Reportaje: Superhéroes y Videojuegos

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Disfraces de colores, poderes imposibles, viñetas y temibles villanos. Los videojuegos basados en superhéroes han sido una realidad desde prácticamente el origen de las consolas. Una relación que, como el sector mismo, ha ido a más generación tras generación.

Hace apenas un par de años que Batman desplegaba sus alas en nuestras consolas y nos dejaba con la boca abierta. El murciélago y su primera aventura en el Arkham Asylum sentaron cátedra y vinieron a confirmar los que muchos ya sabíamos: los superhéroes son capaces protagonizar videojuegos realmente destacables. Algo que hasta ahora había sucedido, pero no siempre, y no del todo. Más o menos como pasa con el mundo del cine o del manga; muchas veces los desarrolladores se pierden demasiado a la hora de adaptar nombres y franquicias que, ya de antemano, se sabe que van a vender bien independientemente del resultado final.

Pero antes de que el murciélago lo cambiara todo, ya habíamos visto juegos realmente destacables en nuestras consolas. Mucho antes, incluso, como ya en los tiempos de nuestra querida y añorada Atari 2600. Dentro del sobreexplotado y a veces caótico catálogo de esta mítica consola, encontrábamos juegos bastante dignos, como el propio Spider-Man (Parker Brothers, 1982) o relativamente aceptables, como Superman (Atari, 1978).

No obstante, no sería hasta llegados los dieciséis bits cuando el sector viviera una auténtica avalancha de juegos con personajes vestidos con mallas como protagonistas. Tanto por NES y Master System como por Súper Nintendo y MegaDrive vimos pasar a todo tipo de héroes: Hulk, Los Vengadores, Superman, Flash, Spider-Man, etc. La mayoría de ellos con aventuras aceptables, y alguna que otro realmente sobresaliente, como el recordado The Punisher (Capcom, 1993). Un arcade enorme en el que el tipo duro de la Marvel -junto al secundario Nick Furia– se enfrentaba al Kingpin, primero en recreativa y luego en una digna versión para MegaDrive. Un cartucho de culto que a día de hoy es poco menos que imposible encontrar sin pagar cantidades astronómicas.

Pero no sólo superhéroes clásicos de DC y Marvel irrumpían mes sí mes también en nuestras consolas, sino que estos se repartían protagonismo con otros más modernos y televisivos, como las míticas Tortugas Ninjas. Inolvidables son las aventuras de estos anfibios mutantes tanto en Súper Nintendo (Turtles in Time, 1991) como en MegaDrive (The HyperStone Heist, 1992). De hecho, incluso también en Game Boy y NES lograron protagonizar entregas arcade bastante dignas, después de una primera y soporífera aventura de ocho bits.

Los tiempos de treinta y dos bits, por su parte, serán recordados sobre todo por a unión de superhéroes y un género que, por lo visto, les va como anillo al dedo: el de la lucha. Fue entonces cuando vieron la luz títulos como el explosivo Marvel vs. Capcom, que ayudaron considerablemente a revitalizar a muchos héroes del mundo de las viñetas. Otros, en cambio, no lo necesitaban. Como el siempre activo Spider-Man, que en PSOne recibió el que sería (y tal vez aún siga siendo) su lanzamiento más destacable hasta la fecha (Spider-Man, 2000), firmado en este caso por Activision. El juego tuvo una secuela al poco tiempo, que no obstante no logró igualar la calidad del primero.

Por supuesto, resulta evidente que en los últimos años los estrenos cinematográficos han permitido a las compañías desarrolladoras de videojuegos crear todo tipo de adaptaciones, en algunos casos con mejor suerte que en otros. Ya sucedía así en la época de PSOne, en la que incluso vimos aparecer títulos de personajes secundarios de la Marvel, como el por aquel entonces popular matavampiros Blade, quien tuvo su propio videojuego también en el año 2000.

En PlayStation 2 también fuimos testigos de todo tipo de lanzamientos muy distintos en cuanto a calidad y éxito, la mayoría de ellos basados en estrenos peliculeros. Aunque no todos. Algunos, como X-Men Legends (Activision, 2004) y su secuela ofrecían nuevos alicientes, presentando aventuras en la que el rol y la acción se daban la mano. Por supuesto, otros veteranos como Spider-Man seguían a su ritmo, con estrenos casi anuales y en la mayoría de los casos con más pena que gloria.

Con las consolas actuales, en cambio, ha aparecido un nuevo concepto de “superhéroe”, nacido como consecuencia de la evolución del género sandbox (o juego abierto tipo GTA). Juegos, en efecto, protagonizados por héroes, pero anónimos en este caso, cuyas identidades y poderes han sido creados desde cero por los guionistas de las propias compañías. Lo más claros ejemplos de esta moda podrían ser los exitosos inFamous de Sony o Prototype de Activision.

Estas aventuras, eso sí, han seguido conviviendo con personajes más emblemáticos, que han resucitado -una vez más- como consecuencia de sus nuevos saltos a la gran pantalla. Por ejemplo, últimamente hemos podido disfrutar de juegos como el entretenido Capitán América Super Soldier o las dos entregas de Iron Man, todos desarrollados por la propia Sega.

En realidad, reunir en un solo artículo todos los lanzamientos que hemos visto a lo largo de la cada vez más dilatada historia de los videojuegos sería toda una hazaña, pero sí es acertado asegurar que ambos mundos, héroes y ocio electrónico, siempre han mantenido una relación muy estrecha y próspera. Y está claro que parece que va a seguir siendo así por mucho tiempo, más aún después de ver el éxito de lanzamientos como Batman Arkham City. Esperemos que sea realmente así y que la gran cantidad de productos que salen a la venta cada año no terminen por fatigar demasiado el mercado y a los propios usuarios. Eso, en cualquier caso, solamente el tiempo lo dirá.

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