Los Poochies del videojuego: Personajes chulescos que acabaron en el olvido

Amigos lectores, ¿os acordáis de Poochie? Seguro que sí, porque al fin y al cabo, ¿quién queda que no haya visto las primeras ocho temporadas de Los Simpson hoy en día? Pues en uno de sus episodios se incorporaba al show de Rasca y Pica el personaje de Poochie, un perro enrollado, radical, con gafas de sol y con esa actitud tan pasota propia de los noventa. Sí, Poochie era insufrible. Hasta que tuvo que regresar a su planeta y… bueno, dejémoslo en que ni llegó ni volvió jamás salvo para hacer un cameo en un episodio de Halloween.

¿Y a qué viene sacar a colación a este perro tan presuntamente auténtico y en la onda, como diría un carroza, veinte años después? Pues viene a que el caso de Poochie no es extraño dentro de los videojuegos. Ha habido algún que otro personaje que llegó dispuesto a comerse el mundo con su pose chulesca, sus guiños de ojo y (opcional) sus gafas de sol y/o su monopatín y del que se perdió todo rastro hace años. Celebremos los veinte años sin Poochie con un repaso a algunos personajes de videojuego con los que perfectamente se podría haber ido de cañas. La suerte que tenemos es que, al menos, varios de ellos dieron muy buenos juegos y, dentro de lo que cabe, no inspiraban tanta rabia. Pero tampoco mucha menos…

Así pues empezamos nuestra retrospectiva de varios Poochies de videojuego con:

 



Bubsy The Bobcat

Los que no tuvieseis el gusto de conocer a Bubsy, solo os diremos una cosa: estamos ante el emperador Poochie de los personajes de videojuego. Bubsy es todo lo que es el perro animado y hasta más. Es frecuente verlo en la pantalla poniendo su pose característica y lanzándonos una mirada canalla, a veces hasta le oímos decir “¿Qué podría salir mal?” en una aguda voz digitalizada. Bueno, a juzgar por las muchas animaciones de muerte de las que disponía el personaje, muchas cosas. Todo, prácticamente. Y es que para ser un héroe tan “echao p’adelante” Bubsy es terriblemente vulnerable a casi todo lo que existe, aun disponiendo de las 9 vidas de rigor por ser un gato en nivel normal, y hasta de 80 en modo fácil. Ja ja. La misión de Bubsy: recuperar todos los ovillos de lana de la Tierra, robados por una raza alienígena con el único motivo aparente de chincharle.

El juego en sí mismo, de título Bubsy in: Claws Encounters of the Furred Kind (ja ja otra vez) y publicado originalmente para Super Nintendo y Mega Drive, no es gran cosa para ser sinceros. No desde luego como para engendrar una saga que llevase al gato al Olimpo de los personajes carismáticos, como al parecer era el propósito de Accolade, un poco cogida de la mano con el Aero The Acro-Bat, de Sunsoft, otro de los “animales con actitud” que proliferaron en la época. Pero la referencia más obvia es Sonic, de cuya franquicia intenta tomar la mecánica para quedarse en otro intento de los muchos que hubo de clonar el éxito del erizo de Sega que no llega por años luz de distancia. Por desgracia para él, Bubsy no molaba tanto como él mismo se creía.

Pero esto no fue obstáculo para que el gato intentase explotar una popularidad que en realidad no tenía, y que mucho menos le daba para extender cheques como una serie de televisión de efímero paso. En buena parte porque era horrible, pero horrible de verdad a todos los niveles imaginables. Y sin embargo, de la serie salieron varios personajes que pasaron a tomar protagonismo en Bubsy 2, en concreto sus dos sobrinos y un armadillo. Si la primera parte no terminó de convencer del todo, la segunda es que no llegó ni a cuajar, pero Accolade no había cogido la indirecta y por eso tenía ya lanzado Bubsy in: Fractured Furry Tales para la defenestrada consola Jaguar y en preparación Bubsy 3D: Furbitten Planet para PlayStation. Y ahí sí, tras un control capaz de inspirar torturas chinas, unos gráficos dignos de parvulario, una cámara lamentable y, en definitiva, un juego simple y llanamente terrible, Bubsy tuvo que regresar a su planeta… perdón, queríamos decir que fue confinado al más profundo pozo del olvido. 



Gex

Nada dice “Poochie” como un lagarto con gafas de sol mirándonos socarronamente por encima de éstas. Gex fue la mascota durante unos años de la compañía Crystal Dynamics, desarrolladora que fue posteriormente adquirida por Eidos y que, en la actualidad, es un subsello de Square Enix. El por qué en Crystal Dynamics se inclinaron por un lagarto adicto a la telebasura es algo que solo ellos saben, pero el caso es que Gex, al menos, tiene un trasfondo. Mientras su padre trabajaba para la NASA, Gex vivía la vida con sus amigos tocando el ukelele en Maui, cabalgando las olas con su tabla de surf y siendo, en definitiva, guay. Pero cuando un trágico accidente durante el lanzamiento de un cohete deja a Gex huérfano de padre, encuentra refugio en la televisión. Tan es así que durante una de sus maratones, un brazo sale de la pantalla del aparato para agarrarlo del pescuezo e introducirlo en la Dimensión de los Medios, desde donde se traza un malvado plan de conquista.

La principal diferencia con Bubsy es que Gex, juego originalmente programado para la consola 3DO y posteriormente lanzado en PlayStation, Saturn y PC, sí mostraba un cierto saber hacer en su diseño y desarrollo. De nuevo, no es un juego que marque época, es más bien un título de plataformas con vista lateral al estilo de toda la vida, solo que con personajes renderizados, animaciones bastante buenas y una cierta variedad de acción en cuanto a lo que Gex puede hacer, ya que como buen lagarto es capaz de trepar por las paredes, pero también podrá rebotar sobre su cola o usar los diferentes potenciadores que encuentre.

Gex seguiría paseando su actitud (y viendo la tele) en Gex: Enter The Gecko, ya dando el salto a las 3D, y en Gex 3: Deep Covert Gecko. Y desde ahí se le perdió el rastro, salvo por un par de ports para Game Boy Color. Se sospecha que a día de hoy sigue en algún sótano de Crystal Dynamics haciendo zapping por los siglos de los siglos.

 

Radical Rex

¡Hey, esta mascota sí que debe molar lo suyo! Lleva la palabra “radical” en el título, y eso es muy radical. Además, los dinosaurios dominaban el mundo hace millones de años, así que parafraseando a Bubsy, ¿qué puede salir mal? Ah, las famosas últimas palabras… Os presentamos a Rex, el tiranosaurio más guay y molón que jamáis hayáis conocido. Rex puede lanzar una llamarada de fuego por su boca, algo de lo que los tiranosaurios de verdad no podían presumir, y además, ya nos lo dicen las instrucciones, es demasiado enrollado como para extinguirse. Captaís el sutil aroma a Poochie, ¿verdad? Por si acaso, Rex nos saca de dudas tan pronto como se hace con el primer monopatín que encuentra en el juego y empieza a rodar por cuestas y semiloops. Radical, si ya lo dice la palabra.

De modo que Activision, a través de Beam Software, nos ofreció un juego para Super Nintendo, Mega Drive y Mega CD protagonizado por un dinosaurio patinador capaz de echar fuego por la boca, propinar patadas voladoras y, previo rellenado de la pertinente barra, soltar un grito capaz de sacudir los alrededores. Realmente la prehistoria era muy marchosa y molona, ya que no solo los tiranosaurios pueden patinar (aunque suponemos que para ello hay que ser tan radical como Radical Rex) sino que entre el resto de dinosaurios también los hay que poseen alguna habilidad similar.

De nuevo estamos ante otro “Sonic wannabe” que no llega a alcanzar su meta, pero al menos sí que ofrece un nivel técnico interesante. Radical Rex cuenta con buenas animaciones en los sistemas de 16 bits y la verdad es que resulta gracioso, hasta simpático incluso. Pero, una vez más, no estamos ante una obra maestra y sí ante otra mascota que hizo como sus congéneres y acabó extinguiéndose. No está entre lo peor, pero tampoco está entre lo mejor. Quizá con unas gafas de sol…



Kid Chameleon

Dejamos el ámbito de los animales con actitud para hacernos eco del primer Poochie humano de videojuego. Pero en su descargo hay que decir que posiblemente su juego cuente con más admiradores que todos los que hemos nombrado hasta ahora. En Kid Chameleon se nos hablaba acerca de una nueva recreativa que llegaba a los salones del barrio, una recreativa que permitía, mediante la proyección de hologramas, entrar dentro de ella. Pero la lógica dice que si se puede entrar se puede salir, de modo que el propio jefe final del juego cobra consciencia propia y empieza a capturar incautos chavales dispuestos a gastarse la paga semanal en la máquina. Salvo a alguien demasiado duro como para ser derrotado. Con chupa de cuero, gafas de sol y peinado hacia atrás llegaba a Mega Drive Kid Chameleon.

El solo concepto de un juego protagonizado por un chulito de salones recreativos ya tiene su buen grado de genialidad, pero si comentábamos que había no pocos juegos que intentaban imitar la fórmula de Sonic, Sega tampoco se privó de mirar hacia su competidor directo. Kid Chameleon podría, salvando las distancias, considerarse como el Super Mario Bros. 3 de Mega Drive, y eso está muy bien. No solo la jugabilidad es casi calcada del juego de Nintendo, aunque no así el diseño de niveles, sino que además Kid Chameleon recibe su apodo porque al romper ciertos bloques podía obtener cascos que le proporcionasen un nuevo disfraz y con él una cantidad variable de puntos de vida según el modelo y alguna habilidad especial.

Kid Chameleon es uno de los casos de juego con Poochie mejor parados. Porque, admitámoslo, el juego puede traer muy buenos recuerdos pero, amigos, Kid Chameleon es un Poochie de manual. No de los que patinan mientran lucen sonrisa o tienen un “tío” y un “mola” para todo, pero sí del tipo de Poochie callado y enigmático, un verdadero chulo que castiga. Tampoco se ha librado del ostracismo, aunque Sega lo ha recuperado alguna vez para publicarlo en formato digital.

 



Poochies corporativos

Vamos a cerrar el recorrido por los Poochies de videojuego con tres casos directamente salidos del mundo de las grandes marcas comerciales. Dos marcas, para ser exactos, que posiblemente estéis degustando en los momentos en que leáis estas líneas. Y es que si hay terreno especialmente abonado para la proliferación de Poochies es en el ámbito de la alimentación. Mascotas de cereales o de productos de bollería industrial, de comida basura o de refrescos que, curiosamente, han dado el salto a los videojuegos. Diremos más, una de estas marcas llevó a cabo esta práctica por partida doble.

Se trata de Seven Up, el refresco de PepsiCo con sabor a lima limón que contaba con el superenrollado monigote Fido Dido para decirnos lo guay que era él por beber Seven Up, así que en virtud de la teoría de los vasos comunicantes, si bebías Seven Up ya tenías autoridad para ponerte unas gafas de sol y chasquear los dedos apoyado contra una pared con una mano en un bolsillo. Por si alguien no era muy amigo de ver la tele, Fido Dido planeaba dejarse caer en un videojuego para Mega Drive, una vez perteneciente al género de las plataformas.

Sin embargo, al parecer este juego no llegó jamás a ver la luz. Y no es complicado figurarse por qué. Además del nulo carisma de su personaje protagonista, su jugabilidad es enormemente genérica, conviertiendo a Fido Dido, el videojuego, en el equivalente jugable de una cuartilla en blanco. Por si fuera poco, aunque el personaje podía chasquear los dedos para abrir puertas y dibujar bloques de la nada para poder usarlos como plataformas, no disponía de ningún medio de ataque a pesar de que los niveles estaban poblados de enemigos. Para redondear las cosas había en mitad de ellos fases de bonus tan sumamente absurdas como una sucesión de tres minijuegos consistentes en aguantar a lomos de un caballo en un rodeo para obtener patatas (¿?), a continuación usar esas patatas como munición de escopeta para practicar el tiro al blanco con botellas y ganar dólares (¿¿??) y, por último, jugarnos esos cuartos recién ganados en un casino apostando al Blackjack contra el propio Fido Dido. Todo ello de seguido y en mitad del juego. Sobran los comentarios.



Lo que Fido Dido no consiguió antes de ser definitivamente retirado de sus labores publicitarias lo tuvo en la mano la otra mascota de Seven Up. Spot es el punto rojo que aparece en su etiqueta y se nos presenta como si fuera una fichita con zapatos, guantes y gafas de sol, siempre dispuesta a mostrarnos lo que el cristalino refresco puede hacer por nuestros resecos y acalorados gaznates. Y como Fido Dido, tiene una extraña compulsión por chasquear los dedos. Pero a diferencia de él ha aparecido en nada menos que cuatro juegos luciendo su chulesco palmito.

El inicio de la andadura de Spot en los videojuegos se produce en la época de los ocho bits con Spot: The Video Game, un juego que llevaba a la ficha no a saltar por plataformas como era de esperar sino a cumplir una función más acorde con su naturaleza: servir como ficha en este clon del Reversi. Como los juegos de mesa no son demasiado radicales, Spot vuelve más tarde en Spot: The Cool Adventure, donde se da un caso muy curioso. Virgin Games poseía no solo los derechos para hacer videojuegos basados en la mascota de Seven Up… ¡sino también los de McDonald’s! Una pareja hecha en el cielo porque, ¿a quién le amarga un McMenú con un Seven Up bien fresquito? Pues Virgin optó por tomar su cartucho para Game Boy llamado McDonaldland, quitar de en medio a sus personajes (los Global Gladiators) y meter a Spot en su lugar.

En los dieciséis bits es donde llegaría el primer juego realmente original del punto rojo. Se titulaba Cool Spot y lo recordaréis entre otras cosas de haber aparecido en el vídeo promocional Top Secret que dio la revista Hobby Consolas en uno de sus números. Cool Spot se adhiere a la costumbre de hacer un presunto Sonic recorriendo varios niveles con objetos cotidianos recreados a escala para resaltar la pequeña estatura de su protagonista en pos de liberar a sus congéneres retenidos en jaulas. El resultado, esta vez, sí que es bastante bueno y goza de cierto éxito, lo que hace que aparezca una secuela, Spot Goes To Hollywood, en perspectiva isométrica y menos propenso a la velocidad de su antecesor. Su carrera en los videojuegos, sin embargo, se cortó de raíz.



Nuestro último Poochie proviene también de la industria alimenticia. Chester Cheetah, la mascota de los aperitivos de queso Cheetos, se pasó por Super Nintendo y Mega Drive en dos juegos titulados Chester Cheetah: Too Cool To Fool, título que dice absolutamente todo ("Demasiado guay para engañarle"), y Chester Cheetah: Wild Wild Quest. Dos juegos que solo salieron en Estados Unidos y que nos ponen al chulesco felino Chester a buscar sus adoradísimos Cheetos mientras ejerce de personaje corporativo, aunque de vez en cuando y previa recogida de cierto ítem también se marca un solo de guitarra eléctrica a modo de movimiento especial. Más radical que eso, poco.



Amados por unos, odiados por otros, estos sosías de Poochie en el mundo de los píxeles también tuvieron su fama efímera antes de convertirse en juguetes rotos. ¿Culpa suya o fue el mundo quien les hizo así? Quizá nunca estuvimos preparados para los años noventa. Aunque ya que dicen que todo vuelve y está comprobado que los revivals de las modas son cíclicos, ¿llegaremos a ver en la nueva generación de consolas el advenimiento de algún nuevo Poochie? ¿Alguna nueva mascota de grandes ojos, gafas de sol, zapatillas deportivas, habilidad para el surf y el patinaje y propensión a chasquear los dedos? Si es así, esperamos que tomen nota de experiencias pasadas. 

Juan Elías Fernández

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