se conoce tanto es que, de ser cierta esta leyenda urbana, es un juego manchado de sangre.

Así lo descubrió un desdichado jugador al que su habilidad para lograr la hazaña de conseguir la máxima puntuación le costó su último aliento. Dicho joven, ajeno a lo que se le venía encima grabó sus iniciales en la primera posición de la tabla de récords para acto seguido, y como si de la famosa libreta de la serie Death Note se tratase, caer redondo al suelo víctima de un ataque al corazón. Dicen las malas lenguas que no fue el único caso y que al menos otro jugador cayó también fulminado tras introducir sus iniciales en lo alto del panteón de la fama de Berzerk.

Pero la muerte no es el único destino que puede aguardar en un salón de máquinas recreativas. También nuestra voluntad corre serio peligro, y aquí es donde entra en juego otra de las grandes leyendas urbanas del videojuego. La máquina Polybius, de dudosa existencia pero con un buen número de jugadores que la respaldan jurando y perjurando que la han visto y probado, puede hacer que perdamos el control metiéndose en nuestra cabeza a través de sus gráficos tridimensionales combinados con unas luces estroboscópicas. De los testimonios de este presunto arcade se ha logrado recoger una serie de descripciones en base a las cuales se ha desarrollado una ROM que puede ejecutarse en emuladores y que es lo único que perdura del juego a día de hoy.



Varios usuarios han afirmado ver gente instalando en salones y bares estas máquinas, con un mueble tan negro como los trajes del personal que venía a retirar las monedas recaudadas en el cajetín con la precaución del que desactiva una bomba nuclear. De Polybius se dice que el extraño diseño de la máquina era la clave de su uso con el propósito de llevar a cabo experimentos de control mental por parte del gobierno de los Estados Unidos. Y nos quejábamos del macarra que nos robaba el dinero…



Lo oculto

Para terminar este recorrido de leyendas urbanas, la mayoría de ellas truculentas e inquietantes, pero es que así son los creepypastas, vamos a observar dos de ellas algo más amables en su concepto, por lo menos sin que hayan dado víctimas mortales. Una de ellas es otra de las grandes habladurías que se corre por los mentideros del sector, y al mismo tiempo quizá la que más divide al público a la hora de opinar si es realidad o ficción. E. T. El Extraterrestre, la película de moda en el año 1982, iba a ser llevada a la consola Atari 2600 para que fuese el bombazo de la campaña navideña. Solo había un problema, que no había tiempo material para hacer el juego. Eso no detuvo a Atari, que encargó el desarrollo al programador Howard Scott Warshaw en un plazo record.

Warshaw quería hacer un juego complejo, mientras que a Spielberg, director de la película le valía con un clon de Pac-Man. Esto llevó a un distanciamiento de pareceres que ya hacía presagiar el difícil futuro que le aguardaba a E. T. cuando saliera a la venta. Encima, los directivos habían programado fabricar más cartuchos que consolas había en circulación, un claro despropósito. Las carteras hablaron y finalmente E. T. fue un fiasco que a punto estuvo de quitar de la circulación a Atari.

Tiempo después, en 1983, una flota de camiones y excavadoras llegaron a la localidad de Álamo Gordo, en pleno desierto de Nuevo México, llevando consigo nueve contenedores sellados que procedieron a enterrar bajo la arena. Se especula con que su contenido no es otro que todos esos millones de cartuchos de Atari que no se vendieron y que esperan a que algún osado acuda pala en mano a sacarlos al exterior.



Videojuegos escondidos bajo un desierto, una idea ciertamente interesante. Pensándolo bien, lo escondido casa bastante bien con los juegos. Hoy en día es frecuente, casi hasta necesario, ver títulos que albergan contenidos secretos en su interior. Pero, a veces estos contenidos están soterrados en el código del propio juego sin que haya más rastro ya que los desarrolladores no implementaron ningún medio para recuperarlos. Se cuenta que algo de esto hay en uno de los juegos más famosos de la historia.

Todos sabemos a esta alturas lo que ocurre llegados a cierto punto en Final Fantasy VII. Por si acaso, sabed que vamos a soltar un spoiler. Si pertenecéis a la gran mayoría de jugadores que ya sabe de sobra que Aeris muere a manos de Sefirot en una de las secuencias más inesperadas de la saga, seguramente pasasteis un mal rato viendo como un personaje principal es aniquilado de buenas a primeras casi sin venir a cuento, y que todo esfuerzo por devolverla a la vida es inútil. ¿Todo?

Pues sí, todo, aunque en realidad Squaresoft había dejado una puerta abierta a la resurrección de Aeris. Solo que literalmente era todo lo contrario. Aunque según afirman ciertas fuentes que han hecho circular esta leyenda urbana la intención de la desarrolladora era permitir acceder a un final alternativo en el que Aeris volvía a la vida justo antes del combate final del juego, la puerta que da entrada al punto donde se desencadenaría este regreso permaneció sellada a cal y canto en la versión final del juego, presuntamente porque la parte de código necesaria para este acto se había dejado fuera. Aun así no son pocos los usuarios que juran y perjuran que realizando una serie de actos previos se puede acceder a esta habitación famosa y devolver la vida a Aeris. Sería muy bonito, pero hasta el momento nadie lo ha conseguido.



Hasta aquí el repaso a las leyendas urbanas y creepypastas del mundo del videojuego, un mundo que como véis, desata todo tipo de pasiones. Hasta venidas del más allá, si es que tomamos en serio alguna de estas leyendas que, como su nombre indica, es lo que son. Puras leyendas. Unas más que otras, eso sí, ya que al menos un par de ellas tienen cuanto menos el beneficio de la duda. En cualquier caso, ahí quedan unos cuantos juegos para jugar una noche de viernes 13 que haya luna llena frente a un espejo y repitiendo el nombre de Verónica tres veces. No tengáis miedo. Solo son juegos. ¿O no?

Juan Elías Fernández

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