Pokémon: La leyenda de Pueblo Lavanda, explicada

Pokémon: La leyenda de Pueblo Lavanda, explicada

Pokémon siempre se ha definido como una franquicia amigable y simpática para los más pequeños. Su espíritu de fraternidad, trabajo en equipo y colaboración con el medio ambiente y las criaturas que habitan el planeta lo hacen adecuado para ellos, pero lo cierto es que la saga siempre ha vivido bajo la sombra y la lupa de los adultos. Uno de los motivos es la leyenda de Pueblo Lavanda, que todavía hoy en día sigue estando muy presente en todos los rincones de la red de redes.

Por si todavía no sabes en qué consiste esta leyenda urbana se trata de una que asegura que tras el lanzamiento de Pokémon Rojo y Verde en Japón comenzaron a producirse suicidios entre los más pequeños. ¿El supuesto motivo? La espeluznante música de Pueblo Lavanda, que contenía algunas notas que inducían a las autolesiones y la muerte definitiva. Por supuesto todo son habladurías y nunca pudo demostrarse nada.

Como comenta el portal Kotaku, el hecho de que la leyenda proceda de Japón es algo que ha fomentado todavía más la extensión de la misma. Y es que pocos son los capaces de entender textos y entrevistas en japonés, por lo que cada uno se ha ido inventando lo que mejor le parecía conforme han pasado los años. Lo que se llama el teléfono estropeado. Segumos en la siguiente página.

Lo cierto es que el propio anime de Pokémon ha hecho por amplificar la leyenda de Pueblo Lavanda. Y es que en un episodio emitido hace muchos años también en Japón pudieron verse unas imágenes que provocaron ataques epilépticos a muchos niños nipones. Desde entonces son muchos los que tienen enfilada a la franquicia y no le pasan una. Pokémon GO y los accidentes derivados de su uso también han contribuido.

Es más que probable que la leyenda urbana de Pueblo Lavanda no sea más que un rumor extendido, una falsedad ya por todos aceptada. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que la música de aquel pueblo donde los entrenadores enterraban a sus Pokémon fallecidos (y con ellos la inocencia de los niños que jugaban al juego de GameFreak) es terrorífica. Aquí la demostración.

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