Puzles de videojuegos que sacaron de quicio a los jugadores

Nos encantan los desafíos. Que un videojuego nos ponga a prueba tanto a la hora de exprimir hasta nuestra última gota de habilidad o de inteligencia es algo que nos hace disfrutar mucho más de él. Sin reto no hay superación, y sin superación no hay recompensa. Una cadena tan simple como lógica que nos hace seguir avanzando en aquellos títulos que nos complican las cosas y, a la vez, nos provoca una gran satisfacción cuando la logramos superar.

Sin embargo, hay juegos que contaban con un plus de malicia en esto. Títulos que parecen hechos con todo el odio del mundo al jugador y que lograron desquiciarnos en más de una ocasión. Hoy, en AlfaBetaJuega, vamos a hacer un breve repaso tanto a los nombres como a las situaciones que pusieron nuestra paciencia al límite y que, en más de una ocasión, han logrado hacer que algunos se desesperen con el mando en las manos.

Pedimos perdón de antemano por los posibles traumas que podamos revivir a continuación. Aquí tenéis los puzles de videojuegos que nos sacaron de quicio.

 

La cabra – Broken Sword

Una de las situaciones más complicadas y, a la vez, simples de Broken Sword. Por norma general, las aventuras gráficas tipo point & click requieren pensar, enfrascarse en diálogos y combinar el uso de objetos para poder avanzar; pero estas normas no escritas se rompían en mil pedazos cuando, en este título, te encontrabas con una cabra que te impedía el paso. ¿La solución? Algo que consistía más en tener reflejos que en devanarte los sesos, aunque la dejamos en el aire para que la descubráis si os topáis con este testarudo animal.

 

El tornado – Castlevania II

Cuando dicen que los videojuegos antiguos eran más difíciles, puede que pensemos que es una generalización bastante banal; pero en el caso de Castlevania II es toda una realidad. Para poder llegar al tramo final del videojuego hace falta recolectar una parte del cuerpo del difunto Drácula que no aparece por ningún sitio. La única forma de llegar es con un tornado que aparece al colocar a tu personaje en una posición exacta en un punto concreto de todo el mapeado. Preguntar a los aldeanos sería una buena forma de ayudar a saber cómo actuar, sino fuera porque todos son unos mentirosos que no hacen más que complicarte la vida.

 

Monólito Negro – Fez

Casi tanto o más misterioso que el monolito de 2001: Una Odisea en el Espacio. El Monólito Negro de Fez es uno de los tantos rompecabezas que el jugador puede encontrarse en Fez. El misterio que se esconde tras este rectángulo oscuro es algo que ha disparado miles y miles de teorías entre toda la comunidad de jugadores y que, aún a día de hoy, sigue sin tener una respuesta clara. Vamos, como pasó en su momento con el libro y la película que nos presentaron a HAL-9000.

 

Búhos nocturnos – Metal Gear 2: Solid Snake

¿Os creíais que el espionaje de la saga Metal Gear no tiene lugar para puzles? ¡Sorpresa! En el segundo videojuego de la saga, lanzado hace ya unos cuantos de años, hay un fragmento en el que se debe atravesar una barrera láser para infiltrarse en una base. El problema es que la única forma de que esto ocurra es cuando se hace de noche, y la hora no cambia en absoluto (por aquel entonces no había ciclo día/noche en la saga). La forma de conseguir superar esta barrera implicaba un huevo, un búho y un guarda un poco más tonto de la cuenta.

 

El final oculto – Braid

Realmente difícil y exigente con sus puzles, Braid es uno de esos títulos que levanta sentimientos extremos. Los jugadores lo aman por su facilidad para hacerles devanarse los sesos, pero también lo odian por lo frustrante que puede llegar a ser. Conseguir su final secreto es algo que, incluso, muchos ignoraban por completo. Para acceder a él hay que reunir un total de 8 estrellas escondidas durante todo el juego, que además deben recopilarse en una misma partida. El gran inconveniente que esto supone es que cuando hablamos de que están escondidas es que lo están realmente. Hace falta muchísima paciencia y ser capaz de mirar más allá de lo normal.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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