¿SABÍAS QUE… el personaje más tímido de la saga Super Mario se basa en alguien real?

¿SABÍAS QUE… el personaje más tímido de la saga Super Mario se basa en alguien real?

Bienvenidos a ¿Sabías que…?, la sección de AlfaBetaJuega dedicada a la historia de los videojuegos y sus curiosidades. Los personajes de Super Mario Bros. y sus secuelas son memorables, ciertamente. Ampliamente reconocidos por el público de todo el mundo, han sido plasmados no solo en videojuegos, sino que también aparecen en series de televisión, incontables objetos de merchandising y, aunque esto quizá prefieras olvidarlo, una película de acción real de los años noventa.

Si nos ponemos a nombrar personajes, la lista es bastante nutrida. Pero desde Super Mario Bros. 3 podemos encontrar en ella un personaje que es altamente peculiar. Se trata del fantasma Boo, que tiene su variante en King Boo, uno de los pocos fantasmas capaces de conducir un kart y muy presto por su diseño sencillo y gracioso y su forma redondeada a calar entre el público.

Lo que no es tan conocido ni su identidad tan famosa es la de la persona real que inspiró a Boo, y no por su figura ni mucho menos, sino más bien por su carácter. Una historia que narró en su día el mismísimo Shigeru Miyamoto y que esta semana te vamos a contar. Un caso moderno de doctor Jekyll y Mr. Hyde que ha pasado a los anales del videojuego.

Descubre de dónde viene Boo y su característica timidez en esta entrega de ¿Sabías que…?.

Las dos caras de la señora Tezuka

En bastantes ocasiones, los personajes de ficción, y eso incluye los de videojuego, tienen su inspiración o su reflejo en alguien real. Sirva como ejemplo el propio Mario, que recibe su nombre del propietario de uno de los almacenes de Nintendo en Estados Unidos, Mario Segale. O el de Master Higgins, que no es otro que la versión pixelada del jugón, estrella mediática y empleado de Hudson Soft Toshiyuki Takahashi, alias Takahashi Meijin, alias el hombre con los dedos más rápidos del mundo.

No es necesario inspirar un aspecto o un nombre, cualquier rasgo puede servir para dejar huella en la historia de los videojuegos. Y eso le pasó de manera involuntaria a alguien que de por sí ya tenía relación con el equipo de desarrollo de Super Mario Bros. 3. En este juego, una de las mejores entregas de la saga y de los más míticos cartuchos de la NES, hicieron su debut algunos personajes y trajes para Mario. Nos ocupa uno de los primeros.

Se trata del fantasma Boo, la temible bola de ectoplasma con cara feroz que acecha al fontanero desde su espalda, cuando no le está mirando. Pero cuando Mario (o Luigi) se gira, las tornas cambian. El fantasma queda paralizado e inundado por el bochorno de tener la firme pero amorosa mirada de un fontanero de Brooklyn clavada en sus pupilas, pasando de amenaza seria a sonrojado pegote en una fracción de segundo. Boo es un personaje de sobras conocido y que ha sido imagen de mucho merchandising, pero ante todo, el entrañable espíritu es la traslación al juego de un familiar de uno de sus diseñadores.

Takashi Tezuka tuvo esta alocada ocurrencia un buen día, y no hay más que ver las pruebas para saber que cuajó como es debido. El propio Shigeru Miyamoto contó la historia de la concepción de Boo para las páginas de la legendaria revista Nintendo Power: «El señor Tezuka tuvo la idea de incluir a su mujer en el juego. Su esposa, normalmente, es bastante callada, pero un día explotó enloquecida por todo el tiempo que pasaba en el trabajo».

«Ahora, en el juego hay un personaje que se encoge cuando Mario le mira, pero cuando se gira, crece y se vuelve amenazante«, decía Miyamoto. Efectivamente, Boo es la señora Tezuka, ni más ni menos. Y aunque sabemos que las intensas jornadas laborales de su esposo no las llevaba muy bien, desconocemos cómo tuvo que lidiar con la manifestación de su cabreo en el juego. Esperemos que la creación de Boo no resintiera su vida conyugal.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…? Nos encontraremos de nuevo, pero sin cruzar las miradas para evitar incomodidades, en siete días. Hasta entonces, recuerda que ojos que no ven, corazón que no siente.

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