¿SABÍAS QUE… todos llevamos dentro a Sonic el Erizo?

Bienvenidos a una nueva entrega de nuestra sección ¿Sabías que…?, el apartado de curiosidades de AlfaBetaJuega relacionadas en cierta medida con los videojuegos, ya sea con su historia o con su repercusión. Se podría decir que algunos jugones llevan los videojuegos en la sangre, y más o menos es cierto. Incluso de la manera más literal. Porque hasta los más nintenderos llevan en lo más hondo de su ser un pequeño Sonic el Erizo.

La mascota de Sega ha dado su nombre a uno de los elementos que conforman nuestra propia existencia y que es vital para nuestro desarrollo. Pero cuyo mal funcionamiento puede acarrearnos graves problemas. Vamos a aprender más a este respecto en esta edición de ¿Sabías que…? tras la siguiente imagen.



Sonic 'The Gene-hog'

Corre, salta, rueda y recoge anillos. Así es Sonic el Erizo, uno de los personajes de videojuego más queridos de todos los tiempos. Desde que lo vimos corretear en Mega Drive y, por lo general, en las plataformas de Sega, sabíamos que iba a calar muy hondo en los jugones. Tanto que en los casos más afines a la desarrolladora japonesa se puede afirmar que forma parte de su huella genética. No saben lo acertada que es esta afirmación, pero no solo se aplicaría a los seguidores de la saga del erizo azul, sino a toda la humanidad. Todos, sin excepción, tenemos un pequeño Sonic en nuestro interior. Hasta los que más renegaban de él. Dado que la genética no es nuestra especialidad, pedimos disculpas por adelantado por cualquier inexactitud. Nuestro propósito en esta ocasión solo es tratar de contar de la manera más comprensible que sea posible el caso de la proteína de Sonic el Erizo.

La ciencia, y concretamente los biólogos, también tiene su cierto sentido del humor. No todo ha de ser mirar células al microscopio y estudiar el comportamiento de la fibra más pequeña de nuestro ser. Precisamente fue uno de los descubrimientos llevados a cabo por intentar desentrañar el funcionamiento de los genes durante el desarrollo embrionario lo que hizo que Eric F. Wieschaus y Christiane Nüsslein-Volhard consiguieran en 1978 el hito que les haría ganar el Premio Nobel. Su hallazgo fue averiguar que una mutación en cierto gen de la Drosophila Melanogaster o mosca de la fruta, el conejillo de indias favorito de la genética, causaba que sus embriones quedaran cubiertos de espinas. Algo así como diminutos, muy diminutos erizos. El primer gen erizo había sido descubierto, y no sería el único. Resultó que en los mamíferos estaban también presentes no uno, sino hasta tres genes erizos.

Conforme avanzaron los años y las investigaciones, los genes denominados erizo del desierto y erizo indio salieron a la luz y sirvieron para que la comunidad fuese mapeando poco a poco el genoma humano. De ellos, el erizo del desierto interviene en ciertas células del aparato reproductor masculino, mientras que el papel del erizo indio se centra en el desarrollo del cartílago y el crecimiento de los bebés de corta edad. Pero cuando se dio con el tercero de los erizos, responsable del crecimiento y desarrollo de varias partes del cuerpo, desde tejidos a apéndices, el doctor Robert Riddle le estuvo dando vueltas a cómo bautizar al nuevo miembro de la familia 'hedgehog'. No es que el doctor fuera un entusiasta de los videojuegos, pero cuando vio el cómic que su hija tenía entre manos, sus dudas se disiparon. El cómic estaba editado por la editorial Archie y su protagonista procedía de un famoso juego de consola. En su cabecera se leía Sonic The Hedgehog.



Y así, Sonic el Erizo pasó a ser el nombre por el que la ciencia conoció a uno de los genes y a la proteína que codifica y que marca nuestro crecimiento. Una proteína que actúa sobre muchas zonas. Por poner solo algunos ejemplos, Sonic es responsable del desarrollo de nuestras neuronas, del intestino, de nuestro cerebro, de nuestras extremidades, de nuestros dientes o del páncreas. Sin embargo, si Sonic no funciona como es debido las consecuencias pueden ser fatales, puesto que pueden hacer su aparición malformidades y tumores. Pero al igual que Sonic tiene su némesis en los videojuegos, la proteína Sonic tiene su inhibidor. Y es justo que dicho inhibidor reciba el nombre de su mortal enemigo para pasar a denominarse 'robotnikinina'. Una molécula que no transforma animalitos en robots, pero que consigue lo que no puede su homónimo digital, que es parar los pies a un erizo demasiado embalado.

Ahora bien, todo son risas hasta que un paciente escucha de labios de su médico que la afección que le va a traer serios problemas es por culpa de Sonic el Erizo. Ciertamente, la ciencia tiene su sentido del humor, pero hay ocasiones en las que es humor puede no ser apreciado, y al fin y al cabo no está bien que el nombre de Sonic quede asociado a la posible causa de enfermedades degenerativas. Sonic el Erizo fue uno de los nombres propuestos para su revisión por parte de la comunidad para pasar a adoptar otra denominación. Quizá sea lo mejor, ya que preferimos que nuestro erizo favorito se dedique a recoger anillos y machacar robots antes que a hacernos crecer un dedo de más. 

Y hasta aquí llega el desarrollo de esta entrega de ¿Sabías que…? Nos despedimos hasta dentro de una semana para seguir contándoos más curiosidades relacionadas con videojuegos. Hasta entonces, que Sonic os haga seguir creciendo fuertes y sanos. 

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