¿SABÍAS QUE… el Amstrad y el Spectrum también tuvieron sus mascotas?

¿SABÍAS QUE… el Amstrad y el Spectrum también tuvieron sus mascotas?

Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, el apartado de AlfaBetaJuega dedicado a la historia de los videojuegos y sus curiosidades. Esta semana, de nuevo vamos a remontarnos a la época de los ordenadores de 8 bits, en concreto a sus principios en la primera mitad de la década de los ochenta. Y aunque no queremos revivir la cruda rivalidad entre el Spectrum y el Amstrad, previa al ancestral conflicto Nintendo-Sega, estas dos marcas son las que están hoy bajo los focos. O mejor dicho, sus mascotas.

Porque aunque no lo recuerdes, quizá ni lo conozcas, Spectrum tenía su mascota, como Mario. Pero hay que decir que Mario es algo más agraciado que el personaje en cuestión. Y aún se lleva mejor parte que la mascota de Amstrad, que de hecho, ni siquiera tiene forma definida, sino que en realidad es… bueno, mejor veamos los detalles en esta entrega de ¿Sabías que…?



Horacio y Rolando, fijaté, se fueron a esquiar


Como alguna vez hemos hablado, todo sistema de entretenimiento que se precie, léase de videojuegos, ha de tener una mascota. Porque así, además de que entra más fácilmente por el ojo de la chavalería, tienen un personaje colorido, seguramente de grandes ojos y mirada achispada, con el que podrán identificar su afición hacia dicho sistema. Una personalización de los grandes ratos que has pasado con tu máquina favorita y que va a pasar a ser tu mejor amigo. Llámese Sonic, llámese Mario, llámese Crash o llámese Bonk, las mascotas, en la guerra de los sistemas son lo que han de portar el estandarte. Luego están aquellas que han sido olvidadas y que en su día ya eran un tanto difíciles de ver.

Es quizá comprensible que en los primeros ochenta, el concepto de mascota para el mundo de los videojuegos, aún en pañales, fuese un tanto particular. Pero si Nintendo ya barruntaba a un señor bajito con gorra y bigote mientras Namco se inspiraba en un trozo de pizza, en los hogares británicos donde el ZX Spectrum se vendía como el pan recién hecho se terciaba introducir a un personaje que mostrara a los usuarios lo divertido que era jugar con el viejo “gomas”. Esa tarea recaería en Horace, una creación de William Tang desde la desarrolladora Beam Software que acabaría siendo el personaje señera del ordenador de Sir Clive Sinclair gracias a su propia serie de juegos, pese a que éstos fueron multiplataforma.

Horace debuta en 1982 con el juego Hungry Horace, un clon de Pac-Man en el que nuestro hambriento héroe debía recoger comida en un parque como si de un indigente se tratase. Lo malo es que a los guardas del parque esto no les hace gracia, y persiguen al bueno de Horace para que cese y desista. Horace, por su parte, parece cualquier cosa menos un ser humano. Es un ser críptido, una enorme cabeza con dos grandes ojos blancos y pegado a ella un bracito y dos piernas. Horace es un poema, un amorfo, desgarbado, inhumano poema, pero dotado de muchas virtudes. Como lanzarse a las pistas de Baqueira o de donde sea menester en su siguiente juego, Horace Goes Skiing, siempre que no se deje el dinero en ambulancias al intentar cruzar la concurrida carretera que le separa de la diversión; o enfrentarse a repulsivas arañas en Horace and the Spiders, un juego bastante inspirado en el clásico Lode Runner. En todos los casos, Horace mantiene su enigmático y antinatural sprite. Un sprite que sigue dentro de los corazones de los usuarios de Spectrum, porque la belleza está en el interior.



En el caso de Amstrad CPC, el ordenador que fue la competencia del Spectrum en España, el tema de su mascota es, si cabe, aún más curioso. En televisión y sus logos, Amstrad usaba unos cocodrilos que, en forma de marioneta y haciendo gamberradas, promocionaban los productos Amstrad, sobre todo sus cadenas de alta fidelidad. Pero estos reptiles no fueron los elegidos para protagonizar los videojuegos que la división de software Amsoft, con el apoyo de los españoles Indescomp, empezarían a comercializar en los inicios de la máquina. El elegido fue Roland. Roland Perry, uno de los diseñadores del Amstrad CPC, para más señas, pero este señor tampoco era el que salía en los juegos. El primero de ellos, Roland in the Caves, de 1983, estaba protagonizado por un simpático bichito morado que saltaba dentro de una cueva con la esperanza de escapar de un pterodáctilo. Pero es que el segundo, Roland on the Ropes presentaba a un Indiana Jones narigudo que recorría catacumbas huyendo de fantasmas, murciélagos y demás peligros. ¿Son el mismo personaje? Pues es difícil de responder, porque ni siquiera son sus propios juegos. Son, respectivamente, La Pulga y Fred, de Indescomp, rebautizados fruto del acuerdo con la empresa de Alan Sugar.

Roland no es un personaje en sí mismo, al menos no uno definido. La mascota de Amstrad, amigo/a lector/a no es ni un individuo, ni un animal, ni una cabeza con patas siquiera. La mascota es, rizando el rizo, un nombre. Roland no solo homenaje a Roland Perry, sino también al propio nombre en clave de la máquina, Arnold, con el que comparte letras. Así, Amsoft optó por incluir varios juegos protagonizados por Roland con los ordenadores CPC, que en realidad eran en su mayoría clones de otros juegos. Pero cuidado, que Roland se atrevía con todo. Podía ser un avezado pirata en Roland Ahoy!, presta a reunir munición y asaltar un puerto caribeño, o podía luchar contra los extraterrestres en Roland Goes Digging, otro clon de Lode Runner y más evidente si cabe. Pero el culmen de Roland es convertirse nada menos que en el protagonista de Doctor Who, con su sintonía y todo, en Roland in Time, un juego que sigue las pautas de Manic Miner pero que incluye hasta una TARDIS, y que ojo, tendría hasta secuela: Roland in Space. Como en el caso de Horace, a Roland, sea como sea, tenga el aspecto que tenga, también se le quiere.

Hasta aquí esta edición de ¿Sabías que…? Volvemos en siete días con más curiosidades. Hasta entonces, ahí dejamos la cuestión: ¿Tendrían posibilidad alguna los personajes de Smash Bros. contra el metamorfo Roland y el polivalente Horace? Apostaríamos nuestras antiguas pesetas por ellos siempre.

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