¿SABÍAS QUE… Atari creó una empresa para competir consigo misma?

¿SABÍAS QUE… Atari creó una empresa para competir consigo misma?

Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, el apartado de AlfaBetaJuega dedicado a las curiosidades y la historia del videojuego. Bastantes veces hemos tenido a Atari como protagonista en esta sección, pero es que no es para menos. La trayectoria de la empresa de Nolan Bushnell es digna más que de un documental, de un folletín por entregas. En aquellas oficinas hubo de todo, incluyendo drogas y espionaje industrial. Lo primero ya tiene delito, pero es que lo segundo no se queda corto si pensamos que el topo de Atari era la propia Atari.

Esta semana veremos la historia de una argucia made in Nolan Bushnell, que se las ingenió para asegurarse una mayor parte de un pastel que de manera tácita y con un comportamiento digno de caballeros, estaba o pretendía estar equilibradamente repartido. Picaresca, conspiración y doble juego, esta semana en ¿Sabías que…?



Mis empresas, mi distribuidor y yo


Dice el dicho popular que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Considerando cómo se las gastaba un Nolan Bushnell 40 años más joven que ahora, bien podría ser la excepción que confirmase la regla. Nolan Bushnell contaba con 30 años en 1973, pero venía de fundar el año anterior una empresa a la que había bautizado como Atari, porque era una expresión procedente de uno de sus juegos favoritos, el go. Por eso y porque una comuna hippie le había quitado el nombre que pensaba registrar: Syzygy. Suena al nombre de un personaje de los dibujos de Hannah-Barbera que se tirase medio episodio zampando bocatas y haciendo gracias, pero es un fenómeno astrológico consistente en una alineación de cuerpos celestiales, de tres de ellos concretamente, en un sistema gravitacional. Qué se le va a hacer, Atari tampoco está mal.

Atari fue la empresa de videojuegos por excelencia de los años setenta y primeros ochenta. Comenzó, después de que Bushnell quedara prendado de Spacewar! y quisiera llevarlo a los salones recreativos como Computer Space, en este negocio de las recreativas en el que sobre el papel no tendría que haber mucha competencia. Al fin y al cabo, era un sector el de los videojuegos que acababa de nacer. Craso error, porque aunque su propia industria estuviera todavía verde, la escasez de mercado doméstico hacía que conquistar bares y boleras fuera el quid de la cuestión, y ahí se las tenían que ver aún con los clásicos. Futbolines, billares y especialmente máquinas de pinball y hasta gramolas en las que la juventud metía su calderilla para que sonara su canción favorita.

Algo digno de anotar de este sector recreativo estadounidense era que funcionaba en base a una especie de código de honor entre distribuidores que ayudaba a que si un fabricante ya se había asegurado un canal de distribución, no le cortara las alas a otro. El secreto estaba en que existía un acuerdo tácito por el que cual cada uno de estos distribuidores solo compraba una gama de artículos determinados a un solo fabricante, y no podía coincidir con el de otro. Es decir, que si Atari ya tenía un acuerdo de distribución para una serie de locales, la empresa que llevase el resto de salones no le compraría a ellos, se buscaría a otro fabricante. Así todos tenían su hueco, pero a Nolan Bushnell esto no le bastaba. Así sucedió en 1973 que a Atari le salió competencia.



Kee Games hacía acto de presencia de una manera que a Bushnell le revolvía la bilis. Era una empresa que había fundado su antiguo amigo Joe Keenan, lo cual ya era visto con recelo. Que se metiera en sus pastos, pase. Que resultase que sus juegos eran clones de los de Atari, pues chico, ya dicen que el plagio es la mejor forma de halago. Pero que encima Keenan le birlara a dos de sus mejores talentos, Steve Bristow y Gil Williams, eso ya era algo por lo que Bushnell no estaba dispuesta a pasar. Cuando salía el tema de Kee Games en una conversación, el bueno de Nolan echaba fuego por las muelas. “Esos bastardos”, era como les llamaba si tenía el día suave, aunque normalmente se refería a ellos como “chacales”. Eso es lo que pasaba de puertas para afuera. De puertas para adentro, Nolan Bushnell se frotaba las manos. Todo estaba saliendo según el plan. Nadie se podía imaginar, o eso pensaba, que Kee Games fuera en realidad una subsidiaria de Atari, que estaba llevándose dos bocados de la tarta cuando solo tenían derecho a uno.

“Sólo los paranoicos sobreviven”, una frase de un antiguo presidente de Intel, Andy Grove, que Bushnell hizo suya y que da título al capítulo en el estupendo libro The Ultimate History of Video Games recoge este episodio. “Quería adueñarme de la competición, así que creé al segundo en discordia”. Un plan digno de Lex Luthor no por la concepción, sino por los detalles. Y es que además del cruce de palabras, Steve Bristow se vino arriba e introdujo el espionaje industrial entre Kee y Atari sobre el tablero de juego: “Un fin de semana conduje hasta la parte trasera del edificio de Atari. Mientras mi esposa hablaba con un guarda de seguridad y le mantenía ocupado, arrojé varios circuitos impresos y piezas de equipo por la ventana y los guardé en mi coche”, confesaba el ingeniero. Todo para dar más veracidad a una treta que, según aseguran los protagonistas, los distribuidores ni se olieron. Solo uno, Joe Robbins, pareció calar a Bushnell, pero decidió seguirle el juego tras hacerle saber en persona que sabía de qué palo iba. A la vista de los resultados, se había ganado su respeto.

Sin embargo, Kee Games había resultado ser demasiado buena en lo suyo. Atari se había centrado demasiado en Pong y se había quedado rezagada mientras Bristow creaba Tank, el gran éxito de 1974. Era un tanque negro contra un tanque blanco, un juego competitivo, pero lo bastante rompedor como para que a finales de ese año arrasara por doquier. Atari había montado la estrategia para afianzarse en el número uno y se estaba viendo relegada al número dos. Para colmo de males, el desastroso lanzamiento de Grantrak 10, un juego de conducción que se lanzó con un precio erróneamente situado 100 dólares por debajo de su coste, le había hecho mella en sus finanzas. Keenan lo hubiera tenido muy fácil, solo tendría que ver cómo Atari moría lentamente y emerger poderoso e independiente de entre los restos. Pero finalmente, la fusión se hizo oficial y Joe Keenan, que había ejercido su papel directivo de una manera ejemplar, pasó a ocupar el sillón de presidente de ambas compañías, un cargo para el que Nolan Bushnell había comprobado que no estaba hecho. Su plan funcionó, pero la victoria le supo muy amarga.



No menos amargo es para nosotros despedir otra entrega de ¿Sabías que…?, pero regresaremos en siete días con más episodios curiosos sobre los videojuegos. Hasta entonces, cuidado con las bilocaciones y no intentes estar en más de un sitio a la vez.
 

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