¿SABÍAS QUE… otro juego de Atari tiene una leyenda urbana similar a la de E.T.?

¿SABÍAS QUE… otro juego de Atari tiene una leyenda urbana similar a la de E.T.?

Bienvenidos a ¿Sabías que…?, la sección de AlfaBetaJuega dedicada a la historia de los videojuegos y sus curiosidades.. Hasta hace unos años se creía que la existencia de montones y montones de cartuchos del juego E.T. para Atari 2600 enterrados bajo las arenas del desierto de Nuevo México era pura leyenda urbana. Sin embargo, su último reposo subterráneo resultó ser cierto. Y es que Atari cortó por lo sano por un excedente de producción de un juego que, por otro lado, registró cifras que ya quisieran muchos juegos actuales.

Pero en 1983 no está la cosa como para hacer experimentos que no sean con gaseosa. El significado de este año es de sobras conocido por los aficionados a los videojuegos, es el año fatídico del gran crack que casi se lleva esta industria por delante. Mal año para arriesgar con una recreativa con un concepto surrealista y una mecánica ciertamente extraña. Y más si eres Atari y vienes de marcarte un órdago con E.T. que te ha salido por la culata.

Por eso, si circulaba el rumor que el reposo eterno de E.T. estaba bajo las arenas, como así resultó ser, no es raro pensar que en el caso de una recreativa de la que se fabricaron unas 1.000 unidades y de la que los jugadores acabaron no queriendo saber nada, fuera factible que 500 de ellas acabaran sufriendo un destino igual de fatal. Pero más pasado por agua.

Esta semana te vamos a contar la leyenda que circula sobre la suerte que corrió aproximadamente la mitad de la producción del arcade I, Robot en esta entrega de ¿Sabías que…?

Dónde está el arcade, matarile, rile, rile

Desde luego, la realidad acaba superando con creces a cualquier ficción. Durante muchos años, casi desde el propio 1982, se pensó que no era cierto lo que se decía acerca del excedente de producción del cartucho E.T. para Atari 2600. Un juego desarrollado en un plazo cortísimo por Howard Scott Warshaw para aprovechar el tirón del estreno del film en el mismo mercado navideño. Esto dejó un espacio de tiempo irrisorio para Warshaw, que hizo lo que pudo. Y pese a ello, aunque se tiene a este cartucho como uno de los peores juegos de toda la historia (créenos, los hay peores aún) el problema fue que las previsiones de ventas de Atari no fueron realistas. E.T. colocó 1,5 millones de copias, cifra que cualquier estudio firmaba hoy día con sangre si hace falta. Pero claro, Atari quería vender 4 millones.

El resultado, pues ya lo sabes. Un vertedero en Alamogordo, la sepultura en masa y de ahí a la leyenda. Durante mucho tiempo fue pura especulación este acto de destrucción y soterramiento. La verdad es que se daba por falso, y que todo era una emocionante y francamente genial leyenda urbana. Lo tenía todo para serlo, pero como al final ha resultado sabiéndose, resulta que era una historia increíble pero cierta. El santo grial de los videojuegos en forma de chatarra aplastada. Ahora bien, ¿y si no fuera el único?.

Para hablar de ello tenemos que echar un vistazo a otro de los grandes fracasos de Atari, la recreativa I, Robot. Un juego que no pertenecía a su tiempo, y que desde luego eligió el peor momento posible para ponerse a innovar de manera experimental. Los artífices de la máquina fueron Dave Theurer y Dave Sherman, quienes diseñaron un juego que Atari tenía intención de lanzar a bombo y platillo. Pese a su nombre, en realidad I, Robot no tiene nada que ver con la obra de Isaac Asimov. Es más, su título original iba a ser Ice Castles. Y de entrada, estamos hablando de un récord Guinness, el del primer videojuego en usar polígonos renderizados en 3D como gráficos. Una revolución para el momento.

 

 

Pero la revolución artística no vino acompañada de un buen recibimiento. I, Robot estaba protagonizado por la “Interfaz Robótica Insatisfecha #1984”, quien como en el libro del que toma su nombre, se rebela contra el Gran Hermano que rige su mundo. El Gran Hermano no es otra cosa que un enorme ojo que todo lo ve y que, por alguna razón, odia los saltos hasta el punto de prohibirlos bajo pena de muerte. El robótico héroe tiene que desplazarse por secciones poligonales del escenario mientras dispara al ojo, y en ocasiones se requiere que salte a otros tramos, puesto que solo puede disparar si está sobre determinado color. Si lo hace mientras el ojo está mirando, será desintegrado en el acto. Luego, el juego se convierte en un shoot’em up mientras el robot vuela al siguiente nivel. Extrañísimo, pero hay más. Hay un modo llamado Doodle City donde el jugador puede diseñar tramos en la pantalla a base de objetos del juego, pero cada minuto que pasa en él le cuesta una vida. Lógicamente, un juego que te mata sin que hagas nada tras tres minutos, no es un juego atractivo. 

El resultado es que ni la mitad de las máquinas fabricadas se llegaron a poner en circulación, algo que no dejó contenta a la desarrolladora, ni mucho menos. Por ello, cuando los jóvenes pusieron sus ojos, y lo más importante, sus monedas en otros arcades Atari tuvo que tomar cartas en el asunto. Y aquí es donde entra en juego el rumor. La historia que se atribuye a la desaparición de la mitad de las existencias de I, Robot es tan radical como la de E.T., y es que Atari habría dado orden de exportar 500 de las 1.000 máquinas fabricadas que habían quedado sin vender a Japón. Hasta aquí todo bien, pero la orden tiene una segunda parte: a mitad de camino, había que echarlas al mar por la borda.

Estos rumores se tomaron como leyenda urbana, e incluso llegaron a ser desmentidos por la propia Atari, por lo que oficialmente no van más allá. No hay 500 arcades reposando bajo las aguas del Pacífico. Pero claro, esto es bastante más difícil de comprobar que ir a Alamogordo con excavadoras. Y ciertamente, el modus operandi no es tan diferente que el aplicado con el juego de Warshaw. Habrá que tomar la palabra oficial y pensar que no, que jamás se lanzaron  estas recreativas a dormir con los peces, pero lo que sí es demostrable es que quedaron medio millar de arcades de I, Robot para dar testimonio con sus cajetines vacíos de que el mundo no estaba preparado para este juego.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…?, una sección que volverá, si antes no acaba soterrada bajo alguna superficie extraña, con más curiosidades sobre videojuegos. Hasta entonces, no tires cosas raras a los mares. No es ecológico.

 

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