¿SABÍAS QUE… Atari estuvo a punto de distribuir la NES en todo el mundo fuera de Japón?

¿SABÍAS QUE… Atari estuvo a punto de distribuir la NES en todo el mundo fuera de Japón?

Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, la sección de AlfaBetaJuega dedicada a la historia de los videojuegos y sus curiosidades. A la cual es un tanto asídua, o por lo menos es muy mencionada, la compañía Atari. Pero es que no es para menos. Atari tenía una cierta fama de ser muy particular, y de que, bueno, si las paredes de sus despachos hablasen tendrían anécdotas para contar durante años.

Una de ellas sería, más que una anécdota, uno de esos acontecimientos históricos que hubiesen cambiado el mundo tal como lo conocemos a día de hoy. El mundo del videojuego, se entiende, aunque quién sabe cómo nos veríamos si en 1983 se llega a firmar un acuerdo que hubiera dado a Atari la licencia para distribuir la Famicom, la consola que en occidente sería posteriormente la NES, y que ese mismo verano desembarcaba en su país natal de una manera muy prometedora. Pero ya sabemos que eso no sucedió, lo que te vamos a contar es por qué en esta entrega de ¿Sabías que…?



Eligió… mal

Alguna vez hemos comentado que en el género literario de las ucronías, historias que transcurren en una línea temporal divergente, existe lo que se llama el Punto Jonbar. Se trata de eventos de suficiente magnitud e importancia como para que cada uno de sus posibles resultados provoque otras tantas realidades en las que cada una recoge la consecuencia de dicho resultado. Estos eventos suelen ser inadvertidos en su momento, pero sumamente frágiles, y son sucesos que no quieres fastidiar. Lo hemos aprendido de Flash, de Regreso al futuro y de El sonido del trueno. Y en ocasiones, puede resultar que para que la historia se escriba como debía (o no, quién sabe) no hay más remedio que elegir la peor opción. Visto en retrospectiva, es posible que esto fuese lo que pensasen en Atari muchos años después de que en 1983 dejasen escapar el negocio de su vida. Como diría el guardián templario de Indiana Jones y la última cruzada, “Eligió… mal”.

Precisamente ese 1983 lo sacamos a colación hace poco en un entrega acerca del ordenador Adam de Coleco. Un año muy movidito, annus horribilis, que se suele decir, para la industria del videojuego. Atari ya venía con pérdidas del ejercicio de 1982, pero a mediados de año le tocó la lotería y no supo verlo. Nadie sabe qué habría sido de la industria del videojuego si durante el Consumer Electronics Show de aquel verano en Chicago se hubiese llegado a firmar y anunciar el acuerdo de licencia por el cual Atari hubiera tenido la plena facultad de distribuir, ellos y solo ellos, la versión occidental de la consola Famicom de Nintendo por todo el globo. La historia, sin embargo, es bien diferente.

El primer movimiento lo hace Nintendo al buscar distribución fuera de Japón. La todavía no tan gran N ya había tenido contacto con empresas americanas, precisamente con Coleco y Atari a habían firmado sus respectivas licencias de Donkey Kong. Como recordarás, a los primeros les dieron la licencia para consolas y a los segundos la de las adaptaciones para ordenador personal. Bien, dejemos este punto bien apartadito, como la guarnición de un filete, para paladearlo posteriormente. Ahora veamos cómo Nintendo deshoja la margarita para encontrar el compañero de viaje que llevará de su mano a la futura NES por todo el globo. Coleco, con quienes en este punto tenían relaciones favorables, hubiera sido una elección lógica. Pero Hiroshi Yamauchi, presidente de Nintendo, lo tenía muy claro. Hay que hablar con Atari.



Howard Lincoln, presidente de Nintendo of America, contactó con Warner Bros., propietarios entonces de Atari, y con su homónimo en la compañía estadounidense, Ray Kassar. Les presentó una oferta que pensaba que no podrían rechazar, pero en la que realmente era Nintendo quien se lo llevaba muerto. Resumiéndola mucho, dicha oferta perseguía los canales de distribución y cartera de clientes de Atari, que se llevaría, faltaría más, unos pertinentes royalties por consola vendida, pero todo el control sobre futuros desarrollos quedaría en manos de los japoneses, asegurándose de mirar con lupa todo lo que tocara su consola. Leído a fecha de 2016 puede sonar de lo más normal, pero en 1983 Nintendo no estaba en posición de poner condiciones. Su entrada en los arcades estadounidenses con Radar Scope no fue el éxito ni de lejos que había supuesto en Japón, y aunque Donkey Kong sí había sido un megahit no le daba carta blanca para negociar ante una Atari en posición de superioridad. Para su sorpresa, Kassar y los suyos se mostraron receptivos. Tanto que Lincoln lo daba por firmado.

Todo claro entonces, durante el CES 1983 se firmarían los documentos, el acuerdo se anunciaría y se buscaría un plan de distribución para que la NES entrase en Estados Unidos y el resto del planeta. De hecho, Nintendo tenía especial interés en no perderse la campaña navideña de ese mismo año, a pesar de los signos de agotamiento que 1982 ya había dejado en el mercado de los videojuegos. Famicom, sin embargo, es otra cosa. Es una revolución, el público no había visto nada igual aún. Y entonces, la trama se complica. ¿Te acuerdas de Coleco? Nintendo se encuentra con que han publicado a sus espaldas una versión de Donkey Kong para un ordenador, algo para lo que no tienen los derechos. Y da la casualidad de que los derechos que acaban de transgredir son los de Atari. Ray Kassar, que también es genio y figura, no pierde el tiempo en escribir a los japoneses una airada carta denunciando la violación de su contrato de licencia, y esto provoca que el mismísimo Hiroshi Yamauchi entre en una reunión entre las tres partes hecho un basilisco y jurando en arameo contra Coleco. En realidad juraba en japonés, pero para ellos era lo mismo.



Apagado, relativamente, el fuego de Donkey Kong, todo parece listo para echar esa firmita de marras. Pero quiso el destino que, solo semanas después, Ray Kassar fuese fulminantemente despedido por haber usado su posición para aprovechar información privilegiada, un grave delito. Nintendo empieza a ver que le crecen los enanos cuando su principal valedor abandona la empresa con la que estaba negociando en medio de un escándalo notorio. Pero la gota que colmó el vaso fue descubrir que Atari estaba jugando a dos bandas. Y es que los americanos no eran tan tontos como se lo hacían. Por supuesto que el acuerdo que proponía Nintendo era un órdago, eso lo sabían desde el primer momento. Pero era la mejor opción que tuvieron durante el tiempo en que tardaron en evaluar su nuevo proyecto: la Atari 7800. Una evolución de su tecnología que era retrocompatible con la Atari 2600, mostraba más, mejores y más coloridos sprites en pantalla que la Atari 5200, y lo mejor de todo, sus pruebas habían demostrado que su hardware era superior al de esa Famicom que los nipones les querían endosar.

Kassar les había estado siguiendo la corriente para ver a qué se enfrentarían cuando su nuevo dispositivo estuviera a la venta, y ahora que lo sabían la respuesta era una sonora pedorreta. Nada podía fallar, hasta tenían ya su juego vendeconsolas: Ninja Golf. Un juego de acción y deportes que mezcla la imaginería ninja y el golf, porque – y esto es el razonamiento literal de Atari contado por el propio desarrollador del juego – “A la gente le gustan los ninjas y le gustan los deportes. Ergo, Ninja Golf”. Lo que Atari no vio venir fue que el público ya no quería otra consola al uso, y que sus escasos juegos no eran lo bastante interesantes. Nintendo, por contra, había conseguido que sus ports de recreativas como Donkey Kong o Mario Bros. hicieran que los jugadores practicaran en casa y luego se lucieran en los recreativos demostrando lo aprendido. Y además, había juegazos. El resultado final, ya sabrás de sobras, es que la NES fue un verdadero bombazo. Uno del que Atari, al final, no vió ni un centavo.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…? Volveremos en siete días sin negociaciones ni cláusulas ocultas a contarte más curiosidades sobre videojuegos. Hasta entonces, no hagas enfadar a directivos japoneses. Gritan mucho y hacen muchos aspavientos, y eso da miedo.

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