Reportaje: Joyas Olvidadas de los Videojuegos (IV)

Después de un tiempo de descanso, rescatamos uno de nuestros reportajes más nostálgicos. En él vamos a recuperar de nuevo algunos viejos títulos que a día de hoy, en nuestra opinión, no cuentan con todo el reconocimiento que merecen. Aquí van algunas joyas olvidadas de los videojuegos más. (Aquí podéis ver los otros tres reportajes anteriores).

Seguro que a más de uno os traen grandes recuerdos.

Burai Fighter (1990, NES)

Un interesante shooter de ocho bits, que nos hacía recorrer el imperio galáctico conocido como Burai, enfrentándonos a todos sus mandamases. Comenzábamos la aventura con un arma relativamente débil, pero pronto encontrábamos un gran número de ellas de la más diversa índole. Lo mismo que enemigos o jefes finales. Game Boy recibió una adaptación con el subtítulo de “Deluxe”, cuya velocidad y dificultad eran menos demoledoras.

 

 

Toki (1989, Arcade)

Aunque a día de hoy haya sido prácticamente olvidado, este mono logró tener bastante popularidad en su momento. Primero con un simpático arcade que inundó los salones recreativos, y luego con una versión doméstica que vio la luz en varios sistemas, destacando la de MegaDrive. En el juego teníamos que derrotar a un hechicero que había raptado a nuestra novia, Miho, y nos había convertido en mono, para más inri. Era un plataformas bastante carismático.

 

 

Alex Kidd in Miracle World (1986, Master System)

Uno de los grandes problemas de SEGA siempre ha sido el no tomarse demasiado en serio su propio legado. Algo incomprensible teniendo en cuenta la importancia de este. Un buen ejemplo podría ser Alex Kidd, la primera mascota de la compañía, que nunca ha querido o sabido rescatarle de forma adecuada. Su primera aventura en Master System fue todo un clásico con mayúsculas, un juego variado, colorido y lleno de sorpresas muy querido por los fans.

 

 

Street Gangs (1990, NES)

También conocido como River City Ramson, este clásico era una especie de Double Dragon con un desarrollo más profundo y variado, e incluso toques roleros. Cuando se estrenó en nuestro país fue injustamente tratado por la crítica nacional, pero a día de hoy muchos jugadores lo tienen en gran estima, e incluso ha pasado a ser muy cotizado en el mundo de la segunda mano.

 

 

Unirally (1995, SNES)

¿Un juego de velocidad en dos dimensiones y de monociclos? Pues sí, eso era Unirally (Uniracers en Estados Unidos). Pero tras su inocente aspecto se encontraba un gran título, que ofrecía carreras frenéticas, un montón de modos de juego y gráficos sorprendentes. Las animaciones de los monociclos eran fantásticas, y también los fondos. Un cartucho infravalorado y muy recomendable, sobre todo para echarse unas partidas con un amigo.

 

 

Kwirk (1990, Game Boy)

Los juegos de puzles también han tenido su importancia a lo largo de la historia. En este caso encontramos un cartucho original de Game Boy en el que manejábamos al tomate Kwirk. Teníamos que guiarle por distintas mazmorras superando retos de ingenio para avanzar. Todos ellos consistente en abrirnos camino por distintas fases. Gráficamente era muy simplón (incluso para Game Boy) pero también divertido e ingenioso.

 

 

Odin Sphere (2008, PS2)

Quizás por ser uno de los últimos títulos de PS2 (títulos de calidad, al menos), Odin Sphere no llegó a tener la popularidad que, sin ninguna duda, merecía. A nivel visual es todo un espectáculo en dos dimensiones, con personajes y escenarios que dejan con la boca abierta. Pero además su desarrollo mezcla de acción y rol también sabe atrapar si se profundizaba en él. Muy recomendable.

 

 

Kenseiden (1988, Master System)

Se trata de algo así como Castlevania ambientado en la mitología japonesa. En él, en lugar de a un cazador de vampiros manejábamos a un samurái. Además, este título de Master System tenía su propio carisma, más allá de estar indudablemente influido por el clásico de Konami. Una aventura con unos gráficos respetables, enemigos finales terribles y una dificultad a prueba de bombas. 

Hasta aquí esta nueva edición de Joyas Olvidadas. Como siempre, no olvidéis decirnos cuáles son las vuestras.

Enrique Luque de Gregorio

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