¿SABÍAS QUE… Electronic Arts no quiso publicar este juego por ser demasiado violento?

Bienvenidos a nuestra sección ¿Sabías que…?, en la que repasamos algunas curiosidades del mundo de los videojuegos. Aunque a veces, dichos videojuegos no lleguen a ver la luz, al menos oficialmente. Al igual que sucede con el cine, hay desarrollos que jamás se comercializan por diversas razones, siendo una de ellas que finalmente la editora considere que el juego en cuestión no es apropiado o que puede ser contraproducente.

Ahora bien, en 1998 parecía que empezábamos a estar curados de espanto. Había salido al mercado Grand Theft Auto el año anterior, armando un gran revuelo. También lo había hecho Carmageddon, el juego que despertó mayor polémica hasta el momento. Tiempo atrás, títulos como Mortal Kombat o Doom nos mostraron el mundo de la casquería con todo lujo de detalles. ¿Qué pudo horrorizar entonces a Electronic Arts hasta el punto de rechazar publicar un desarrollo de Paradox Development que iba a poner en circulación Virgin Interactive hasta el momento de ser adquirida? ¿Cómo de demencial y de retorcido era ese Thrill Kill para PlayStation que los nuevos propietarios querían ver encerrado bajo siete llaves para siempre jamás?

Lo veremos en la entrega de esta semana de nuestra sección ¿Sabías que…? justo a continuación.

Para, para que me matas



De cara al ejercicio de 1998 y con PlayStation asentada en el mercado, la editora Virgin Interactive y el estudio Paradox Development estaban preparando un juego de lucha, algo que al parecer entusiasmaba a la chavalería de la época. Los juegos de lucha en tres dimensiones se habían ganado un hueco con las series Tekken y Virtua Fighter, y dado que la licencia de Namco iba por su tercera entrega, que había tenido incluso una variante con armas llamada Soul Edge que a su vez venía precedida del Toshinden de Takara y que incluso Squaresoft se atrevía con Tobal Nº 1, con personajes diseñados por Akira Toriyama, desarrollar un motor para este tipo de juegos parecía una buena idea.

Además, dicho motor iba a posibilitar la participación de cuatro jugadores simultáneos, algo que seguro que al público le iba a encantar y que a buen seguro sería un gran reclamo para el juego. Solo había un problema, y es para verano de ese mismo año, Virgin Interactive iba a cambiar de dueños. Electronic Arts, que ya tenía estrechos lazos con Virgin, sacó a pasear el talonario desde su rama del Pacífico y adquirió la compañía. Lógicamente, tras esto los nuevos dueños pasaron revista a ver en qué habían invertido su dinero y con qué efectivos contaban para asaltar el mercado. Pero desde luego no estaban preparados para lo que vieron.

Bajo el título de Thrill Kill, el que parecía en principio ser un juego de lucha al uso acabó siendo uno de los títulos malditos que nunca llegó a formar parte del catálogo de PlayStation. No por los cauces corrientes, queremos decir. El motivo es que el juego era absolutamente demencial. No solo por sus personajes, que incluían fauna del estilo de una sirvienta francesa, unos hermanos siameses, un loco con camisa de fuerza, un extraño doctor con una terrorífica dentadura o un carnicero en toda la extensión del término. Thrill Kill enfrentaba a cuatro jugadores a base de puñetazos y patadas, pero estos golpes no causaban ningún daño en sus tres oponentes. En su lugar, rellenaban una barra especial que, una vez completa otorgaba la facultad de… matar. En ese momento, el objetivo del resto de personajes pasaba a ser huir frenéticamente de su asesino, contando incluso con un movimiento especial que arrojaba a uno de los desafortunados rivales en el camino del homicida. Si no se consumaba el asesinato en un corto espacio de tiempo, se volvía a empezar.

Pero había carnaza: la animación de la ejecución era realmente cruda. Thrill Kill no se cortaba un pelo en mostrar mutilaciones, decapitaciones, extracción de higadillos e intestinos y prácticas de índole sadomasoquista. Cuando solo quedaban dos jugadores en pie, quien consiguiera dar buena cuenta del otro activaba el ThrillKill, una animación especial con la que se ponía fin a sus penas de manera sangrienta. Cuando los ejecutivos de Electronic Arts se recuperaron del pasmo pensaron que Thrill Kill no era precisamente lo que necesitaban. No les emocionaba tener a una horda de padres, educadores, censores y organizaciones dedicadas a la defensa de las buenas costumbres pidiendo hacer con sus cabezas lo que acababan de ver en el juego, de modo que el martillo de cancelar se puso en marcha y golpeó a Thrill Kill de lleno.

Pero el golpe no fue definitivo. A pesar de que Thrill Kill quedó inconcluso, el código fuente consiguió llegar a la red de redes y filtrarse para poder ser conseguido bajo cuerda en forma de versiones pirata por los usuarios que pudieran hacerlo funcionar mediante un emulador. Es la manera en el que el juego que hubiese desatado una controversia que seguramente hubiese dejado en pañales a todas las anteriores ha perdurado hasta nuestros días. El mundo no estaba preparado para tales dosis de perversión y locura, aunque ¿lo estará alguna vez?

Hasta aquí esta entrega de nuestra sección ¿Sabías que…?, que cerramos recomendándoos alejaros de los maníacos que quieran probar suerte en el mundo de la lucha, especialmente si tienen la dentadura como una sierra de calar. Nos veremos en la próxima entrega.

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