¿SABÍAS QUE… dos de los juegos de Spectrum más extraños tenían premio?

¿SABÍAS QUE… dos de los juegos de Spectrum más extraños tenían premio?

Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, la sección en la que repasamos la historia y curiosidades asociadas a los videojuegos. ¿Recuerdas el gran tesoro valorado en miles de dólares que podían conseguir los jugadores estadounidenses de la serie de juegos Swordquest para Atari 2600? Pues no fueron ni muchos los únicos que montaron una búsqueda del tesoro en la vida real con pistas ocultas en el juego. En el Reino Unido se hizo algo similar, aunque el verdadero reto era jugar a los delirantes videojuegos para los que servían de reclamo.

Tras ello estaba Mel Croucher, todo un personaje, y el estudio Automata UK, al que debemos el videojuego más surrealista e irreal que se recuerda en el ZX Spectrum, Deus Ex Machina, pero no fue la única de sus obras que desconcertó a los jugadores. Aunque al menos con las dos anteriores podían llevarse un suculento premio que, en uno de los casos, estaba valorado en 6.000 libras, si es que podían encontrarlo en el lugar y momento indicados. Te lo contamos esta semana en ¿Sabías que…?



Me llamo Tío Groucho y acabas de ganar un puro

En todos los ámbitos hay pioneros, y en todos los ámbitos esos pioneros son más o menos peculiares en cierta medida. El Reino Unido fue una de las grandes potencias del desarrollo de videojuegos durante los años ochenta a nivel internacional, y de sus estudios salieron grandes joyas. Como los juegos de Ocean, las primeras aventuras isométricas con el sello de Ultimate, la empresa ahora conocida como Rare o las memorables videoaventuras de Mikro-Gen protagonizadas por la familia Week. También es, sin embargo, el hogar del diseñador de videojuegos más extraño que ha visto el mundillo.

¿Recuerdas a Peter Molyneux? Invocar a la mente creadora de Curiosity son palabras mayores, pero es precisamente el ejemplo con el que mejor se puede entender a Mel Croucher. Molyneux consiguió que una ingente cantidad de personas estuviese tapeando en su móvil a la vez picando ingentes cantidades de diminutos cubos para dejar al descubierto un secreto “que cambiaría sus vidas”. Croucher, en cambio, de 1982 a 1985 tuvo a su clientela jugando a unas aventuras conversacionales para el ZX Spectrum verdaderamente irreales en pos de una búsqueda del tesoro en toda regla en el mundo real. Croucher, nacido en el año 1948, empezó su carrera profesional como arquitecto, pero con el auge de los microordenadores se decidió a hacerse un hueco en el entretenimiento interactivo echando mano de su faceta de escritor. Y puede que de alguna sustancia psicotrópica, porque solo así se explican sus juegos.

En 1982, la empresa británica Automata UK lanza bajo la batuta de Mel Croucher el juego PiMania, protagonizado por un grotesco hombrecillo de nariz alargada llamado Piman. Piman, siendo el Hombre Pi vive en el mundo del número Pi, donde todo es surrealista y alocado, y donde el jugador, tras dar con la entrada a ese mundo en el primer comando que debe introducir en el juego a modo de clave (un enigma que reza simplemente “Una llave gira la cerradura”) ahora debe encontrar la salida y regresar al mundo real. Pero antes hay que atravesar una verdadera paranoia de situaciones tales como “Estás encerrado en una jaula de desesperación total”, además de tener que lidiar con el Piman, que de vez en cuando se aburre y quiere que le demos alguno de los objetos que llevamos. Todo ello mientras suena la canción grabada en la cara B de la cinta, una composición “conceptual”. Para quien tuviera las tragaderas y la reserva de cordura como para aguantar PiMania, había un premio muy especial que solo podía conseguirse acudiendo determinado día del año a determinado lugar. Y dicho premio era un reloj de sol de oro valorado en 6.000 libras esterlinas. No es ninguna baratija.

Lo cierto es que Automata UK ya empieza presumiendo de cartera potente prometiendo una recompensa de 100 libras a cualquiera que denunciase la copia de su juego, haciendo de la codicia su propio mecanismo anti-piratería. Hasta 1985, el reto de PiMania no tuvo ganador. Finalmente fueron Sue Cooper y Lizi Newman quienes dedujeron que había que ir el 22 de julio a las colinas con figuras de tiza de High and Over en Sussex para recibir el tesoro, que le fue entregado por el propio Piman en persona. Un concurso rocambolesco, pero no único. Y es que en 1983, Croucher repitió la jugada con otro juego y otro premio.

Este juego, al menos, tiene un título tan largo como genial: My Name is Uncle Groucho, You Win a Fat Cigar (“Me llamo Tío Groucho, has ganado un puro”). Un título que poco tiene que envidiar a “Jirafas en ensalada de lomos de caballo”, el fallido proyecto cinematográfico de Salvador Dalí y Harpo Marx. En… dejémoslo en Uncle Groucho… la misión consistía en encontrar en Hollywood al mismísimo Groucho Marx mientras acumulas cigarros puros en otra aventura conversacional al igual que PiMania apoyada con algunas representaciones gráficas en pantalla. Localizado el cómico, éste nos daba pistas para descubrir la identidad de “un famoso personaje de Hollywood”. Y si adivinábamos correctamente su identidad… nos daba pistas para adivinar otro. En este estaba el quid de la cuestión, ya que quienes mandaran por correo esta segunda identidad misteriosa a Automaton UK junto con un slogan ingenioso para la compañía entrarían en un sorteo celebrado el 1 de junio de 1984 para ganar un viaje a Hollywood en el jubilado Concorde para conocer a la estrella en cuestión (Mickey Mouse, por cierto). Y lo mejor, el viaje de regreso a Inglaterra. Un crucero a bordo del famoso y lujoso transatlántico Queen Elizabeth II. El agraciado fue Phil Daley, y su slogan “Nuestros juegos no llevan sangre, es todo salsa de tomate”.



No obstante, el título de Mel Croucher que alcanzó verdadero culto fue el inclasificable Deus Ex Machina, juego que repasaba siete estadios de la vida de un ser artificial que a lo largo de una serie de minijuegos y la narración contenida en la cassette (con la voz entre otros de Jon Pertwee, el tercero en encarnar al protagonista de la longeva serie Doctor Who) iba creciendo y adquiriendo una serie de rasgos propios de la humanidad en función de los cuales se definía la puntuación final. Este no tenía premio, más que conseguir conservar intactas las neuronas.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…? Y si antes de siete días no encuentras un tesoro, te ofreceremos uno cuando volvamos para contarte más anécdotas y curiosidades del mundo del videojuego. Aunque sea nuestro cálido abrazo. ¿Puede eso compararse con 6.000 libras? No es necesario que respondas…

Publicaciones relacionadas

Cerrar