PlayerUnknown's Battlegrounds tiene un easter egg que habla de sus orígenes

En los videojuegos es una norma más que habitual toparse con guiños, con secretos o simples referencias a sus creadores. Cuando inviertes tanto trabajo y tantas horas de tu vida en dar forma a una criatura del medio videolúdico, es normal que cueles algún detallito pensado para los más atentos y avispados. Hay casos y casos, como los de aquellos trabajadores de Atari que querían un simple reconocimiento a su labor; pero el que os queremos traer hoy se aleja de este tipo de historias y busca más el homenaje.

Hablar de PlayerUnknown's Battlegrounds es hablar de un fenómeno de masas. Desde que se abriera el periodo de Early Access, el título ha acumulado una legión de jugadores enfermiza. Usuarios que llevan incontables horas disfrutando de la premisa de un título sin acabar que normalizó en la industria un género antes tocado, pero jamás asentado, el Battle Royale.

Ni que decir tiene que la mayoría se conoce de cabo a rabo cada rincón de sus mapas. Cómo se manejan las armas, cómo se mueven los personajes, cómo son los edificios por dentro y por fuera… En resumen, todo lo que da forma a este título y a su experiencia de supervivencia. Sin embargo, muchos han pasado por alto un pequeño pero presente detalle, uno que aparece en algunas fachadas de esas que nos pueden salvar la vida cuando estamos en un tiroteo.

Seguramente, entre carrera y búsqueda de objetos, hayáis visto un grafiti de colores azules y rosas. Un nombre que parece algo completamente aleatorio y carente de significado; pero nada más lejos de la realidad. Eso que habéis pasado por alto es un término que apunta directamente al punto de inflexión, a lo que comenzó la carrera con la que acabaría llegando el ya legendario PlayerUnknown's Battlegrounds.

Cuando vivía en Brasil, el padre de PUBG era un simple jugador de DayZ, un mod del videojuego Arma II en el que la premisa cambiaba la estrategia militar por la supervivencia ante un asedio zombi. Un cambio de fórmula pequeñísimo, más apuntado al concepto que a las mecánicas de juego, pero suficiente como para despertar el interés entre la comunidad de usuarios.

Era algo atractivo y bastante divertido. Pensar en que hay una serie de muertos vivientes intentando acabar contigo le da un toque muy diferente a un juego militar, en el que ahora la posible cooperación o la hostilidad de los demás jugadores se convierte en un factor más a tener en cuenta para garantizar tu supervivencia. Sin embargo, para Greene no era suficiente, había que intentar hacer algo más acorde a sus necesidades como jugador.

El motivo que terminó de animarlo fue una reunión con un usuario que se hacía llamar Devilwalker. Exacto, el mismo nombre que aparece en PlayerUnknown's Battlegrounds es el de la persona que animó a su creador a comenzar en el mundo del modding, y lo hizo con un mod para DayZ al que darían vida en un servidor propio, de nombre DayZCherno+.

La premisa aquí se centraba en el PvP (Jugador contra Jugador), y fue lo que introdujo también a Greene, junto con Devilwalker, en el diseño de niveles. Al cambiar la fórmula por algo más orientado al combate directo, tenía que pensar en cómo facilitar el acceso a las armas, en eliminar la idea de los zombis de la ecuación y centrarse en alimentar las escaramuzas entre usuarios. Pero eso sería el origen, ya que luego llegó DayZ Battle Royale, otro mod mucho más construido, más elaborado y, sobre todo, apoyado en la fórmula que con el tiempo le llevó a dar vida al fenómeno de masas que tan fuerte ha pegado en 2017 y tanto futuro tiene por delante.

Así que, cuando volváis a ver ese grafiti, recordad que es mucho más que un nombre al azar. Tras él se esconde el nombre de la persona que plantó la primera semilla, la que ayudó a Brendan Greene a comenzar en el modding y dio el pistoletazo de salida a una carrera que, finalmente, ha supuesto la creación de este gigante. Uno de esos easter eggs que, como decíamos al principio, esconde tras de sí un más que importante pasado.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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