¿Rescate de focas alienígenas?, en Splinter Cell: Blacklist es posible

Ya hace unos años que no sabemos nada de él, pero su recuerdo siempre sigue presente. Sam Fisher, el protagonista de Tom Clancy's Splinter Cell nos demostró que hay otra forma de hacer espionaje. Su llegada en 2002, cuando el público tenía el género más presente que nunca tras el retorno de Metal Gear Solid, su secuela e incluso otra franquicia que se acercaba a esta premisa a su estilo, Syphon Filter, aparecía un héroe en las sombras mucho más ágil y peligroso.

Su primer videojuego fue un éxito, apareciendo en todas las plataformas posibles del momento bajo el amparo de Ubisoft Montreal y Ubisoft Shanghai, algo que propició el lanzamiento de un total de 7 juegos en los que Splinter Cell: Blacklist dejó la guinda el pasado 2013. Pero no estamos aquí para repasar trayectorias, por mucho que se lo merezcan, ni para compungirnos por la desaparición de una saga; hemos venido a hablar de secretos, sobre todo de uno bastante extraño.

El culpable es el videojuego de transición entre la generación de PlayStation 2, Xbox, GameCube y la de Xbox 360, PlayStation 3 y Wii: Tom Clancy's Splinter Cell: Double Agent. En este título, Fisher debe hacerse pasar por miembro de una célula terrorista para infiltrarse en ella y evitar que utilice una peligrosa sustancia conocida como Mercurio rojo. Nuestro protagonista hacía de agente doble (de ahí el nombre) para asegurar la paz mundial a las órdenes de Third Echelon. Y lo más interesante de todo esto es que, de todo lo que el jugador podía hacer tanto en solitario como en compañía, una de las posibilidades era llevar a cabo una misión para rescatar a bebés foca del espacio exterior.

Suena a película de Serie B, pero la realidad es que, efectivamente, es el objetivo de una de las misiones que se podían llevar a cabo en el juego. Su naturaleza era tan secreta y estaba tan oculta que tuvo que ser uno de los diseñadores de niveles de Ubisoft Montreal, autor de la misión, quien la revelara a través de un tutorial en Vimeo (desgraciadamente, el vídeo fue eliminado). En él, Julien Daunais, junto con un colega del departamento de QA, jugaban una partida a dobles para enseñar qué había que hacer para encontrar este easter egg.

Lo complicado aquí era prácticamente todo: encontrarlo, superarlo y tener la paciencia par hacerlo. Uno de los mayores inconvenientes que presentaba la misión de los bebés foca extraterrestres era la necesidad de contar con otro jugador, ya que solo podía realizarse en el modo cooperativo. Una vez cumplido este requisito, comenzaba una ardua tarea de búsqueda, de confianza y de rescate.

Foquitas con nombres como Galleta o Magdalena (en inglés) se encontraban escondidas por diferentes escenarios del juego. Una vez las encontrabas, algo complicado ya que no había ni una pista sobre su paradero, tocaba ganarse su confianza. ¿Matar a alguien que tenía a la pobre Galleta en peligro?, ¿proteger a Magdalena en un peligroso tiroteo? No. Estas focas galácticas te pedían cosas tan tontas como conseguir un gorro de fiesta, una flor, leer algo… Lo normal para un ser de otro planeta.

El proceso gozaba de un plus de complejidad, ya que cada una de ellas requería algo en concreto y, en caso de equivocarte, se esfumaba para siempre. En caso de errar, había que repetirlo todo desde el principio y pedirle a tu compañero que se lo tomara con calma. Afortunadamente, no era algo excesivamente largo. Sabiendo los pasos a seguir esta misión secreta se podía realizar en tan solo media hora.

¿Qué empujaría a Ubisoft a incluir algo así en Splinter Cell: Double Agent?, ¿por qué las focas extraterrestres pedían recados tan insignificantes? No sabemos las respuesta, ni tampoco queremos saberlas. Lo que sí sabemos es que el equipo de desarrollo logró introducir un secreto tan intrincado y surrealista que nadie fue capaz de encontrarlo y que, desde luego, supone otra curiosa anécdota a sumar a la historia de los videojuegos.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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