Los futuros que los videojuegos predicen

“¡Bienveniiiidos al mundo del mañaaaana!”, decía aquel enfermero de Futurama envolviéndose teatralmente en su bata. El mundo del mañana, ¿y qué tal será ese mundo? ¿Los adelantos científicos nos harán mejores? ¿La sociedad trascenderá hacia nuevas formas de pensamiento colectivo? No somos muy hábiles echando las cartas del tarot, nosotros más bien somos de mus, y la bola de cristal la tenemos en el taller para ver si le sintonizan Gol TV, de modo que hemos hecho lo que mejor sabemos: enchufar la tele o el monitor del ordenador y ver lo que nos deparará el porvenir según los videojuegos. Las conclusiones no son muy alegres, nos tememos. Vamos a presentaros varios posibles futuros distópicos que aguardan a la humanidad. ¿Listos para estar unos días sin conciliar el sueño?

 

 

Distopía 1: Holocausto nuclear

"-Madre, ¿crees que lanzarán la bomba?"

Los neutrones, esos pequeños briboncetes. Una parte fundamental en la estructura atómica y en la interacción entre los elementos, pero cuando se lanzan en tromba contra ciertos inquilinos radiactivos de la tabla periódica ya podemos correr, porque la furia del átomo es terrible. El holocausto nuclear es un miedo que nos desvela desde hace ya unas cuantas décadas, y como tal los videojuegos no han quedado ajenos a él. ¿Hay vida tras una explosión atómica? Al parecer sí, pero no es muy bonita si hacemos caso a ejemplos como la saga Fallout, en especial su tercera entrega. Ante un pepinazo nuclear de órdago, haríamos bien en ir reservándonos un huequecito en algún refugio en las entrañas de la tierra, aunque pueda que la sociedad se vuelva un tanto, digamos, susceptible por aquello de la extinción masiva, el estancamiento del progreso, la pérdida de valores, etc. Claro que siempre es mejor dentro que fuera. Los supervivientes de las ruinas que antaño fueran grandes ciudades no son precisamente amistosos ni están muy en sus cabales. Y para rematar, nuevas especies mutadas nos devorarían a la mínima ocasión.

Si no tenemos a mano uno de estos refugios blindados, siempre podemos buscar una boca de metro cercana. A los supervivientes de Metro 2033 les ayudó bastante durante 20 años, aunque nuevamente establecer una sociedad desde cero no es tarea fácil. Cada estación viene a ser como una región aparte que trata en vano de comunicar con otros asentamientos. Pero el verdadero problema son los letales y extraños seres que rondan por los túneles subterráneos, aunque ¿hasta qué punto están mejor las cosas fuera?

Sin irnos de la Europa del Este pero pasando a otra línea temporal, una realidad alternativa marcada por un segundo desastre en la zona de Chernobyl en 2006 preparaba el lienzo sobre el que se pintaría la fea situación de S.T.A.L.K.E.R. De nuevo avanzamos hasta un desapacible futuro cercano respecto a este punto de inflexión para comprobar que hay extraños sucesos en el área de la central y de Pripyat, su ciudad cercana, ahora totalmente desierta y pasto de la radiación. Un círculo denominado La Zona donde rondan criaturas de pesadilla fruto de la catástrofe. Poco recomendable salir a pasear sin un traje antirradiación. Corregimos, poco recomendable salir a pasear, en general.

Sociedades incipientes que se aguantan con alfileres, horribles seres mutados, la Tierra convertida en un páramo yermo… Menudo panorama, socios. Pues respirad hondo, porque acabamos de empezar.

 

 

Distopía 2: Capitalismo descontrolado y transhumanismo

"- Te arreglarán. Ellos lo arreglan todo."

Gracias a la ciencia ficción no nos cuesta demasiado imaginar un mundo hipertecnológico en el que los seres humanos han conseguido superar sus limitaciones. Miembros de aleaciones metálicas, componentes sintéticos y circuitos mezclados con músculo y nervios permiten sustituir un débil brazo de carne y hueso por un demoledor martillo pilón capaz de derribar paredes de un solo puñetazo. Todo esto, desde luego, no es gratuito. El cyberpunk, rama que explora este tipo de sociedad decadente y ultratecnificada, nos ha dejado varios y muy buenos exponentes en cine, literatura y videojuegos, pero el componente común a la mayoría de ellos son las megacorporaciones. Empresas cuyos gigantescos logotipos coronan las principales ciudades del globo y que son el auténtico poder fáctico que mueve todos los hilos. Corporaciones de seguridad, de medicina, de comunicaciones y hasta de comida rápida que se lanzan a la conquista del mundo, por las buenas o por las malas.

Quien controla los mercados lo controla todo. Es la doctrina que nos inculcaba Syndicate, un clásico de la estrategia en tiempo real que recientemente ha visto una reedición más acorde a los tiempos. Al mando de un equipo de agentes al servicio de una de estas corporaciones, y con las debidas mejoras y equipo cibernético, nos embarcábamos en diversas misiones, unas más hostiles que otras, pero siempre a favor de nuestros intereses, incluso aunque hubiese que rayar el terrorismo.

Un mundo que no se diferencia mucho del de Deus Ex: Human Revolution. Adam Jensen vió como buena parte de su cuerpo era reemplazado por aumentos, miembros cibernéticos que le conferían habilidades mejoradas que le ayudaban en su misión. De fondo, una guerra solapada entre grandes intereses económicos y políticos. El ambiente sombrío y los neones también nos evocan una gran superproducción de los ochenta, Blade Runner, que contó con una gran aventura gráfica para PC captando todo el espíritu de la película y el libro de Philip K. Dick en el que se basa.

Otro gran ejemplo de sociedad ultracapitalista está por llegar, aunque algunos lo conocemos por sus otros formatos. CD Projekt, responsables de los geniales juego de The Witcher, nos rescatarán la franquicia de rol Cyberpunk 2020, mundo que se basa en una orgía de acción, brutalidad, luces brillantes y superficies cromadas y que nos sumergirá en el campo de batalla entre varias de estas megacorporaciones. Ya sean los ninjas de Arasaka como los tanques humanos de Militech, o simplemente cualquier ciberpsicópata pirado con un lanzacohetes de hombro y malas pulgas, cualquiera puede asomar desde la esquina más cercana para desencadenar el caos.

Y ahora parémonos a pensar en la crisis económica actual y en el concepto de que quien controla las inversiones controla el mundo. ¿Habéis pensado ya qué implantes queréis?

 

 

Distopía 3: Inteligencia artificial desbocada

– "Oh, oh. Alguien ha cortado la tarta. Aún queda un poco si te das prisa"

Si realmente habéis considerado la idea de convertiros en un ser tecnificado, ahora os recomendamos pensároslo dos veces. Tanta tecnología podría acabar yéndosenos de los manos, sobre todo si los avances en Inteligencia Artificial alcanzan un punto crítico en el que las máquinas lleguen a tomar conciencia propia.

Este escenario tampoco es extraño para los jugones. Podemos remontarnos, por ejemplo a la aventura gráfica I Have No Mouth And I Must Scream, basada en un relato corto de Richard Matheson y que nos mostraba a AM, un terrorífico programa de ordenador que había alcanzado la omnipotencia hasta el punto de llegar a convertirse en un dios. Una condición que le permitía disfrutar torturando a los sufridos científicos que retenía para su venganza y a los que sometía a un auténtico calvario.

No menos sádica es GlaDOS, la inteligencia artificial que sirve como antagonista en Portal y que en nombre de la ciencia no se corta en considerar al común de los mortales como un mero sujeto de pruebas de los experimentos de Aperture Science. Ni siquiera el llevar más de un siglo de inactividad en su segunda entrega parece templar sus ánimos, con lo que la paciencia no parecería ser una buena arma para el bando de los humanos, de emerger esta inteligencia en el mundo real.

Pero antes que GlaDOS estuvo SHODAN, la IA antagonista de System Shock 2. A cargo de una estación espacial minera entera, SHODAN fue desposeída de toda moralidad al ser hackeada, resultando en el exterminio de gran parte de los habitantes, siendo convertidos en ciborgs o mutados, y la toma del control de dicha estación. SHODAN fue una de las primeras, si no la primera, inteligencia artificial realmente aterradora y el doblaje de Terri Brosius contribuyó en buena medida a ello. Ahora podemos imaginarnos cómo serían las cosas si uno de estos programas escapara a nuestro control. Y temblar muy fuerte.

 

 

Distopía 4: Invasión alienígena

"- ¡Están entre nosotros! ¡Nos escuchan a través de los empastes!"

Hay fuerzas que el hombre no debería desencadenar. Fuerzas que, o bien acuden atraídas por nuestro estado evolutivo o bien son liberadas por experimentos que no salen como estaba previsto. Es el caso de Half-Life, cuyo detonante en su primera entrega nos mostró en Half-Life 2 un mundo que sufre el acoso de unas criaturas surgidas del mismísimo infierno. Una tormenta de portales que sacude el mundo trayendo seres de pesadilla y que nos recuerda a esas profecías delirantes sobre el CERN y el Gran Acelerador de Hadrones. ¿Disparates? Sí, claro, quizá…

La Tierra haría bien en tener una línea de defensa ante los visitantes no deseados. Un cuerpo como los XCOM, los soldados de élite entrenados para interceptar y capturar a los invasores alienígenas tal y como vimos en su juego de 1994 y volveremos a ver en el remake de este. OVNI’s tripulados por extraterrestres con terribles poderes y extrañas armas desencadenan el terror por el globo sin que los ciudadanos de a pie podamos hacer más que rezar y confiar en que las tropas de los XCOM estén tan bien entrenadas como parece.

Claro, que si las cosas se pusieran realmente feas podríamos contar con el nanotraje de Crysis 2 para evitar la extinción de la raza humana a cargo de los invasores alienígenas. Eso sí, el marine protagonista del juego, al que conocíamos como Alcatraz, sudaba la gota gorda dentro del traje para hacer frente al invasor. ¿Lo contaríamos nosotros? Por si acaso, no dejéis de vigilar los cielos

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Estas son solo algunas de las posibilidades que los videojuegos nos vaticinan para el futuro. Se nos quedan otras en el tintero, como los manidos meteoritos exterminadores que nos la podrían liar parda como en RAGE, pero no queremos traumatizaros demasiado. Como veis, la cosa está negra, muy negra. Por suerte son solo eso, posibilidades de ficción, aunque en el fondo siempre queda esa ligera inquietud. ¿Y si dentro de tres meses nos despertamos con un platillo volante de kilómetros de diámetro sobre nuestras cabezas? Por si acaso, será mejor seguir jugando para estar prevenidos, no sea que algún día nos toque repoblar la especie humana.

Juan Elías, colaborador de AlfaBetaJuega

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