¿SABÍAS QUE… los videojuegos también han incluido olores en varias ocasiones?

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Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, la sección de AlfaBetaJuega dedicada a la historia de los videojuegos y sus curiosidades.. Siendo un medio eminentemente audiovisual, los sentidos a los que van dirigidos los videojuegos son, claramente, la vista y el oído. Y aunque su tacto suele ser similar, pegarle un lametazo a un DVD no suele llevar a nada interesante, y con el auge del formato digital, ahí no hay futuro. El olor, en cambio, ya es otra cosa.

Ha habido algunas ocasiones en las que los videojuegos, como otros medios han intentado también, apelaron al sentido del olfato para ampliar sus horizontes. Y lo hicieron con una tecnología bastante popular en algunos países, especialmente entre la chiquillería. Los famosos cromos de Rasca y Huele, que por aquí también tuvimos en su momento, han sido los protagonistas en tres ocasiones para ciertas ediciones de sendos juegos. Y no son juegos cualquiera.

Estamos hablando de juegos de primerísimo nivel que han figurado entre los referentes de sus plataformas (por lo menos, dos de tres) y que han hecho uso de esta nueva sensación para sumergirnos mejor en su mundo a través de nuestras narices.

Esta semana te hablamos de la sinfonía de olores que desencadenaron estos tres juegos a lo largo de tres generaciones distintas de consolas en esta entrega de ¿Sabías que…?

Olfato para los juegos

La tecnología es algo fascinante y maravilloso. Qué impacto produce algún tipo de producto cuando toma al asalto nuestros sentidos de manera inesperada. Por ejemplo, los videojuegos ya disponen de gráficos cada vez más realistas y de bandas sonoras que ponen los vellos de punta. Los dispositivos hápticos están intentando introducir el tacto en la ecuación para hacernos notar, de momento en las manos, el roce de los sólidos ficticios que solo están ahí en un mundo virtual. Falta que alguien se las ingenie para que podamos llegar a saborear los juegos. Porque olernos, los hemos podido oler también. Por lo menos, en tres ocasiones.

La culpa la tienen las tarjetas Rasca y Huele, o Scratch and Sniff para los angloparlantes, una sensación de especial impacto en Estados Unidos y en Reino Unido en forma de pequeños cartoncitos con una zona que, al ser rascada, liberaba como promete una esencia que llega a nuestra pituitaria. Este sistema se quiso emplear, por ejemplo, en el cine, repartiendo cartones con determinadas áreas distinguidas con números que había que rascar conforme éstos salieran en la pantalla. En los videojuegos, algo de esto hubo también.

Earthbound, el famoso juego de rol de HAL Laboratory para Super Nintendo, incluía únicamente en su edición para Estados Unidos seis de estas tarjetas de rascar y oler en el reverso de su guía. De ellas, cinco representaban a Ness y a varias de las criaturas del juego. Y si se rascaban, lógicamente, cada uno olía diferente. Pero según cuentan desde allende el océano, más de uno de estos olores era nauseabundo. Uno de ellos, no obstante, jugaba parte en un concurso, y es que si se adivinaba el olor que escondía la carta, la cual había que remitir a Nintendo América con la respuesta correcta, el afortunado olfateador se podía llevar un fenomenal… ambientador de Earthbound acompañado de una nota de felicitación. Básicamente, lo mismo que un pino ambientador, solo que en este caso con la forma del repartidor de Mach Pizza.

Años después, EA y Sony siguieron los pasos de Nintendo para introducirse en las narices de los jugadores a través de dos populares juegos. Primero probó suerte la compañía japonesa, que en un rocambolesco movimiento de marketing, lanzó uno de los dos discos de su edición de Gran Turismo 2 para PlayStation, el de color azul, con un secretito solo al alcance de las narices más agudas. En su caso, rascar el disco hacía que el olor desprendido fuera, muy adecuadamente, el de goma quemada y gasolina. No es el más agradable del mundo, pero para los fans más recalcitrantes del motor huele a pasión y gloria.

Y un año despues, en su edición para Reino Unido, los jugadores de la versión para PlayStation 2 de FIFA 2001 también recibieron el tratamiento odorífero en el disco del juego. Serigrafiado sobre él podía leerse «Huele el campo – Rasca y huele». Y efectivamente, el disco, en este caso, liberaba el olor el cesped en el que se jugaban estos duelos entre las estrellas del balompié. Desde entonces, los olores han abandonado a los videojuegos, y ya todo queda a los efluvios ambientales de nuestro lugar de juego. Pero quien sabe si las nuevas tecnologías olorosas no siguen ahí, agazapadas, esperando para hacernos oler cosas increíbles en futuros juegos. Si no, siempre puedes hacer acopio de ambientadores e inciensos.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…? Nos huele que nos leeremos de nuevo en siete días, así que hasta entonces, mantén tus sentidos despejados.

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