¿SABÍAS QUE… Sega trajo El Puño de la Estrella del Norte de incógnito a occidente?

¿SABÍAS QUE… Sega trajo El Puño de la Estrella del Norte de incógnito a occidente?

Bienvenidos a una nueva entrega de nuestra sección ¿Sabías que…?, el apartado para las curiosidades del videojuego dentro de AlfaBetaJuega. Hemos de admitirlo, nos encanta el manga y el anime, tanto si son los últimos estrenos como los clásicos más cimentados. Por ejemplo, Hokuto no Ken, serie que en los noventa conocimos en España casi una década después de su nacimiento como El Puño de la Estrella del Norte.

Hoy en día no tendríamos dudas de que con una colección de manga o serie de anime con notable calado entre el público, una conversión al videojuego es algo que se tercie. Pero por entonces no lo teníamos tan claro. Pues el caso es que lo que primero conocimos de El Puño de la Estrella del Norte fue su propio videojuego, y en las versiones para las consolas de Sega. Es más, seguramente lo tuvieras en tus manos si tenías una Master System o una Mega Drive y es posible que no supieses de qué se trataba. El por qué te lo contamos en esta edición de ¿Sabías que…?

Tú ya estás occidentalizado

Si viviste el advenimiento del manga en España, un concepto que traía tanto a los cómics como al anime en sí mismo de la mano, recordarás seguro la primera oleada de películas editadas por el sello Manga Vídeo, con Akira y El Puño de la Estrella del Norte. Con una promoción en revistas especializadas como MicroManía, Manga Vídeo lanzaba un demoledor golpe a nuestra juvenil inocencia hacia las producciones animadas con películas y OVAs para adultos, con fuerte carga de violencia y erotismo, algo nunca visto pese a que filmes como Akira sí habían pasado por los cines. Akira además lo hizo con un “tagline” que afirmaba que “Son Goku está aterrorizado” antes de remarcar en su edición doméstica que “Neo Tokyo está a punto a de E-X-P-L-O-T-A-R”. Pero claro, es que entonces el término técnico eran “esos dibujos de chinos”.

Editoriales como Planeta se liaron la manta a la cabeza y empezaron a traer el manga en sí mismo con series como 3×3 Ojos, Patrulla Especial Ghost o El Puño de la Estrella del Norte, la misma que poco después se anunciaría en vídeo con la edición de su largometraje. El caso de esta colección trajo bastante cola, y es que si consideramos que Mazinger Z ya se tenía por algo violento en su día o que la asociaciones de padres montaron la mundial con la emisión de Dragon Ball en ciertos canales autonómicos, un cómic donde un tipo a reventaba cabezas a torso descubierto era la pesadilla de cualquier asociación bienpensante.

El Puño de la Estrella del Norte era como se titulaba en nuestro país la serie Hokuto no Ken, del guionista Buronson y el dibujante Tetsuo Hara, llamativa por el realismo de los dibujos de éste, que a diferencia del caricaturesco Toriyama resultaba un agravante cuando Kenshiro, el heredero del arte marcial del Hokuto Shinken, lanzaba sus golpes hacia los tsubos, puntos por los que se canaliza el chi a lo largo del cuerpo humano y cuya manipulación ocasionaba milagros como el anular la voluntad de una persona, hacer que caminara o levantara los brazos contra su voluntad, o ya entrando en el terreno del repelús, hacer que se retuerza antinaturalmente y, en ya en el caso extremo, provocarle una muerte horrible con la explosión de sus órganos internos. Como generalmente Ken solo se topaba con criminales en un mundo devastado por los conflictos nucleares, la verdad es que se lo venían buscando.



Pero si bien a la hora de pasar Hokuto no Ken al videojuego Nintendo se quedó en su país de origen con un título de 1986 para su Famicom, en el mismo año Sega llevó a cabo otra adaptación para Master System que llevó allende las fronteras. El problema es que Hokuto no Ken era un completo desconocido por entonces, pero la consola necesitaba acompañarse de juegos en los mercados occidentales. Lo que hizo Sega fue rehacerlo casi por completo y dejar que Hokuto no Ken desapareciera para que Black Belt, serio aspirante al juego con peor portada de la historia, hiciera acto de presencia.

En Black Belt, Kenshiro pasaba a ser Riki (como, curiosamente, el protagonista de Riki-Oh, otro manga hiperviolento en un futuro postapocalíptico y con un arte marcial basado en la explosión de puntos de ruptura que da para grandes duchas de hemoglobina). Su mundo devastado se parecía bastante al Japón de los ochenta y el atuendo característico del héroe cambiaba por un gi de karate para hacer honor a su título. Así, mientras el original seguía la trama del manga y el anime y presentaba a sus mismos personajes, donde Ken se enfrentaba al orondo Heart o a su rival Shin en la ciudad de Southern Cross, Riki procedía a repartir cera a un chino anónimo con sobrepeso y a un tal Ryu en las instalaciones de un dojo. El malvado Coronel del ejército de Godland, un tipo con supuestos poderes psíquicos y experto en el lanzamiento de búmeran, se convertía en Hawk, un indescriptible punk de ropas chillonas que nos ataca en una azotea entre graffitis. Y el temible Devil Rebirth, un mutante gigantesco confinado en lo más hondo de una prisión para los criminales más letales, pasa a ser Gonta, un luchador de sumo, que aunque imponen lo suyo no es lo mismo. Y similar suerte corren otros personajes como Raoh, Toki o Souther, que también cambian sus localizaciones por paseos marítimos, mansiones, templos y demás entornos poco afines a la obra de Buronson y Hara.

Eso sí, cuando Ken o Riki sacaban a pasear los puños y los pies, algo tenían en común y es que sus desafortunados enemigos explotaban en una nube de sprites troceados totalmente libre de sangre, que hasta ahí podíamos llegar. En la versión Famicom, en cambio, los adversarios que probaban las técnicas del Hokuto Shinken se hinchaban, deformaban y explotaban, pero ese fue un jardín en el que Sega prefirió no meterse. Black Belt llegó a nuestras vidas sin hacer ruido, y en vez de ser asociado con El Puño de la Estrella del Norte quedó como un mero clon de Kung-Fu Master. Aún se repitió la jugada en 1989 con Shin Seikimatsu Kyuusheisu Densetsu Hokuto no Ken, kilométrico título para Mega Drive que en nuestro terreno se convirtió en el cartucho de primera hornada Last Battle. En esta ocasión, sí tenía esa apariencia a lo Mad Max, conservaba el sprite de Ken, pero volvía a cambiar nombres rebautizando al héroe como Aarzak y prescindía de los últimos cuadros de animación de la versión japonesa donde las cabezas de los enemigos explotaban en sangre cual fuente versallesca. Tardaría muchísimo en llegarnos un juego de El Puño de la Estrella del Norte como tal, mientras en Japón aparecían a paladas. Pero es que, sencillamente, el mundo no estaba listo.



Sin darnos cuenta hemos presionado los tsubos que cierran esta entrega de ¿Sabías que…?, que no lo sabe pero ya está clausurada. Te emplazamos a la siguiente, si es que las bandas de punks del desierto no lo impiden. Hasta entonces, cuidado con hacer enfadar a artistas marciales con pinta de Mel Gibson. 

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