Las siete etapas por las que pasas cuando te dejas un dineral en compras in-game

Las siete etapas por las que pasas cuando te dejas un dineral en compras in-game

Muchos no ven claro este modelo actual de microtransacciones para obtener nuevos elementos extra dentro de un juego. Total, si pagas por un juego supuestamente completo, lo suyo sería que esos elementos estuvieran ahí, es lo que dice esta línea de pensamiento. Sin embargo, a otros usuarios no les duele pagar algunos euros de más para recibir un espaldarazo que les ayude a salir del estancamiento, o a personalizar su juego de una forma única.

Cuidado, porque por ahí se empieza pero luego se acaba como Nathan Grayson, redactor de Kotaku, con la cabeza gacha en la barra de un bar y lamentando su mala cabeza en una columna de la que todos podemos aprender algo. Al menos, podemos distinguir las siete etapas por las que pasa un jugador cuando se deja un dineral en compras dentro de un juego. No te cobraremos por ninguna de ellas:

1. Determinación: ¿Para qué quieres esos contenidos que sólo son para que un personaje cambie de aspecto? Eso no te ayuda en nada. Solo necesitas tu habilidad para disfrutar del juego, ¿verdad? ¿Verdad?

2. Por una vez no pasa nada: Pero el caso es que esa apariencia para tu personaje favorito no tiene mala pinta, ¿verdad? Además, Grayson hace notar que el problema viene de alcanzar un cierto grado de empatía hacia el personaje, en su caso, con Pharah: “De repente me sorprendí queriendo darle cosas, y había una manera de hacerlo inmediatamente”.



3. Lo peor que podía pasar: Se empieza por personaje, pero es que luego viene otro, y otro, y otro… “Pronto empecé a manejar a otros además de Pharah. D.Va, Roadhog y Lucio se unieron a mi pequeña familia de asesinos. ¡También necesitaban skins! No queria convertirme en una especie de adicto, así que comprar una caja de vez en cuando para complementar las que había obtenido en el juego parecía algo adecuado”.

4. La bola de nieve crece: Como Grayson no ha tenido bastante con Overwatch, hace poco instaló el recién lanzado Fire Emblem: Heroes en su móvil. Y en él se pueden obtener orbes que desbloquean héroes, pero también se pueden comprar. Es más, cada héroe cuesta 5 orbes, pero si desbloqueas varios de una sentada su coste es menor.

“Obviamente, lo óptimo es obtener 20 orbes, canjear, aclarar y repetir. A veces, no obstante, no tengo tiempo para reunir tantos orbes en una sola sesión, pero aún así quiero experimentar el sublime subidón de ver un pequeño hombrecillo anime con grandes abdominales aparecer en mi mano”. Un caso que recuerda al del jugador que se gastó mil dólares en dicho título para tener a todos los personajes, y aún así no consiguió a todos.

5. Decepción: Y claro está, lo que tenía que acabar pasando a nuestro héroe, pasa: “La caja del botín resplandece. El orbe del héroe se agita, listo para romperse como un huevo puesto por el mismísimo Jesucristo. Me estremezco de emoción. Pero solo obtengo mierda. Cada vez”.



6. Culpa: “Cuando eso sucede, y sucede casi siempre, siento un torrente de emociones. El desfile de la vergüenza está liderado por esos dos temibles jinetes, Furia y Tristeza, junto a Decepción, Arrepentimiento y Bochorno cerrando la retaguardia. Por supuesto, tengo que encontrar a alguien a quien echar la culpa”.

¡Y ese alguien no puedes ser tú, está clarísimo! Han sido los videojuegos, que con sus cantos de sirena te han pervertido. La tele y los periódicos tenían razón, han oscurecido tu alma, nublado tu mente y vaciado tu cartera. Los videojuegos y solo los videojuegos hicieron de Nathan Grayson un comprador compulsivo.

Pero espera, ¿es eso lo que parece que es? “Un orbe de Fire Emblem me da un Corrin de cinco estrellas. Una caja de Overwatch me da una genial skin para D.Va. Puede que haya esperanza después de todo”. ¿Pero la hay, Nathan? ¿La hay?

7. Más decepción: “Da igual”. Ay, Nathan, Nathan…

¿Has pasado por estas etapas?

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