Los niveles más difíciles de los videojuegos

Los niveles más difíciles de los videojuegos

La imaginación es poder, y a veces puede ser un poder tremendamente maquiavélico y cruel. Solo hay que echar un vistazo a los videojuegos. Es cierto que muchos derrochan una imaginación desbordante por sus mecánicas, sus diseños, sus personajes o incluso su historia; pero otros vuelcan todo ese derroche imaginativo en complicarnos las cosas o, como se suele decir, en hacernos la puñeta.

Pensad por un momento en esos títulos que os sacaron de quicio, en aquel nivel que parecía fruto de una mente perfecta para ser villano de película. Seguro que os viene a la cabeza más de una ocasión en la que estuvisteis a punto de arrojar el mando por el balcón y dedicaros a la papiroflexia o los sudokus.

Y ahí es donde queremos llegar con este texto. Nosotros también lo hemos pasado muy mal con los mandos en alguna que otra ocasión, y queremos compartir con todos vosotros aquellos niveles que realmente nos sacaron de nuestras casillas, aquellas fases que tienen el honorable, o deshonroso, título de ser los niveles más difíciles de los videojuegos.

 

Templo del Agua – The Legend of Zelda: Ocarina of Time

Zelda: Ocarina of Time está repleto de mazmorras y, en consecuencia, de puzles. Sin embargo, lo del temido Templo del Agua es, valga la redundancia, agua de otro cántaro. Te obliga a jugar con los niveles del líquido, visitar una y otra vez sus diferentes cámaras para hacer que la altura sea la adecuada y llegar a los sitios nadando con Link; también a sacar partido de las botas de hierro y, entre medias, te cuela un combate de los más memorables de la saga. Una joyita hecha templo.

 

Máquina Voladora – Shovel Knight

Gracias a este nivel todos aprendimos a dominar el salto con la pala y medir cada movimiento. La Máquina Voladora te expone constantemente a las caídas al vacío y, para rematar, añade enemigos que no dejan de aparecer y perseguirte junto con un viento que te puede jugar muy malas pasadas. Si no dominabas al caballero de la pala, este nivel hará que, prácticamente, os fusionéis.

 

Tubular – Super Mario World

Tubular era un castigo, sin paños calientes. Uno de los niveles más escondidos y desafiante de Super Mario World, en el que tenías que esquivar obstáculos mientras cogías globos para inflar al por entonces fontanero. El problema aquí es que cualquier impacto, por mínimo que sea, suponía perder ese estado de levitación y caer al vacío. Un error era igual a una vida menos. Ecuación sencilla y dolorosa.

 

Ciudad Infestada – Dark Souls

Dark Souls es un videojuego que, ya de por sí, grita dificultad por todos y cada uno de sus poros. Ciudad Infestada es una de esas localizaciones que quedan marcadas en la memoria del jugador. Sube por el campanario mientras esquivas proyectiles la mar de certeros y, después, baja hasta llegar al valle. Mientras tanto, ten cuidado con las caídas y los enemigos que no perdonan ni un paso en falso. La combinación ideal para dejarte los pulmones.

 

Aztec – Goldeneye 007

Un nivel injusto lo mires por donde lo mires. A los desarrolladores no les parecía suficiente con rellenar el escenario con enemigos que hacen muchísimo daño al bueno de Bond. Para rizar el rizo, metieron unas alarmas que no dejaban de sonar y de atraer a más y más oleadas de rivales dispuestos a complicarte la vida incluso en la dificultad más baja. Y lo peor es que, si mueres, toca empezar de nuevo.

 

Turbo Tunnel – Battletoads

Hablar del famoso «nivel de las motos» del Battletoads de NES es hablar de una leyenda a la que pocos han logrado enfrentarse sin perder años de vida. Una velocidad endiablada a la que mezclar saltos medidos al milímetro y obstáculos que aparecen cuando menos te lo esperas. Los que lograron hacer acopio de paciencia para superarlo tuvieron que acabar memorizando el patrón completo del nivel para lograr su objetivo. Los que no, simplemente recordaron a toda la familia de los programadores.

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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