Los jefes más numerosos de los videojuegos

Los jefes más numerosos de los videojuegos

Los jefes o bosses de los videojuegos son tan antiguos como la propia industria del ocio electrónico. A fin de ponernos en la tesitura de un desafío complejo, los desarrolladores de videojuegos siempre han optado por enfrentarnos a enemigos mucho más poderosos que todos los que nos hemos topado con anterioridad en la obra en cuestión. Sin embargo, en ocasiones no se trata de enemigos enormes o poderosos, sino de muchos de ellos.

Es precisamente por ello que hoy hemos querido realizar un artículo en el que te acercamos una lista con una selección de jefes de videojuegos que destacaban por ser muy numerosos o multitudinarios. Puede que algunos de ellos también fueran difíciles, pero lo que los hacía diferentes era que nos atacaban entre muchos individuos. Sin más dilación te dejamos con nuestras propuestas y esperamos a que nos comentes las tuyas.

Diáconos de la oscuridad (Dark Souls 3)

En la Catedral de la Oscuridad de Dark Souls 3 encontrábamos a uno de los jefes más fáciles de todo el juego, pero también el más numeroso. Los Diáconos de la oscuridad atacaban en grupo de forma muy parsimoniosa y protegían al único individuo al que, atacándole, restábamos vida al boss. No fue muy costoso, pero entrar en la sala y ver esa ingente cantidad de enemigos infundía mucho respeto de entrada.

Batalla final (BioShock Infinite)

La tercera entrega de la saga BioShock no tiene un jefe al uso, sino que se trata de una fase final en la que utilizamos a Songbird para destrozar los buques de guerra del profeta mientras defendemos un núcleo de energía de los ataques de soldados e incluso patriotas motorizados. Nos ataca todo el mundo y lo hacen por todas partes, por lo que podemos definir esta batalla final, sin duda alguna, como un jefe multitudinario.

Rom, la Araña Vacua (Bloodborne)

From Software tiene fijación por ponernos ante jefes numerosos y Bloodborne no fue una excepción. El más llamativo y desagradable fue Rom, la Araña Vacua. Y es que esta gigantesca araña a la que debíamos debilitar estaba completamente rodeada de pequeñas arañas (por llamarlas de alguna forma) no menos molestas y dañinas. Este sí es un boss con su intríngulis, por lo que harás bien en no menospreciarlo.

Bohan (Heavenly Sword)

La batalla final contra Bohan procedía de una anterior en la que Nariko podía eliminar fácilmente a centenares de enemigos en unos pocos segundos. Mientras el villano del juego nos daba toda la cera que podía, otros “enemigos rasos” seguían haciendo acto de presencia en la zona y dificultándonos todavía más el combate, por lo que Bohan no era el único impedimento para lograr terminar el juego de Ninja Theory.

Al Mualim (Assassin’s Creed)

No era hasta el final del primer Assassin’s Creed cuando descubríamos el verdadero poder del Fruto del Edén. Al Mualim, nuestro líder, había controlado las mentes de los ciudadanos de Masyaf, pero no podía con la de Altaïr. Era un anciano habilidoso en combate, pero sabía que no podía con su discípulo, de modo que invocó a todos los jefes a los que habíamos ido asesinando a lo largo de la aventura. Todos a la vez.

Vigilantes del abismo (Dark Souls 3)

Ya hemos comentado que los Diáconos de la oscuridad eran el boss más multitudinario de Dark Souls 3, pero no podemos olvidarnos de los Vigilantes del abismo. Son muchos menos, pero son más peligrosos. El rasgo distintivo de este jefe es que algunos de los Vigilantes se pegan entre sí, facilitándonos la primera parte del combate. Se trata, además, de una de las batallas contra jefes más espectaculares y emotivas del juego.

Fase del hospital (The Last of Us)

Como ocurría antes con BioShock Infinite, The Last of Us no tenía un jefe final al uso. Se trataba de toda una fase en la que todo estaba en nuestra contra. Joel, en busca de Ellie, debía enfrentarse a todos los Luciérnagas que quedaban en el hospital, que no eran pocos. Siempre recordaremos ese pasillo final en dificultad Realista en el que dos tiros acaban contigo y en el que la muerte significa repetir los últimos treinta minutos.

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