¿SABÍAS QUE… Centipede fue la primera recreativa diseñada por una mujer?

¿SABÍAS QUE… Centipede fue la primera recreativa diseñada por una mujer?

Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, nuestra sección semanal dedicada a las curiosidades y la historia de los videojuegos. Entre las recreativas clásicas que devoraron cuartos de dólar a espuertas a principios de los ochenta, hay algunos nombres que todavía siguen en el recuerdo. Se trata de colosos como Space Invaders, Pac-Man o Donkey Kong, pero con ellos se codean ilustres veteranos de la talla de Berzerk, Tempest o Defender, y entre ellos, la primera recreativa en cuyo diseño tomó parte una mujer, Dona Bailey, co-creadora de Centipede.

De esta recreativa, su nacimiento y la aportación de Bailey al mundo de los videojuegos, así como a los lamentables motivos que llevaron a su retirada de este secotr, vamos a hablar en esta entrega de ¿Sabías que…? que podrás comenzar a leer tras el salto. Eso sí, ojo con los bichos.



Los misterios del gusano

Pensar en los salones recreativos es pensar en locales en los que suena una cacofonía de músicas electrónicas, pitidos y chasquidos procedentes de botones y palancas. Todo ello regado con un característico olor a tabaco y hormona brava procedente de la parroquia, buena parte de ella con la pubertad en plena ebullición. Un entorno, salvo por algunas excepciones, tradicionalmente masculino. Ya en el mundo del videojuego en general, el porcentaje de mujeres que forman parte de la industria no es que sea precisamente elevado. Considerar que alguna de las recreativas que acababan con chicles pegados en los laterales, quemaduras de cigarros y desconchones tenía la mano de una de ellas parecía disparatado. Que además esto fuese en 1981, casi impensable. Pero no imposible.

Es 1980 y Dona Bailey está en una tienda de discos que uno de sus mejores amigos regenta en Santa Bárbara, California, su localidad de residencia. Está examinando el álbum que un nuevo grupo, unos británicos que se hacían llamar The Pretenders, acaba de sacar a la venta con su propio nombre. Dona lo escucha con cierto agrado, especialmente la pista número 5 de su cara A, y entonces cae en la cuenta del título: “Space Invader”. Fascinada por este nombre, acude al mostrador donde se encuentra su amigo y le pregunta qué significa eso de Space Invader, si tiene algún sentido. “¡Space Invaders es un videojuego alucinante!”, le responde éste. “¿Qué es un videojuego?”, replica Dona. La cosa está muy clara, se tercia una visita a los recreativos.

Pese a que no ha oído hablar de los videojuegos, Dona no es ajena al mundo de la informática. De hecho, tiene un talento por el que se la rifarían muchas empresas de Estados Unidos, y es que Dona es programadora. Una de las pocas mujeres que se habían decidido a entrar en este mundo y que poseía suficientes conocimientos técnicos como para aspirar a formar parte de la plantilla de empresas punteras. Pero los videojuegos no habían entrado en su radar hasta el día en que pisó un salón arcade por primera vez, se puso a los mandos de Space Invaders y cuando abandonó el local tenía clara una cosa en su cabeza. Ya no quería seguir en su puesto de trabajo para General Motors programando un display que mostraba las condiciones meteorológicas en el salpicadero. Dona Bailey se veía capaz de hacer un Space Invaders. Dona Bailey quería programar para Atari.

Y lo consiguió. Durante dos años, al menos, tiempo suficiente para que dejase su autoría y su huella en el mundo de los videojuegos con una recreativa muy particular. “Yo era una de las pocas mujeres en Estados Unidos que tenía experiencia con el lenguaje Ensamblador, y eso me convirtió en una de las pocas mujeres lo suficientemente cualificadas como para trabajar en Atari”, contaba la propia Bailey durante una entrevista para el programa Hello World de Motherboard, donde lo define como “trabajar para una hermandad universitaria”. Cuenta también que la forma de trabajar a la hora de crear juegos en Atari era tomar una idea como punto de partida, de modo que tras un brainstorming, la plantilla anotaba las ideas que iban surgiendo en una libreta y de ahí se iban escogiendo. Dona no tenía una idea propia, y casi todas las que veía consistían en “disparar o freir” enemigos en pantalla. “Había una idea descrita en una sola frase sobre un insecto formado por varios segmentos que se arrastraba por la pantalla y al que el jugador debía disparar. No me parecía mal disparar a un bicho, así que esa fue la que escogí”.

La idea no era otra que la que daría forma a Centipede, un juego en el que, como decía la descripción, el jugador dispara desde una pequeña nave a un enorme ciempiés que desciende por la pantalla en zig zag, cambiando su curso cuando choca con unas setas. Cuando alguna parte de su cuerpo es alcanzada, se transforma en una de estas setas y su eliminación provoca la división de las partes conectadas, de modo que a menos que se le acierte en la cabeza o en la cola, cada mitad avanzará por un lado, y así sucesivamente. Ed Logg fue el otro padre de la criatura, quien junto a Dona Bailey completó el diseño del juego aportando ideas propias y combinándolas con las de Dona. Logg se encargaba del diseño, Dona de la programación, y quiso aprovechar que tenía un punto de vista distinto a mano. Le dijo a Dona que quería que su juego atrayese también a las mujeres. “A mí me gustan los tonos pastel”, respondió su compañera. “Creo que deberíamos hacer que fuera visualmente visualmente diferente”. La estética no fue la única aportación de Bailey. La molesta araña que se mueve rápidamente por la pantalla y que el jugador debe esquivar o eliminar es cosa suya, y el motivo no es otro que este: “No me gustan las arañas. Las odio de verdad, y la que aparece en el juego es bastante incordiosa, es como de dibujos animados. Me gusta poder darle una lección”.

Pese a que la autoría de Centipede es compartida por Dona Bailey y Ed Logg, lo cierto es que la aportación de Bailey es sumamente notoria. Y sin embargo, fue la incomprensión y el recelo lo que la llevó no solo a apartarse de los videojuegos, sino a abandonar Atari: “Hacer algo así no siempre es popular, y lo primero que pasó… no estaba preparada para eso, y aún no sabría cómo tratar con ello… es que la gente empezó, ya sabes, a decir que salió de chiripa o que yo no lo hice, que fue otro. Soy una persona muy pacífica y me harté de discutir, así que desaparecí y perdí el contacto con la industria durante cerca de veinte años”, confesaba Dona Bailey a Gamasutra en 2007. Su legado es un juego que ha quedado grabado con letras de oro en la historia de los arcades. Incluso se le ha dedicado específicamente una parte del metraje de la película Pixels, de Chris Columbus, que pese a la tibia valoración de la cinta, y sobre todo a pesar de Adam Sandler, al menos ha vuelto a poner unos cuantos juegos clásicos en el candelero.



Así nos arrastramos hasta el final de esta entrega de ¿Sabías que…?. Como siempre, te esperamos en una próxima ocasión, así que hasta entonces, cuidado con los bichos con pautas de movimiento extrañas, y si no tienes un rayo láser a mano, mejor huye de los que tengan muchas patas.

 

Publicaciones relacionadas

Cerrar