PainStation, la consola para jugar y sufrir dolor

Pong fue uno de los pioneros del videojuego, de hecho se le considera (aunque erróneamente) el primer videojuego de la historia. Creado por los fundadores de Atari, su premisa consiste en intentar anotar puntos colando una pelota tras el rival. Representado con dos simples líneas y un recuadro que hacía de esférico, fue de los primeros en conseguir enganchar a las personas frente al televisor con el único afán de ganar pulsando manivelas y/o botones.

La fórmula ha evolucionado y se ha diversificado de una forma bestial desde aquel lanzamiento hace varias décadas. Hemos pasado de marcar goles con pixeles simplones a resolver asesinatos con androides hiperrealistas o arrasar con razas alienígenas que amenazan a la humanidad. Los juegos han cambiado e incluso Pong ha sufrido mil y una transformaciones con el fin de adaptarse a los tiempos modernos. Su esencia sigue siendo la misma, pero todo lo que rodea a esta ha mutado con infinidad de variaciones.

Hoy, queremos hablaros de una de ellas, la que probablemente sea la más dolorosa de todas en el sentido más literal de la palabra. El grupo de artistas /////////fur//// (ni una línea más, ni una menos) comenzó a tantear otra forma de entretenimiento mucho más realista o, al menos, más exigente con los jugadores a comienzos de los 2000. Pensaron que la propuesta jugable de Pong era suficiente, pero la adaptaron a un hardware que, más que una consola o un ordenador, podría ser considerado como una máquina de tortura. Su nombre, además, lo dejaba claro. Empezaron a trabajar en la PainStation.

La idea con esta «consola», si se la puede catalogar como tal, es que, en caso de sufrir un tanto en contra, recibes un castigo físico. Sí, hablamos de dolor real, de uno que se propicia a través de unos mecanismos que pueden causar latigazos, descargas eléctricas o incluso calor. Así, mientras con una mano controlan esas barras que se encargan de golpear a la bola, con la otra se preparan para recibir estas penalizaciones cada vez que el esférico virtual se cuela en su portería.

El aparato va un paso más allá con sus perversiones. Para empezar, dado que el control se realiza con la mano derecha, la mano izquierda debe permanecer siempre en lo que se denomina «unidad de ejecución de dolor». Es en esta parte de la PainStation donde se llevan a cabo esos pequeños y dolorosos castigos. Podríais pensar lo siguiente: «Vale, quito la mano cuando mi rival anote un tanto y no pasa nada». Pero no, ya que cuando se quita la mano, el sistema se apaga y no enciende hasta que se vuelve a colocar en ese panel de tortura.

La idea, además, va a más, aunque pareciera imposible. Con el afán de complicar las cosas a los jugadores, pueden aparecer efectos por pantalla que dificultan la visibilidad. En /////////fur//// pensaron que la idea de recibir un latigazo por equivocarte no era lo suficientemente estimulante, y que también venía bien impedirte ver la pelota para que prestaras más atención todavía.

Desde su creación, PainStation ha sido tan criticada como alabada. Numerosos usuarios han podido toparse con una en discotecas, LAN parties e incluso clubs privados, además de en exposiciones donde aparece como una de esas peligrosas rarezas que algún loco ha diseñado. A día de hoy, nunca terminamos de saber quién tiene la idea más loca: quienes lo crearon o quienes lo jugaron.

 

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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