Reportaje especial 30 aniversario del CD

A día de hoy, en una época donde el formato físico está en peligro de extinción, parece casi una barrabasada tratar sobre el tema. En medio de nubes, discos duros y descargas, los días de los cartuchos o los discos parecen muy lejanos. Pero tenemos un buen motivo para hablar sobre ellos.

El CD cumple tres décadas.

Ya os lo anunciábamos hace unos días en una noticia. Parece que fue ayer cuando la por aquel entonces innovadora Sony se sacaba de la manga una nueva manera de entender, disfrutar y compartir el ocio. Primero sería con la música. El CD no tardó en imponerse a los aparatosos vinilos. Después le llegaría el turno a los videojuegos.

Pero la transición no fue sencilla. A pesar de las ventajas que supuestamente los discos tenían sobre los hasta entonces indiscutibles cartuchos (más memoria, menos espacio físico, menos costes de producción), la industria tardó lo suyo en dar el cambio. No sería hasta bien entrados los noventa, y con las máquinas de treinta y dos bits en el mercado cuando se impondrían con casi total homogeneidad.

En el mundo de los videojuegos, el CD siempre estará relacionado con la primera PlayStation. Con su entrada triunfante en el sector y sus grandes títulos.

Pero antes de que Sony entrara dándolo todo, ya otras máquinas como Mega CD o Atari Jaguar habían visto en qué dirección se decantaba el futuro. Estos primeros intentos no acabaron de cuajar, e incluso con PlayStation y Saturn ya en el mercado, Nintendo fue reacia a ver con buenos ojos este formato.

Nintendo 64 se resistió a dar el salto tecnológico y permaneció fiel al soporte tradicional. Lo cual le trajo no pocos quebraderos de cabeza a la compañía de Mario. Famoso fue el célebre culebrón de Final Fantasy VII, que supuestamente supuso el bautismo de fuego de PlayStation tras la ruptura de la fructífera relación de la saga con Nintendo. Un hecho que marcó sin duda un antes y un después.

Pero ya antes Nintendo había tenido sus problemas. En mitad de esta transición tecnológica de la que hablamos, la compañía desarrolló un proyecto conjunto con Sony: Super Nintendo CD. La cosa no llegó a buen puerto y tuvo curiosos resultados: la entrada definitiva de Sony en solitario en este mundo y el conservadurismo posterior de la propia Nintendo 64. Por no hablar de aquel desastroso Virtual Boy, que al final terminó quedándose en anécdota.

 

 

El caso es que el CD marcaría, como decíamos, el nacimiento de una nueva era. Gracias a él disfrutaríamos de juegos inolvidables: Metal Gear Solid, Symphony of the Night, Final Fantasy VII, Resident Evil y un largo etcétera. El momento de las grandes sagas modernas había nacido. Aunque no con una “secuelitis” tan acusada como ahora.

Aunque contra todo pronóstico (al menos contra el de quien escribe estas líneas), el CD no llegaría para quedarse. Los videojuegos no iban a ser como la música. La evolución tecnológica demandada (o creada, vaya usted a saber) por las nuevas máquinas y los nuevos juegos pronto hicieron que el moderno formato se quedara anticuado. Pero el posterior DVD y también el Blu-Ray serían otra historia. De eso hablaremos otro día.

El caso fue que el CD introdujo mejoras como las que ya hemos comentado. Era menos aparatoso que el cartucho, permitía reproducir pistas de música, ocupaba menos espacio (en teoría, luego las cajas eran otra historia) y costaban menos. Al menos hacerlos, porque tampoco es que el precio final de los juegos bajara demasiado.

Pero el CD también tenía sus desventajas. De hecho, hasta incluso a día de hoy muchos amantes de los videojuegos, mitómanos en su mayoría, siguen defendiendo la superioridad del cartucho. Una discusión anticuada, seguro, pero no por ello menos interesante.

El CD era débil, con relación a los indestructibles cartuchos. Casi con mirarles se arañaba (y dejaba de funcionar o saltaba a las primeras de cambio). También supuso la llegada de los incómodos tiempos de carga, algunos de ellos realmente desesperantes en tiempos de PlayStation y de las tarjetas de memoria. O el tema de la piratería. Desde entonces esta se ha agarrado como una molesta garrapata al sector.

El debate de CD contra cartucho ocupó ríos de tinta en su momento, pero finalmente sería el primero y sus descendientes quienes ganaran la batalla. Los tradicionales seguidores de los cartuchos tendrían que consolarse, tras el final de Nintendo 64, con el coleccionismo y los juegos de segunda mano.

Con relación a esto mismo, no podíamos dejar pasar la ocasión para hablar de uno de nuestros temas preferidos (y de los vuestros, si medimos el feedback de vuestras respuestas), la nostalgia. Repasemos, pues, algunos de los títulos en CD que marcaron una época. Juegos inolvidables de la que posiblemente sería la segunda era dorada de este sector. Al menos para nosotros. Cierto nos dejamos muchos fuera. Valga aquella frase manida de "son todos los que están, pero no están todos los que son".

 

 

Final Fantasy VII

Con él Sony ganó, aunque solo fuera simbólicamente, la batalla de los treinta y dos bits. Fantástico para algunos, sobrevalorado por otros, es sin duda un título sin el que difícilmente se podrían entender los videojuegos. Hoy en día sigue siendo una de las obras preferidas de gran cantidad de jugadores.


 

 

Metal Gear Solid

Otro juego no menos mítico. Su estilo cinematográfico, su doblaje, su puesta en escena. El argumento, supuestamente adulto, de su trama, etc., hicieron de Metal Gear Solid uno de los títulos más apreciados de su generación. Las aventuras de Snake marcarían también la consolidación de un gran creativo de la industria: ese cineasta frustrado llamado Hideo Kojima.

 

 

Castlevania Symphony of the Night

Konami adoptó el estilo de Metroid para crear la aventura gótica por excelencia. Un título marcado por su increíble estilo artístico, su sobrecogedora banda sonora y unos personajes carismáticos y elegantes.

 

 

Koudelka

Otro gran juego, esta vez menos mayoritario, con el que SNK daría sus primeros pinitos en el mundo del rol. Un juego oscuro, profundo e irrepetible. Más de uno guarda sus discos originales como oro en paño.

 

 

Resident Evil 2

Para muchos, la mejor entrega de la historia de esta saga. Un aventura más larga que el original, terrorífica y con una ambientación perfecta. Ni siquiera todas sus secuelas, unas mejores que otras, han conseguido hacernos olvidar la angustiosa odisea de Leon Kennedy en Raccoon City.

Hasta aquí nuestro pequeño homenaje al CD. Un formato extinto en el mundo de los videojuegos, pero a la vez muy vivo entre la comunidad de coleccionistas, mitómanos y jugadores que todavía ven en él una ventana al pasado. Un pasado que hace poco era sinónimo de futuro y que demuestra, una vez más, la fugacidad imposible de este sector.

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