REPORTAJE: Estaba muerto, pero ya me encuentro mejor

¡Cuidado, cuidado! Oh, vaya. Ahí va el último golpe que podías soportar. El último corazoncito de tu marcador de vida, el último de tus puntos de salud, la última columna de píxeles de tu barra de energía se acaba de esfumar. En fin, estás muerto. No somos nada, polvo al polvo y todo eso. Ya, es un fastidio, pero bueno, podría ser peor. Eres un personaje de videojuego al fin y al cabo, y eso significa que alguien cargará otra partida y que volverás a estar en pie y campante en menos que canta un chocobo. Claro que no siempre hay que esperar.

Como en los cómics, el billete hacia el otro barrio en los videojuegos es muchas veces de ida y vuelta, e incluso dentro de una misma partida se han puesto tradicionalmente medios al alcance del jugador para que su avatar recobre las constantes vitales y vuelva a la acción. Todos tenemos derecho a fallar, y esto de los juegos es para divertirse, de modo que no dejemos que algo tan nimio como haber sido brutalmente masacrados, asesinados, golpeados, tiroteados, bombardeados, abrasados, etcétera, etcétera, nos prive de dicha diversión.

Veamos varias maneras de regresar de entre los muertos en los videojuegos con estos variados métodos que podrás ver a continuación.

Por obra de objetos y magia

Durante muchos años, la fórmula clásica de los videojuegos ha sido la siguiente: hay un número limitado de vidas y al perder la última de ellas se acaba el juego. Así es como funciona el mundo, y aunque este sistema ha sido retocado en función del juego cambiando las vidas por puntos de salud o por una única barra de energía de la que depende nuestra existencia, es lo que guía nuestros pasos por las aventuras digitales. Suele haber medios para ampliar este contador de vidas, pero incluso cuando éstas llegan a cero hay una letra pequeña que deja vías alternativas.

Vías que pueden implicar el uso de ciertos objetos para recuperarnos, a nosotros mismo o a otro personaje, de ese incómodo estado de muerte. En ocasiones se activan automáticamente, como sucede en Wonder Boy in Monster Land, donde el protagonista Tom-Tom recibe primero que nada una espada corta con la que defenderse… y una poción. Dicha poción es, precisamente, la medicina que hará que cuando el último de los corazones que marca nuestra vida se apague, mágicamente volvamos a estar en pie dispuestos a seguir repartiendo cera.

Pero no hace falta rebuscar mucho para pensar un ejemplo que todo el mundo conoce de sobras. Cola de Fénix, un objeto icónico de la saga Final Fantasy que hace honor a su nombre. Y es que cual ave fénix, el compañero o compañera sobre el que usemos esta pluma procedente de la mítica ave, y con la que podemos dar en cofres o comprándola a un no muy módico precio en las tiendas, regresará de entre los muertos. O eso se nos decía en algunas de las entregas, aunque en realidad y para prevenir una epidemia de vida eterna, parece que los pacientes que se reviven con la Cola de Fénix, o con las magias blancas Lázaro o Lázaro+, no están demasiado muertos y sí más bien inconscientes. Pero no obstante, la Cola de Fénix sí tiene su equivalente en otros juegos de rol donde el estado de muerte es más explícito.



Es el caso de Secret of Mana, juego que comparte desarrolladora con Final Fantasy y donde los miembros de nuestro grupo que son derrotados sí que pasan a mejor vida, es más, su fantasma nos acompañará hasta que decidamos resucitarlos. Algo que podemos hacer si tenemos en nuestro poder al menos una Copa de los Deseos, que tendemos que usar sobre el afectado cuando estemos descansando.

En otros juegos, para satisfacer nuestras necesidades de resurrección lo mejor es acudir a los profesionales, aunque ello signifique cargar con el cadáver de algún colega hasta la iglesia más cercana y solicitar la ayuda de un clérigo, algo que podemos hacer, por ejemplo, en la saga Dragon Quest. Pero esta es una práctica que sobre todo se ejerce en el juego de rol Dungeons & Dragons, donde un clérigo del suficiente nivel que cuente con al menos una parte del cuerpo del finado puede devolverlo a la vida con éxito. Por suerte, en casos como las adaptaciones de Dungeons & Dragons a videojuego, caso de Neverwinter Nights entre otros, contamos con la posibilidad de disponer de pergaminos, bastones y varitas de resurrección cuando no con un clérigo que haga el trabajo in situ.

Y es más, World of Warcraft nos brindó temporalmente la oportunidad de ser nosotros mismos uno de estos obradores de milagros para algún amigo o conocido que tuviera un personaje que quisiera rescatar, literalmente, del olvido. Orientado sobre todo a aquellos jugadores que no habían accedido al juego durante un largo periodo de tiempo, el Pergamino de Resurrección transmitía una invitación para que una cuenta antigua pueda volver a incorporarse a World of Warcraft, otorgando ventajas a su emisor si el destinatario la aceptaba. Sin embargo, el Pergamino ya se desvaneció en el éter hasta, quizá, una próxima ocasión.



Por un puñado de duros

El objeto que era mano de santo para volver de ultratumba en las recreativas era algo muy sólido y real. Se trataba de una moneda de cinco duros, el tributo con el que los arcades permitían continuar la partida con una nueva tanda de vidas. En eso consistía el negocio al fin y al cabo, y esos cajetines que suponían las ganancias para el dueño del local no iban a llenarse solos. Según el juego, el efecto de renunciar a parte de nuestra paga podía variar, garantizándonos no solo la resurrección, sino a veces y como si fuera una oferta loca de teletienda, ofreciéndonos de paso alguno de los power ups del juego para incitarnos a volver a la brega.

Curiosamente, el efecto de la moneda también juega un papel en algunos juegos para sistemas domésticos, pero no por el hecho de poder aprovechar continuaciones para seguir donde lo dejamos. Nos referimos, más bien, a determinados objetos que forman parte del propio juego y que significan un ticket para nuestra resurrección. Esto es muy literal en Máximo, el intento de revivir, hablando de volver de entre los muertos, la franquicia Ghosts ‘n Goblins por parte de Capcom. En Máximo, cuando la Muerte viniera a hacer su trabajo tendríamos una oportunidad de volver a cambio de unas valiosas monedas. Si le pagamos con una al segador, éste nos permitirá volver al campo de batalla hasta que seamos lo bastante torpes como para volver a caer en sus garras. Por supuesto, si llega el momento en que nos quedemos sin monedas nos podemos despedir de la vida.

Y un crédito virtual de cinco duros es lo que se esconde en Parasol Stars, un juego de plataformas marca Taito y que, según reza su subtítulo, es la historia de Bubble Bobble III. Las dos primeras partes salieron en formato recreativa, y ya el juego original nos permitía echar nuevos créditos siempre que jugásemos a dobles y uno de los dragones siguiese en pie todavía. En Rainbow Islands, en cambio, a partir de cierta isla no se admitían continuaciones, algo que sería común en varios juegos de Taito. Pero en Parasol Stars, es el propio juego el que ofrece estos créditos con un ítem muy concreto, una moneda de 100 yenes. La manera de obtenerla es descubrir cadenas de objetos ocultos, que originalmente serán comida de valor creciente, al lanzar enemigos sobre un determinado punto de cada nivel. Si repetimos la acción, aparecerá una nueva serie de objetos de mayor valor. Y así será hasta llegar al máximo, serie que culmina con la aparición de esta moneda y que nos dejará proseguir con el juego desde el nivel en que estemos cuando caiga nuestra última vida. Es mejor que gastarse la semanada en continuaciones.



Por exigencias del guión

En algunos juegos no hace falta hacer nada, sino que los personajes ya traen los deberes hechos de casa. Se trata de títulos en los que, por su argumento o su mecánica de juego, ya hemos pasado a mejor vida, pero hemos vuelto a la acción para deshacer algún entuerto que nos tiene revolviéndonos en la tumba. Sin embargo, cuidado, porque lo que fácil viene fácil se va y puede que volvamos a criar malvas antes de lo que pensamos si no somos los bastante cuidadosos.

Un ejemplo clásico de resucitado bien podría ser el protagonista de Altered Beast, a quien Zeus se lo ordena bien claro al comienzo del juego con ese mítico “Rise from your grave”. Lo siguiente es nuestra propia lápida saltando en pedazos y el ocupante de lo que antes era una fría tumba vivito y coleando para repartir mamporros. Con el añadido de poder transformarse en un ser mitad humano y mitad bestia, pero cualquier ayuda es poca de cara a rescatar a la diosa Atenea.

Ahora tomemos otro caso más terrenal, al menos en parte. El de un joven que paseaba con su igualmente joven pareja cuando fueron a topar con un par de tipos con aspecto sospechoso y malas intenciones. Uno de los tipos secuestró a la acompañante de nuestro héroe, mientras que el otro… lo mataba de un tiro. ¿Fin? Al contrario. El padre de la muchacha es un científico que trabaja en la “energía fantasmal”, una fuerza extraña a la que una sociedad malvada quiere darle malvado uso. Y gracias a que ha podido traer a nuestro espíritu desde el más allá y otorgarle una pequeña cantidad de energía para sobrevivir en el mundo de los vivos es por lo que tiene lugar la recreativa Avenging Spirit.



En este caso, más que resucitar, lo que hace el protagonista es poseer a los enemigos que se le ponen al alcance para usar sus habilidades y diferentes formas de ataque. Pero cuando el huésped es abatido y el fantasma vuelve a vagar, debe encontrar otro cuerpo antes de ser desterrado, esta vez sí, al reino espiritual de una vez y para siempre. A menos, claro está, que otro de los mecanismos de resurrección de los videojuegos entre en juego acompañado de una moneda de cinco duros.

Sobre fantasmas y asesinados, el nuestro para más señas, trata también el reciente Murdered: Soul Suspect, en el que tenemos que resolver el último caso del detective Ronan O’Connor. Uno que le llevó a morder el polvo mientras perseguía a un asesino en serie. Al igual que en el caso anterior también disponemos de la habilidad fantasmal de poseer criaturas vivas además de otros poderes dignos del ser de ultratumba que somos ahora.

Tampoco nos deja morirnos en paz Dark Souls, y no será porque no da oportunidades. La maldición que asola Lordran hace que no podamos morir por completo, sino que volvamos a la última hoguera encendida convertidos en un grotesco ser cadavérico y a medio momificar. Tanta muerte como en el juego de From Software no puede ser sano. Al menos disponemos de un objeto con el que recuperar nuestra humanidad perdida y dejar de ser un Hueco, uno de los seres malditos que deambulan por la región. Esto es, hasta que muramos de nuevo. Por lo general, a no mucho tardar.

También empieza como fallecido en su juego Fred Neuman, personaje principal del juego Dead Head Fred para PlayStation Portable. Fred es un caso bastante radical, ya que no solo ha sido asesinado sino que encima ha perdido la cabeza en el sentido más literal de la expresión. Al menos, uno de los científicos que trabajan para el responsable de su muerte ha tenido el detalle de resucitarlo, pero con el inconveniente de que donde antes estaba su cabeza ahora hay un tarro de cristal con un cerebro y ojos flotando en un líquido viscoso. Como no hay mal que por bien no venga, Fred puede usar cabezas de quita y pon con las que puede conseguir nuevas habilidades para cobrarse cumplida venganza.




El precio de la vida

A veces, no se sabe muy bien por qué a efectos de juego, la resurrección es algo que ocurre sin más. No hay que quedarse parado, dejar que la naturaleza siga su curso y al instante, la muerte de nuestro personaje desaparecerá como un mal catarro. En determinados casos, los más, es instantánea. Como podemos ver en prácticamente cualquier juego de acción actual. En otros, lo que conocemos como respawn puede tardar unos segundos para permitir que volvamos a la acción, algo puesto en práctica en los juegos de disparo en primera persona. Pero en algunos juegos de rol, y concretamente los MMORPGs, esto no nos saldrá gratis.

Por ello, caer abatido a partir de un determinado nivel en juegos como World of Warcraft, Runes of Magic o Lineage 2 por citar solo algunos, podía conllevar una penalización de experiencia, oro o ambos. Con esto se incita a los jugadores a atesorar un poco más su vida y no lanzarse a lo loco. Dark Souls, una vez más, también se cobra su tributo, pero nos lo ofrece de nuevo tentándonos para que vayamos a recogerlo. Nuestras almas recogidas esperan allí donde morimos por última vez, prestas a ser recuperadas… si es que no nos matan de nuevo. En ese caso, será el pago por no haber sido capaces de llegar hasta el mismo punto.

Ahora bien, están los pagos por penalización y está la manera de hacer las cosas de Los Sims. Como sabes, en el juego de Maxis, nuestras queridas personitas digitales pueden estirar la pata de varias maneras. Pero el caso es que podemos interceder ante la Parca en persona para que no abandonen el mundo terrenal. En la primera entrega de la serie, esto se resolvía con una partida de piedra, papel, tijeras. Si gana el Sim del jugador, el fallecido regresa y aquí no ha pasado nada. Si es la Parca quien gana, ya se sabe el destino que correrá el difunto. Y si hay un empate, pues ni para tí ni para mí. El muerto vuelve, pero no del todo, sino que lo hace convertido en zombie. En Los Sims 2, en cambio, la Parca sucumbe al materialismo y la codicia, y escucha el soborno que le hagamos a través del Resucitonomitrón, una teléfono con línea directa con este ser elemental. Como en el juego anterior, un precio aceptable cumplirá nuestro deseo. Si somos demasiado rácanos no hay trato. Y si nos quedamos a medias, el abuelo que acaba de agotar su ciclo vital está a punto de volver por la puerta con un renovado interés por los cerebros.



¿Volver? ¿Y quién dijo nada de volver?

Como ves, hay un cierto abanico de posibilidades de regresar del mundo de los muertos si eres un personaje de videojuegos. Aunque puede suceder que, bueno, por esas cosas que pasan, no haya ninguna disponible. Sí, los personajes también pueden morir en determinadas circunstancias, y por morir nos referimos a que se acabó, que no va más, que se van al hoyo y esta vez para no volver. Se llama permadeath, y es la bofetada de realidad que nos recuerda que las vidas hay que cuidarlas.

En XCOM: Enemy Unknown, por ejemplo, vamos a conocer a un buen puñado de soldados. Y son buenos soldados, hombres y mujeres valientes que van a dar la vida por su planeta. Y cuando eso suceda, cuando un alienígena traidor les dispare con su arma de plasma, o caigan bajo los poderes mentales de un Etéreo, o una Crisálida acabe con ellos horriblemente zombificándolos antes de incubarles con un embrión, no les volveremos a ver. Lo único que podremos hacer es rendirles un homenaje incluyéndolos en una lista de caídos. En otros casos como el del juego de rol japonés Oreshika: Tainted Blood, la esperanza de vida de los personajes es bastante corta debido a una maldición, pero su legado perdura a través de generaciones que heredarán características de sus ancestros fortaleciendo así su línea de sangre. En cierta manera, será como si no hubieran desaparecido del todo.

Vida y muerte, una frontera difusa que puede cruzarse con cierta facilidad en los videojuegos y que en ocasiones se usa como propio vehículo narrativo. ¿Qué nos aguarda a nosotros cuando nos llegue la hora? No tenemos prisa ninguna en comprobarlo. Mientras tanto, sigamos con la partida y sacando provecho de cada minuto.

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