¿SABÍAS QUE… el acto de volcar con furia una mesa ha inspirado una recreativa en Japón?

Bienvenido a una nueva entrega de nuestra sección ¿Sabías que…? en la que repasamos algunas curiosidades relativas al mundo de los videojuegos. Y para curioso lo que se puede ver en los salones recreativos japoneses. Hablamos de gente que ha convertido en juegos de recreativa, con muebles adaptados, por supuesto, actos como sacar a pasear al perro o criar escarabajos para que luchen entre sí. Pues bien, todo eso salta por los aires con este juego de Taito. En el sentido más estricto.

El furioso acto de dar manotazos en la mesa como un energúmeno y luego, hecho una furia, agarrar los bordes y volcarla, tiene una expresión que sirve para expresar una metáfora relativa a hacer borrón y cuenta nueva. Pero los 100 yenes que cuesta jugar a Cho Chabudai Gaeshi no dan metáforas a cambio. Descubre la curiosa mecánica de este juego a continuación en nuestra sección ¿Sabías que…?



¡Todo por el aire!

Japón es un país de fuertes contrastes. Un lugar donde la tradición milenaria puede convivir con la más moderna tecnología. Donde se han postulado avances y teorías que han hecho avanzar el progreso, pero donde todavía existen tabúes y complejos que en pleno siglo XXI siguen resultado chocantes. Japón y sus habitantes son otro mundo. Hay que quererles, qué se le va a hacer. Porque una cosa es bien cierta y es que si Japón no existiese habría que inventarlo.

La cultura japonesa es algo que toca bastante de cerca a los aficionados a los videojuegos. Muchos de los clásicos de esta industria han llegado desde el archipiélago nipón, y varios de sus diseñadores son reconocidos como personalidades clave, cuando no como verdaderos genios. Shigeru Miyamoto, sin ir más lejos, sería el ejemplo por excelencia y es que el creador de Mario sirve perfectamente para ilustrar una de las expresiones populares del país del sol naciente: “chabudai gaeshi”. Literalmente, “dar la vuelta a la mesa”. Se comprende mejor si ilustramos la escena. Imaginemos a una serie de personas reunidas en una habitación en torno a una mesita de salón de estilo japonés (un chabudai) sobre la que seguramente descansarán varios utensilio cotidianos, quizá tazas de té, algún libro o revista, etcétera. Hasta aquí, todo normal.

En un momento dado, a una de esas personas se le cruza un cable, se agarra un cabreo monumental, coge dicha mesa por el canto y, en pleno arrebato, empuja verticalmente, provocando que ésta vuelque o incluso vuele por los aires. Eso es el chabudai gaeshi, y el propio Miyamoto lo definió en su momento como “un acto propio de padres japoneses chapados a la antigua” que a día de hoy “podría destruir familias”. Curiosamente, en el seno de la propia Nintendo se usa la expresión chabudai gaeshi en su modo figurativo para definir lo que precisamente hace Shigeru Miyamoto en su forma de trabajar, y es que al diseñador no le caen los anillos por coger un desarrollo a medias que no le convenza, mandar todo a rodar y empezar de nuevo.



Pues bien, allá por el año 2009, en Taito se lo tomaron más al pie de la letra que en Nintendo para desarrollar un arcade alrededor de este concepto. En el país en el que uno puede jugar a recreativas consistentes en sacar a pasear al perro llevando una correa y caminando por una cinta, Cho Chabudai Gaeshi es, precisamente, un simulador de mandar a paseo la mesa del salón. Y al mismo tiempo es un liberador estupendo de estrés. Pero veamos cómo funciona, porque la cosa tiene su miga.

En Cho Chabudai Gaeshi, las partidas duran un minuto y nos dan a elegir entre varios escenarios. El más popular es el de un padre de familia que es ninguneado por su esposa e hijos y que reclama el respeto que merece como cabeza de familia, pero tenemos también a un profesor ante una clase de niños no muy bien educados, una novia que no lleva muy bien su propia boda, un oficinista que está al borde del telele o un cliente insatisfecho en una casa de acompañantes. En todos los casos, la mecánica es la misma. El control del arcade es, cómo no, una de estas mesas chabudai que simplemente tendremos que golpear con manotazos enérgicos para llamar la atención de los personajes que hay en pantalla, lógicamente en el momento más eficiente posible. Con esto, la tensión irá aumentando hasta el punto en el que por fin podremos estallar y mandar el chabudai a freír espárragos.

Y en ese momento tiene lugar la catarsis del juego. El resultado de nuestra grosería se ve realzado por varias repeticiones, una de ellas a cámara lenta con giro estilo Matrix mientras una canción vocal suena de fondo – la letra aparece para que podamos cantarla y dejarnos llevar – para dar más epicidad al momento, y todos los objetos volcados, distancias, impactos y conclusiones en definitiva del arrebato serán contabilizadas y debidamente puntuadas ante los estupefactos rostros de los personajes presentes. Y ya está, nuestro único propósito será quedar como el más irritable del salón marcando un récord y, de paso, liberar tensiones, que siempre viene bien.

Cho Chabudai Gaeshi es uno de esos juegos que solo podían hacerse en Japón, y por lo que como era de esperar se quedó allí. No ya por el declive de los recreativos en occidente, sino porque quién va a dejarse 100 yenes, casi un euro, en arrearle un viaje a una mesa de mentira en una partida de como mucho un minuto de duración. Seguramente, en una mala noche algo de público tendría, pero hay cosas que deben estar donde pertenecen. Aunque a Miyamoto no le gusten.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…? que cerramos con mucha calma y nervios templados. Te emplazamos a la próxima, recomendándote que respires hondo y cuentes hasta diez antes de sentir el impulso de girar superficies horizontales con cosas encima. Hasta la próxima. 

Publicaciones relacionadas

Cerrar