¿SABÍAS QUE… la culpa de que Gandhi te aniquile en Civilization la tiene la democracia?

Bienvenidos a nuestra sección ¿Sabías que…?, el apartado en el que repasamos curiosidades de los videojuegos. Y muy curioso es que un icono por excelencia del pacifismo como es Mahatma Gandhi pueda llegar a ser tan belicoso en la saga Civilization como para sacar a pasear a la mínima su arsenal nuclear. Su mal pronto en estos juegos es legendario, hasta el punto de que no se le caen los anillos por borrar de la faz de la tierra una civilización enemiga a base de explosiones atómicas. ¿Por qué, Gandhi? ¿Por qué tanto odio?

Hay un motivo por el que el líder hindú muestra este comportamiento. Podríamos decir que Gandhi es tan bueno, tan y tan bueno, que de bueno que es… se vuelve malo. Y esto es casi literal. Qué puede transformar a un pacifista de tomo y lomo en un obseso por la carrera armamentística nuclear en Civilization es lo que vamos a ver en esta entrega de ¿Sabías que…?, justo a continuación.


No me culpe a mí, culpe a la democracia


Si Mahatma Gandhi, abanderado de la resistencia pasiva, hubiera sabido que en Civilization se le retrataría como alguien que gusta de volatilizar potencias rivales, la sola idea hubiese bastado para provocarle lipotimias coronarias. La imagen de Gandhi es la de un hombre calmado, pacífico, que aborrece toda forma de violencia. Cómo va a alzar la mano contra alguien, mucho menos lanzar un ataque nuclear. Esas cosas solo pasan en los videojuegos, y precisamente de un videojuego le viene ese lado tan contradictorio. En Civilization, Gandhi pasa de ser una bellísima persona a ser un tipo de mecha corta que declara guerras como el que encarga una pizza. ¿Qué puede ocasionar esta metamorfosis tan radical?

¿Es culpa del gobierno? ¿O de la sociedad? ¿Es culpa de la tele y la publicidad? No exactamente, y tampoco de Canadá, como decía la canción de South Park, aunque sí hay un canadiense de por medio. Sid Meier, uno de los grandes diseñadores de la historia de los videojuegos y natural de Sarnia, Ontario, creció rodeado de maquetas primero y de juegos de mesa después. El maravilloso mundo de otros mundos, valga la redundancia, con reglas preestablecidas para el comportamiento de los jugadores fue lo que cautivó al joven Sid, que una vez terminados sus estudios de informática y ya trabajando como programador, lo tuvo bastante claro. Los juegos de mesa eran muy válidos para ser simulados en forma de videojuegos. Y de simulaciones, los que sabían un rato eran MicroProse, compañía especializada en el género que comenzó con simuladores de aviación. Para ellos creó Civilization, que en el fondo, era un juego de mesa a lo bruto.

Metafóricamente, Meier sumergió Risk en una cuba de esteroides y lo que salió fue Civilization, un juego en el que no solo se puede conquistar el mundo a pelo, sino que hay varias formas de ganar pensadas según diferentes estilos de juego. A estas alturas, raro será que quede alguien que no lo conozca, pero refrescaremos la memoria explicando que Civilization es un juego de estrategia por turnos en el que varias civilizaciones compiten por la hegemonía mundial evolucionando a través de los siglos, aprendiendo nuevas tecnologías, filosofías y formas de gobierno, y construyendo las Maravillas de la Humanidad para pasar a la historia.

Hay sitio para la diplomacia, la acción directa, el comercio y el subterfugio, y para facilitar la variedad, los dirigentes de las civilizaciones tienen su propia “personalidad” que hace que éstas progresen de diferentes maneras. En esto influyen también las formas de gobierno, puesto que aplican unos modificadores en la manera de actuar del líder que influyen en el curso a seguir.



En el caso de Gandhi, como era lo lógico, parte con la agresividad al mínimo, porque así es él. En una escala del 1 al 10 en el juego original, Gandhi llevaba ese 1 con orgullo. El hombre que proclamaba la no violencia no iba a ponerse soltar sopapos así como así, no es de recibo. Pero aquí entra la política. Irónicamente, el ideal de Gandhi de un mundo libre y en paz va a desmoronarse por culpa de… la democracia. La forma de gobierno que deja las decisiones al pueblo va a ser, quien lo iba a decir, la perdición del mundo en Civilization cuando la India esté por medio. El motivo es que la democracia resta 2 puntos a esa variable de agresividad que incita a que el líder sea más belicoso.

Pero Gandhi solo tiene 1 punto que restarse de una variable que ocupa un byte, es decir, ocho bits. Osease, los valores que puede alcanzar van de un mínimo de 0 a un máximo de 255. Gandhi ha de restar 2 a su 1, pero del 0 no puede pasar al -1 porque ese valor no existe para este caso. Cuando se vuelve atrás desde el 0, se reinicia el contador. Así es, lector. Para cumplir su sueño demócrata, para ser aún más pacifista, Gandhi ha de volverse el ser más belicoso sobre la faz de la Tierra.

Cuando adopta esta forma de gobierno, en pro de la democracia Gandhi dedicará todos sus esfuerzos a desarrollar la carrera armamentística de la India hasta ser el primero, y no dudes que lo hará, en tener cabezas nucleares con los nombres de todos los líderes mundiales que no sean él mismo escritos en ellas. Ya puedes darte prisa en afilar tus puntas de flecha y en hacer que sus soldados aprendan a montar a caballo. Apresúrate con la pólvora y esos cañones. Cada día que pasa falta menos para que el despiadado demócrata Gandhi lance sus pepinos atómicos y convierta tus tierras en un yermo páramo radiactivo. En cierto modo, esta contradicción es hasta graciosa. Al menos, la comunidad de jugadores terminó por captar la ironía. Eso sí, primero les pareció chocante, irritante y hasta desesperante. Pero hay que reconocer que visto en frío tiene su guasa.



En MicroProse también les pareció hilarante y decidieron que el guiño de un Gandhi que represente una amenaza nuclear solo con que se le crucen los cables era tan paradójico y a la vez tan genial que debía ser la broma recurrente de la franquicia. Corrigieron el fallo de la variable, pero mantuvieron el afán del dirigente por las explosiones en forma de hongo. Tan es así que desde entonces hay que ir con mucho cuidado con Gandhi. Es un buen tipo hasta que alguien le hace enfadar, y con la democracia, amigo, no se juega.

Hasta aquí nuestra entrega de hoy de ¿Sabías que…?. Esperamos verte de nuevo en siete días, si Gandhi quiere. Hasta entonces, no olvides el traje antirradiación y las provisiones por si de repente unos objetos alargados empiezan a cruzar el cielo desde Nueva Delhi.

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