Los Juegos del Hambre: Sinsajo (Parte 1): ¡Ya la hemos visto!

Ya llegó una de las películas más esperadas de lo que queda de año, junto a El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos, donde ambas comparten tanto ser adaptaciones de exitosas sagas literarias como también ser el fruto de la inevitable moda de dividir los libros para alargar su éxito, aunque eso repercuta en la calidad del film o en su rigor respecto al relato del que se nutre. De esta forma, Francis Lawrence (Soy leyenda) dedica dos horas a plantear una introducción de cara a la batalla final, que tendremos que esperar hasta noviembre de 2015 para resolver.

La trama arranca inmediatamente después de los acontecimientos acaecidos en Los juegos del hambre: En llamas, donde vemos a una Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) aún traumatizada por su participación en el Vasallaje de los 25, y que reprocha a los rebeldes el no haber rescatado a Peeta y haberle dejado a merced del Capitolio. Así pues, Katniss accederá a ser el sinsajo, y actuar como reclamo para que todos los distritos se unan en la lucha de los rebeldes contra el Capitolio. Pero el plan tendrá sus contratiempos, y Katniss deberá superar muchas pruebas emocionales para poder obtener la victoria.

La película arranca a un ritmo angustiantemente lento, del cual a duras penas consigue salir de su autoimpuesto letargo y mostrar algunas vibrantes escenas de acción. Por ello, el director nos ofrece la entrega más pausada y emocional, que busca afianzar pasito a pasito el camino para preparar una segunda parte que promete ser una batalla plena de principio a fin.

Debido a esto, Francis Lawrence se apoya en unos personajes destrozados emocionalmente, que buscan ubicarse en un nuevo mundo que están forjando, mientras pretenden emerger de las cenizas del antiguo. Así pues, nos encontramos con la lucha de dos personajes totalmente opuestos, donde por un lado, Katniss significa la esperanza, la llama que aviva las ganas de luchar, siendo una criatura emocional que no se puede domar, y que realiza sus mejores acciones cuando le salen de forma espontánea.



Por otro lado, nos encontramos con el presidente Snow, un ser mezquino y retorcido, de mente brillante y fría que no sólo calcula el próximo paso, sino las tres siguiente jugadas del enemigo. Con él no se puede negociar, y jamás aflojará su puño de hierro. Así pues, nos encontramos con diversos personajes que se sitúan a ambos lados, inclinándose la balanza de los protagonistas en favor de los que apoyan a Katniss, lógicamente, que se rodea de una serie de personajes secundarios que aportan los mejores momentos de una trama taciturna que suspendería estrepitosamente si se tratase de una película individualizada.

Por ello, y debido a que se trata de una primera parte que promete una espectacular traca final en su parte final, hay que ser benevolentes y esperar que las presentaciones y las escenas excesivamente ralentizadas de este parte sirvan de trampolín para una saga que se está acostumbrando a prometer más de lo que ofrece finalmente, y que siempre cierra sus películas cuando el espectador piensa que de verdad va a empezar lo verdaderamente bueno.

Por ello, en relación a los personajes, nos encontramos con los encarnados por Elizabeth Banks (Effie) y Woody Harrelson (Haymitch), que despiertan la parte cómica de una entrega muy oscura y macilenta, mientras que personajes como la presidenta Coin (Julianne Moore) y Plutarch (el malogrado Philip Seymour Hoffman) arrojan algo de rigor y templanza en una entrega demasiado pausada, donde las escenas de acción se cuentan con los dedos de la mano, pero que destila los suficientes momentos apasionantes como para confiar en este germen de la rebelión, aunque sus dos horas de duración sean excesivamente desproporcionadas. Por su parte, Jennifer Lawrence ofrece una versión más tridimensional de Katniss, en su encarnación del personaje literario con más matices interpretativos.



Por todo ello, nos encontramos ante otro claro ejemplo como el sufrido con Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte 1, puesto que tanto la primera parte del mago como la primera parte del sinsajo adolecen de los mismos defectos, donde encallan en los mismos errores y son fruto del deseo de explotar un libro dividiéndolo innecesariamente en dos partes.

Al igual que ocurriera con Harry Potter y su espectacular desenlace final, puede que este sinsajo acabe volando alto y su estela se deje ver y se recuerde durante mucho tiempo. Pero de momento el sinsajo no vuela, sino que está cabizbajo, envuelto en un halo de desesperación y dolor que contagia a un espectador que no espera este tsunami emocional, que se agranda aún más con cada escena en la que aparece Peeta en pantalla, siendo un jarro de agua fría para Katniss y un golpe emocional para unos espectadores que se sobrecogerán con la entrega más floja en su conjunto, pero más rica en el desarrollo de los personajes y la evolución de algunos de ellos. 

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