¿SABÍAS QUE… el primer Splatterhouse para consolas salió en Famicom?

¿SABÍAS QUE… el primer Splatterhouse para consolas salió en Famicom?

Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, la sección de AlfaBetaJuega dedicada a las curiosidades del mundo de los videojuegos. Recordarás, seguramente, la saga Splatterhouse, una serie de juegos de acción con un ambientación terrorífica salpicada de gore y criaturas deformes, que tomaba no pocos referentes del cine de terror y cuya segunda y tercera entrega se publicaron en la consola Mega Drive de Sega. Pero la primera quedó para los arcades y la consola TurboGrafx-16, PC Engine en Japón. ¿Fueron estos los únicos sistemas en los que Rick se puso la Máscara del Terror para rescatar a su novia Jennifer de horrores innombrables? Pues no, y es más, tampoco la conversión para PC Engine fue el primer Splatterhouse en llegar a los hogares.

Ese honor le corresponde al juego del que vamos a hablar hoy y que puede que no sea lo que tienes en mente. Splatterhouse: Wanpaku Graffiti para la Nintendo Famicom da más risa que miedo, y esa es precisamente la idea. Ya que nunca salió de Japón, vamos a hacernos eco de este episodio velado de la saga en esta entrega de ¿Sabías que…?



Noche de miedito

Dos jóvenes enamorados, una tormenta feroz, una mansión que se recorta en la distancia y un grito en la noche. Con estos elementos empieza la recreativa de 1988 Splatterhouse, de Namco, un arcade que no se cortaba en mostrar decapitaciones, mutilaciones, aplastamientos y demás masacres, y todo a cargo de un protagonista que parecía el primo hermano culturista de Jason Voorhees. Splatterhouse era el particular homenaje de Namco al cine de terror con especial hincapié en el género slasher, pero con un fuerte toque paranormal. Splatterhouse cuenta la historia de Rick y Jennifer, la pareja sorprendida por la tormenta durante lo que se presuponía un plácido día de campo y que va a tener la desgracia de entrar en la mansión West, llamada así por el protagonista de la película y relato de H. P. Lovecraft Re-Animator.

Lo siguiente es una odisea de pesadilla en la que el pobre Rick como unos seres horrendos se llevan a Jennifer y lo dejan baldado y medio muerto en el suelo. Y ya lo que le faltaba, una máscara flotante empieza a hablarle y le propone un trato mediante el cual será su instrumento de venganza. Con el poder de la máscara, Rick atraviesa la mansión West en busca de Jennifer con un desenlace que no desvelaremos, pero que Mega Drive se prolongó por dos entregas más. Ahora bien, pese a que la conversión hecha en 1990 de la recreativa Splatterhouse es merecidamente uno de los mejores títulos del catálogo de PC Engine, TurboGrafx-16 en occidente, no fue este sistema el primero en traer a Rick a los hogares.

Uno no espera que Nintendo, esa compañía amigable y familiar, sea la primera elección para ponerse a hablar a la hora de negociar una adaptación doméstica de un juego como Splatterhouse, pero la prueba la tiene, quizá, más de un japonés en su desván en el cartucho Splatterhouse: Wanpaku Graffiti para la consola Famicom, la NES nipona. ¿Es posible que Nintendo diera su aprobación a un juego que contenía tales cotas de violencia. Pues lo cierto es que… no. Claro está, aquí hay truco, y es que el título ya tiene algo que no encaja incluso sin dominar el japonés. Ese “Wanpaku Graffiti” no suena a subtítulo terrorífico. Y no, no lo es. “Wanpaku” viene a ser algo así como “travieso”, y un simple vistazo a una captura de este Splatterhouse lo explica todo. La terrorífica mansión West, Rick y sus tétricos habitantes infernales pasan a ser en este cartucho una serie de monísimos, aunque retorcidos, casa cosa lo que sea, personajes con un aire marcadamente paródico. Aunque en esta ocasión, el comienzo es verdaderamente inusual, ya que vemos a Jennifer, que se encuentra llorando sobre la tumba de Rick, provocando con ello su resurrección, pero solo a tiempo de ver cómo es secuestrada por el malvado King Pumpkin.

Y es que se puede decir que los hermanos Wayans no inventaron nada con Scary Movie. No, aquí estaba en 1989 Splatterhouse: Wanpaku Graffiti, un juego que no solo se ríe de su propia encarnación de recreativa mostrando a los monstruos conocidos para que sean pasto del Rick más achuchable y regordete que se puede imaginar, sino que además pasan por sus bits tronchantes homenajes a diversos iconos de la cultura popular y a momentos del cine de género que los fans reconocerán enseguida. Por ejemplo, ya en el primer nivel, Rick se topa con un temible vampiro bailongo. Bueno, no tan temible, porque el amigo resulta ser nada menos que un imitador de Michael Jackson que invoca a un coro de criaturas para marcarse un bailecito a lo Thriller. Esta es solo la primera de una serie de escenas que están sacadas de obras como Tiburón, La Mosca o El Exorcista. Para muestra, otro botón: en determinada estancia vemos una mujer cuyo pecho explota y del que manan larvas alienígenas. No pasa nada, porque cuando Rick da buena cuenta de los bichos, la señorita se recompone y se va por su propio pie. Y otra más, a cargo de una cabeza de alce que se parte la caja (si la tuviese) en el último nivel del juego, tal como presenciaba Ash en Terroríficamente Muertos, Evil Dead 2 para los angloparlantes.

Realmente el valor de Splatterhouse: Wanpaku Graffity es eminentemente como curiosidad, porque como juego no es nada del otro jueves. Cierto, tiene detalles graciosos, y la verdad es que se deja controlar bastante bien, y eso lo sitúa en el rango de los juegos correctos. Sus gráficos son muy simpáticos, también es verdad. Pero desgraciadamente no tiene nada más que lo haga memorable. Nunca llegó a salir del archipiélago, por lo que aquí es un ilustre desconocido. Sin embargo, de haberlo hecho, lo más seguro es que tampoco hubiese despuntado especialmente. Pero ojo, porque a los ídem del fan de la saga, el final de Wanpaku Graffiti es tremebundo. Nos vas a permitir el spoiler para poder entrar en detalle: superados todos los niveles, Rick y Jennifer se funden en un cálido abrazo. Y cuando empiezan a disfrutar de su reunión… alguien grita “¡Corten!”. En efecto, todo es una película, de ahí los homenajes al séptimo arte, y el director felicita a Rick por su actuación. Llegados a este punto, el juego tiene dos ítems, sendas bolas de cristal, que expanden más este final. Uno muestra que justo después de que Rick se quite la máscara y se vaya con Jennifer y el elogio del director, la máscara que reposa en el suelo cobra vida haciendo ver que, oh, puede que sí hubiera algo que fuese lo que parecía. El otro, muestra una segunda secuencia en la que Rick y Jennifer disfrutan tras el trabajo bien hecho… en el campo… en pleno día de tormenta… y, caramba, Jennifer sugiere ir a esa mansión que se ve a lo lejos para no mojarse… Oh, oh.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…?, que ahora regresa a su tumba hasta un próximo regreso. Hasta entonces, ojo con dónde te metes en día de tormenta, y no te pongas en la cara que encuentres en el suelo. 

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