Reportaje: ¡Este no es mi superhéroe, me lo han cambiado!

Todos pasamos por cambios. Un día, sin previo aviso, notamos que nuestro cuerpo está evolucionando, que nuestra voz suena menos aflautada y que, cosas de la edad, nos estamos transformando y nuestra vida ya no volverá a ser igual. Por ello debemos dar las gracias por no ser superhéroes, porque seguramente los cambios serían menos llevaderos.

Recientemente hemos sabido de los planes de futuro para varios superhéroes que pasan por alterar su condición tal como la conocíamos hasta ahora. Aunque ¿qué es un cambio de género o de etnia comparado con una transformación extraña e innecesaria? Sí, amigos, algunas decisiones editoriales nos han dejado momentos de lo más raros en nuestros héroes de cómic más queridos. Y no solo en ellos, sino que en ocasiones también sus seres más cercanos han visto su mundo y su integridad física puestos patas arriba. Acompañadnos en un viaje por algunos de los cambios más extraños que han tenido lugar en las páginas de un cómic.

El dios del trueno que salió rana



Por Odín, pocas veces se cantaron en los dorados salones de Asgard mayores gestas que las que Walt Simonson narró de su pluma en la colección del dios del trueno. Simonson está considerado uno de los mejores, sino el mejor, autor que el personaje que acabó haciendo suya la colección Journey Into Mystery ha tenido jamás, y no es para menos. Las ñoñas historias de los comienzos de uno de los superhéroes más poderosos de Marvel dejaban paso a épicas aventuras que por fin situaban al vengador nórdico en el sitio que le correspondía. A pesar de que en una de ellas no tuviera un aspecto especialmente gallardo.

Thor se las ha visto también de todos los colores en sus andanzas. Ha visitado extraños mundos, conocido terribles amenazas e incluso ha muerto alguna que otra vez, y de manera bastante desagradable. Pero quizá el episodio más extraño al que el hijo de Odín se haya enfrentado sea el acontecido en el número 364 de su propia colección, uno que derivó de una maldición lanzada por Loki con el poder de la espada del demonio Surtur. El regio vengador quedaba reducido así a la apariencia de… una simple rana. Una rana, no obstante, que seguía siendo digna de empuñar el Mjolnir, y todos sabemos lo que ello supone, ¿verdad?

Ver a una rana con el casco, la armadura y el martillo de Thor en medio de una aventura puramente batracia, alejada de las grandes amenazas cósmicas habituales pero heroica a su manera, era algo que no se veía todos los días, pero que Walt Simonson hizo posible en la década de los ochenta. Thor recobró su apariencia normal, pero su imagen de rana ha sido rescatada no pocas veces, principalmente como cameo o como broma. Pero esto no significa que el batracio del trueno haya dejado de existir. Pues una de las ranas que compartieron aventuras con Thor durante su maldición fue una vez un humano, Simon Walterson (guiño, guiño), también metamorfoseado por medio de magia, y que durante el ataque de unas ranas dio con una astilla del Mjolnir como única arma para defenderse. Bien, el momento en que golpeó el suelo con la astilla, resultó que Walterson también era bastante digno. Y ahora, Throg, la rana con una fracción de los poderes del Dios del Trueno, camina, o más bien salta, entre los mortales. 

Peter Parker, choca esos treinta



De todos es sabido que el número 100 de una colección es una celebración ideal para dar una campanada, especialmente en la Casa de las Ideas. Y siendo Spiderman un personaje por el que, francamente, en el momento de su creación nadie daba un duro – y por lo que debutó en el último número de la defenestrada colección Amazing Fantasy, hasta entonces dedicada a historias de monstruos gigantes – el que el trepamuros llegara a los tres dígitos era un acontecimiento que a los editores de Marvel les pintaba la ocasión calva para lanzar un número 100 cuya conclusión dejase a los lectores boquiabiertos, ojipláticos y pelopúnticos. Stan Lee había llevado por la calle de la amargura al bueno de Peter Parker porque, como ya se sabe, todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, pero lo que el tío Ben no mencionó es que no se gana para disgustos. Parecía que todo el que se acercaba a Spidey terminaba criando malvas o seriamente perjudicado a nivel físico o mental, haciendo un gafe de cuidado a este Parker. De modo que Peter hizo suyo el dicho de “muerto el perro se acabó la rabia” con esta ominosa sentencia: “Para que Peter Parker viva… ¡Spiderman debe morir!”.

Así pues, el brillante Peter usa todos sus conocimientos científicos para crear un suero que nulifique de una vez y para siempre sus poderes, convirtiéndole en un joven normal con una vida todo lo normal que tras perder a unos padres, tío, novia y padre de ésta puede llevar un ex superhéroe propenso a los remordimientos. Pero el horror aparece cuando Peter Parker se da cuenta de un error fatal. El suero no solo no ha anulado sus poderes arácnidos, sino que para su sorpresa y horror ha mutado su cuerpo. Cuando el universitario levanta su traje de Spiderman ve con espanto que… ¡hay cuatro brazos de más en su torso! El Hombre Araña es ahora más araña que hombre, y lo seguirá siendo durante dos números más, tiempo suficiente para que Parker acuda al doctor Curtis Connors, alias el Lagarto, en busca de ayuda. Y por si fuera poco un lagarto humanoide con ansias megalómanas y un tipo con seis brazos, a la fiesta se une Morbius, el Vampiro Viviente, para cerrar el circo de monstruos en un arco argumental de lo más desquiciado dentro de la trayectoria del lanzarredes.

Pero ojo, porque estamos hablando de todo un clásico, los números 100 a 102 de The Amazing Spider-Man, momento de esta primera transformación de nuestro amistoso vecino, y por ello más impactante a los ojos de unos lectores que hasta el momento habían estado leyendo una colección donde convivían el romance, la acción, la comedia y, en varias ocasiones, la denuncia social. Faltaba nuestro Paul Naschy embutido en su disfraz de Hombre Lobo para redondear el catálogo. Aunque quizá no andaba muy lejos de nuestro siguiente protagonista…

 

Capitán América, qué dientes más grandes tienes

 



Transformado por el suero del supersoldado, el esmirriado Steve Rogers veía cómo el experimento al que se presentó voluntario para servir a su país en la Segunda Guerra Mundial le transformaba en un bigardo con capacidades físicas aumentadas, el único hombre capaz de llevar el uniforme y el escudo del Capitán América. Rogers también es uno de los veteranos del Universo Marvel que está curado de espanto. Y es que pocos tratamientos de choque hay más intensos que ver estallar en el aire al avión al que está agarrado su compañero de correrías Bucky Barnes mientras se precipita a una caída desde cientos de metros sobre el océano para quedar congelado en sus profundidades y ser revivido décadas después por los Vengadores originales. Como miembro de este grupo, al que ha liderado en muchas ocasiones, el Capi ha luchado contra civilizaciones extraterrestres, amenazas cósmicas, fuentes de poder infinito, conquistadores capaces de viajar en el tiempo y, por supuesto, seres sobrenaturales. Lo que nadie le dijo es que él mismo acabaría siendo un hombre lobo.

La culpa no la tuvo la luna llena ni el mordisco de otro licántropo, aunque el Universo Marvel ya contase con unos cuantos en sus filas. En realidad, la transformación del vengador está causada por una fórmula creada por la villana Doctora Sombra Nocturna, quien trabaja junto al Druida en un plan que incluye control mental y licántropos, es decir, de esos en los que nada puede fallar. Pero peludo o no, el Capitán América es un hueso duro de roer, y la voluntad de hierro de Steve Rogers hace que una parte de su conciencia mantenga el control en una aventura en la que el Capi tiene que luchar nada menos que contra Lobezno. Para tranquilidad de los más patriotas, el Capitán conseguiría volver a la normalidad tras su extraña aventura, pero se dice que en la torre de los Vengadores aún tienen a mano el teléfono de César Millán por si vuelve a las andadas.

 

Tía May, heraldo de Galactus

 



“¡No es un engaño! ¡No es un What If! ¡No es una historia imaginaria!”. Y a pesar de este aviso, es imposible dar crédito cuando por primera vez vemos la portada del número 137 de Marvel Team-Up en su edición americana, colección que formaba dúos de superhéroes de diferentes colecciones, siendo por lo general Spiderman uno de ellos, para enfrentarlos a una amenaza. Así, en la propia cubierta, mientras un estupefacto trepamuros se pregunta para sí en la característica imagen bajo el logo de Marvel “¿Qué está pasando aquí? ¡Se supone que es mi comic!”, el título nos deja el enfrentamiento más improbable y surrealista que posiblemente haya salido jamás de las mentes de Marvel: Tía May y Franklin Richards contra Galactus.

Si os estáis preguntando cómo en nombre de lo más sagrado es posible que la anciana con salud más delicada y aun así aparentemente inmortal de los cómics pueda hacer frente a todo un devorador de mundos, agarraos porque vienen curvas. Todo comienza un apacible día en el que Peter Parker, su tía May y los Cuatro Fantásticos junto con Franklin Richards, el benjamín de la familia fantástica, acuden al circo a divertirse. Que no todo va a ser preocuparse por pagar facturas y de que su sobrino tenga que jugarse el pellejo por sacar fotos a ese horrible, horrible Spiderman del que dice el periódico que es una amenaza enmascarada. Pero algo se cuece en San Diego que reclama la atención de los Cuatro Fantásticos, a lo que oportunamente Spiderman se ofrece a echar una mano o una telaraña si es preciso, con lo que la tía May queda con la importante misión de hacer de niñera del hijo de Mr. Fantástico. Lo que ninguno sabe es que instantes después, un Galactus hambriento y desprovisto de heraldo que le busque un mundo con el que darse un banquete ha ido a parar a la Tierra, atraído por el descomunal poder latente que hay en Franklin, a quien quiere convertir en su nuevo sirviente.

Sea un devorador de mundos gigante o no, la tía May decide que eso no le da derecho a ese señor que ha aparecido de la nada a meterse con un niño pequeño, de modo que no duda en afearle la conducta a un desconcertado Galactus, que considera que esa decrépita humana que tiene ante sí señalándole con el dedo y recriminándole parece saber mucho de etiqueta a la hora de devorar planetas, por lo que un chorro de energía cósmica después, el imparable ser ya tiene a su nuevo heraldo: ¡La Abuelita Dorada! La conclusión de esta aventura es tan absurda, y creednos, el calificativo no le viene nada grande, que merece un spoiler que, por supuesto, sois libres de saltaros, pero de ser así os quedaréis sin saber que la Abuelita Dorada da con un bollito Twinky gigantesco que vaga por el cosmos y que es capaz de aplacar la canina hambre de Galactus, que para ser feliz ya solo quiere un vaso de leche tamaño planetario. Y en ese momento, el número culmina con el editor de la colección despertando entre sudores fríos porque acaba de soñar que, aprovechando el Mes del Asistente del Editor, su ayudante ha publicado una absurda historia sobre tía May, Galactus y pastelitos cósmicos. Y lo mismo sucede con Stan Lee y otros directivos de Marvel, dejando la conclusión de Los Serrano a la altura del betún años antes de su creación. Supera eso, Resines.

 

Superman Rojo escribe fino, Superman Azul escribe normal

 



¡Mirad, en el cielo! ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Son eso dos Supermanes con poderes eléctricos? ¿Y uno de cada color? Esto sin duda merece una explicación, y la vais a tener enseguida. Pero antes recordemos que tras las Crisis en Tierras Infinitas y la reestructuración que se derivó de esta saga en las colecciones de DC, John Byrne estableció al volver a contar el origen del Último Hijo de Krypton, y así se mantuvo posteriormente, que en realidad Superman no era el ser todopoderoso que conocíamos, en el sentido de que su abanico de poderes quedaba más reducido que en su anterior encarnación. Nada de superventriloquía (verídico), supertelepatía (también verídico) o superloquehagafalta en un momento dado. En su lugar, Kal-El era una batería solar andante gracias a una morfología kriptoniana que le permitía almacenar en sus células la energía procedente de las radiaciones de un sol amarillo como el que está en el centro de nuestro sistema solar. Eso sí, dicha energía le confería invulnerabilidad, velocidad, fuerza, resistencia y otras habilidades mucho más allá de lo que cualquier humano normal podría soñar.

Sin embargo, la editorial comienza eventualmente a rescatar personajes y episodios clásicos adaptados a este nuevo mundo más realista y moderno, y allá por 1998, casi cerrando una década muy loca para los cómics de superhéroes, se trae de vuelta en la colección titular al Superman Rojo y el Superman Azul, procedentes de un argumento en el que Superman se desdobla en dos mitades en una historia imaginaria fuera de continuidad. Justamente ese detalle de la no inclusión en el cánon fue lo que se omitió en este regreso…

Privado momentáneamente de los poderes que le proporciona la radiación solar, el Hombre de Acero acaba desarrollando nuevas habilidades, curiosamente de naturaleza eléctrica, que acaban evolucionando en una cierta capacidad para manipular la energía, pero con el coste de que Superman debe quedar confinado en un traje de contención. Tras un enfrentamiento con el Superman Cyborg, uno de los cuatro impostores aparecidos tras su muerte a manos de Doomsday, Superman queda dividido en el Superman Rojo y el Superman Azul, con la particularidad de que cada uno tenía una personalidad diferente, siendo el Rojo más impulsivo, el Azul más reflexivo, y ambos un verdadero desastre a los ojos de los lectores. Tiempo después, Superman volvió a la normalidad sin una explicación más clara de lo necesario. Digamos que tampoco nadie hizo muchas preguntas.

 

Jimmy Olsen, la tortuga reportera gigante adolescente

 



Un misterioso cofre aparece varado en la playa de Metrópolis. En su interior, un rayo capaz de aumentar el tamaño de su objetivo. Sin duda es un trabajo para Superman, pero no sin que antes su amigo Jimmy Olsen, juvenil reportero, meta la zarpa y trastee con lo que el hombre no debería jugar jamás. El pobre Jimmy recibe el rayo, que previamente atraviesa a una inocente tortuga que pasaba por allí, convirtiéndolo en… ¡El Hombre Tortuga Gigante! Y aunque el nombre no suene muy serio, la verdad es que el rediseño de un Jimmy Olsen con unos ojos inhumanamente saltones y diabólicos hace de la portada del número 53 de Superman’s Pal Jimmy Olsen una verdaderamente impactante.

Ni qué decir tiene que Superman ha de acudir a salvar el día, no solo porque su impetuoso y, por qué no decirlo, algo metepatas amigo necesita de su ayuda, sino porque además el Jimmy Olsen recién agigantado y atortugado ha caído bajo el control del delincuente atlante Goxo, que gracias a la nueva naturaleza de híbrido marino de Jimmy puede ordenarle hacer diversas maldades, como taponar un volcán activo para provocar que la presión haga el resto. No temáis, si Superman no salvara el día esta historia hubiera pasado a la ídem por algo más que por la apariencia del personaje que da nombre a la cabecera. Pero no.

Sin embargo, y como ha sucedido con el anteriormente mencionado Thor rana, el Jimmy tortuga también ha quedado como una referencia que ha sido rescatada posteriormente, incluyendo la serie de animación moderna del superhéroe, donde el Hombre Tortuga Gigante ha vuelto al ataque. Por cierto, Jimmy no es de los que escarmienta, y la prueba es que no es la única vez que se convertirá en un ser con poderes. El intrépido cachorro reportero se ha visto convertido también en hombre lobo, Chico Elástico y hasta un puercoespín humano. Ay, cómo se han de ver algunos por su mala cabeza…

 

Está pasando una etapa, ya se le pasará…

 



Han sido seis transformaciones las que os hemos relatado, alguna de ellas como habréis visto para darle de comer aparte. Desde luego ha habido muchas en los cómics de superhéroes que han alterado su status quo, como, por poner un ejemplo, la propia transformación de la Bestia en el ser de pelaje azul que conocemos tras ser únicamente un mutante de apariencia humana pero extremidades algo simiescas. O la mutación de la Avispa en un insecto humanoide durante un tramo de la colección de Los Vengadores. O el cambio de Hulk en Mr. Fixit, una encarnación de piel gris que se movía por el submundo de Las Vegas. Y para rematar, aquella vez en la que Howard el Pato se convirtió en un ratón algo crecidito. 

Por otro lado, en la Distinguida Competencia, el delincuente Polilla Asesina se convertía por obra demoníaca en el insecto del que coge su nombre. Mientras, en una historia situada en un mundo alternativo, Batman era mordido por un vampiro durante un enfrentamiento con el mismísimo Conde Drácula, provocando que el Caballero Oscuro se convirtiera también en una de estas criaturas de la noche.

Ahora que estamos en plena efervescencia de la Comic-Con, hemos podido conocer lo que depara el futuro a algunos héroes. Habrá quien ceda su nombre a otros, lo que supondrá un cambio en sus colecciones. Si os resulta chocante que otro lleve el antifaz o las mallas de vuestro personaje favorito, pensad en estos desdichados y en los cambios que tuvieron que soportar. Pensad en que las decisiones editoriales nunca son eternas. Pero, sobre todo, pensad que la tía May puede no estar cerca la próxima vez que Galactus asome con hambre atrasada. 

Juan Elías Fernández

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