¿SABÍAS QUE… el primer Grand Theft Auto se hizo publicidad negativa adrede?

¿SABÍAS QUE… el primer Grand Theft Auto se hizo publicidad negativa adrede?

Bienvenidos a una nueva entrega de nuestra sección ¿Sabías que…?, el apartado dedicado a las curiosidades relacionadas con los videojuegos. Cabe dentro de lo posible que estés leyendo estas líneas después de que hace relativamente poco hayas estado jugando a alguna de las entregas de la serie Grand Theft Auto, de Rockstar. O mejor dicho, del estudio hoy conocido como Rockstar. Sus orígenes eran muy diferentes. Aunque algo no ha cambiado, son juegos que escandalizan con una facilidad pasmosa.

Pero si bien la primera de sus entregas armó un revuelo más que notable, hay que decir que tuvo un ligero empujoncito, y es más, esta ayuda le vino desde su propia casa, nada menos. Generalmente, los videojuegos no son muy amigos de la mala publicidad, pero observa qué estrategia llevó a cabo Grand Theft Auto para asegurarse estar en boca de todo el mundo en este nuevo ¿Sabías que…?



Se ofenden, luego conducimos


Doom. Carmageddon, Grand Theft Auto. Tres títulos de entre una buena colección que tienen algo en común que salta a simple vista. Que sus generosas cantidades de violencia pusieron el grito en el cielo por parte de padres, educadores y medios generalistas cuando éstos descubrieron que estaban en circulación, y aún peor, al alcance de la impresionable juventud. Solo faltaba que después de los horrores desencadenados por el “macabro juego del rol” los jóvenes se lanzaran a tumba abierta conduciendo coches robados por las coches. Lo que es verdaderamente extraño es que a Grand Theft Auto no le importó demasiado que se le demonizara. Es más, se los buscó a pulso.

Grand Theft Auto, el original, tiene un nacimiento que es en sí mismo curioso. Y es que antes de Rockstar estaba DMA Design, como eran conocidos entonces. Y antes de Grand Theft Auto estaba Race and Chase, un juego de carreras multijugador con especial énfasis en los choques. A esto se le añadía la presencia de la policía, que amablemente nos tenía que invitar a arrimarnos al arcén y separar las manos del volante si nos daba por hacer demasiado el burro. Esto era en la teoría, porque en la práctica, un glitch en Race and Chase acabó haciendo que los policías perdieran la chaveta y nos dieran de nuestra propia medicina embistiéndonos como si no hubiera un mañana. Las lógicas risas dieron para que David Jones y Mike Dailly le dieran vueltas a ese concepto y devolvieran Race and Chase a la mesa de diseño para convertirlo en algo nuevo. En parte también porque el juego, según los grupos de pruebas, era una castaña.

De modo que si lo que gustaba era gente haciendo el animal al volante, pues ahí van tres tazas. Grand Theft Auto permitía hacer lo que significa esta expresión, que no es otra cosa que llevar a cabo el robo de un vehículo. En este caso, se podía hacer en marcha incluso, parando el automóvil y sacando a su conductor de él con violencia. Se le podía atropellar salvajemente para mayor recochineo. Precisamente el destino reservado a nuestros rivales en el modo multijugador. El juego era pura diversión descerebrada, aunque Jones y Dailly, y especialmente el relaciones públicas Max Clifford sabían muy bien que habían metido los pies es un jardín del que no iba a ser fácil salir. Pero contrariamente a lo que cabría pensar, Clifford no tenía mucho problema con ello. De hecho, hizo algo que a otro en su mismo puesto le hubiese llevado a cuestionarse su propia cordura.



Poco después de su lanzamiento, los periódicos y los informaticos de televisión recogían reacciones a la barbarie de Grand Theft Auto, ese nuevo y pernicioso producto para la juventud. Gente opinaba sobre si un videojuego así era apropiado, otra gente afirmaba rotundamente que no, y expertos y celebridades se pronunciaban posicionándose generalmente del lado de cerrar ese pozo de perdición bajo siete llaves y arrojarlo a lo más hondo del océano. No les cogía de nuevas a Jones y Dailly. Y no porque conocieran su juego mejor que nadie, no. Es que sabían perfectamente quién estaba detrás de todo: “Max Clifford fue el que hizo todo eso sucediera”.

Los dos desarrolladores lo confesaron no hace mucho al periódico británico The Sunday Times, cómo Clifford cogió el aspecto más problemático del producto y le dió la vuelta como a un calcetín para obrar en su favor: “Él diseñó todo el alboroto, lo cuál garantizó que los medios se hicieran eco. Hacía lo que fuese para mantenerlo en el candelero”. Y tanto es así que incluso se dice que Rockstar llegó a pagar por esa publicidad negativa como si fuera una campaña al uso. Una que, inadvertidamente, los propios medios de comunicación se encargaron de propagar como un reguero de pólvora: “Él nos dijo cómo teníamos que actuar, a quién iba a culpar, qué es lo que la gente diría de aquellos a los que culpara… Cada palabra que dijo se hizo realidad”, cuenta Jones.

En otras circunstancias, esta mala fama seguramente hubiera hundido otra clase de producto. Pero a Grand Theft Auto, le acoso y derribo le vino como anillo al dedo en un ejercicio de psicología inversa digno de estudiarse en las escuelas. Y es que no hay nada como mostrarle a la juventud algo que contraviene todos los valores de lo que es bueno y decente y pintarlo como nocivo para que, ipso facto, la curiosidad haga el resto. No hace falta decir que Grand Theft Auto y sus posteriores secuelas fueron los superéxitos que conocemos hoy día y que han puesto a Rockstar en el mapa. No obstante, a partir de 1999 Rockstar tuvo que seguir adelante sin el genio publicitario de Clifford, si bien a esas alturas Grand Theft Auto ya era un título de sobras conocido. Desde luego, se puede debatir si el fin justifica los medios, pero está clarísimo que la filosofía de Max Clifford es que hablen de uno, aunque sea mal. Pero que hablen.

Por cierto, dicen las malas lenguas que aquí termina esta entrega de ¿Sabías que…?, pero amenaza con volver en una próxima ocasión para repasar más curiosidades relacionadas con los videojuegos. Hasta entonces, aléjate de escándalos, cierra bien el coche y si has de anunciar algo, recuerda dejar estas tretas a los polemistas profesionales.

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