¿SABÍAS QUE… un profesor de historia creó uno de los juegos más míticos?

¿SABÍAS QUE… un profesor de historia creó uno de los juegos más míticos?

Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, nuestra sección semanal dedicada a las curiosidades relativas a los videojuegos y su historia. Pero nuestro recorrido por los muchos años que ya lleva la industria a sus espaldas no es nada comparado con meterse entre pecho y espalda un viaje en carromato de 2040 millas por la Ruta de Oregón al estilo pionero norteamericano. Un viaje con compañeros de ruta tan letales como las serpientes, el cólera o la disentería. Pero como decían los Monty Python para rematar uno de sus sketches, esto se lo cuentas a los jóvenes de hoy en día y no se lo creen.

Por eso, un profesor de historia de Minnesota decidió que qué mejor manera que aprender la historia que vivirla uno mismo. Y ya que en ese año 1971 los centros educativos contaban con algunos ordenadores personales, por qué no lanzarse a la aventura que dió origen a una nación. En esta entrega de ¿Sabías que…? te contamos los orígenes de The Oregon Trail, un juego educativo que para buena parte de los jugadores estadounidenses de cierta edad se ha ganado un buen rincón en su corazoncito.



La conquista del Oeste

Qué duro es ser pionero. Es un asunto que no sabemos bien, aunque claro, aquí no nos toca muy de cerca. Nos referimos a las gentes que acudieron al nuevo mundo cruzando el charco para establecer nuevas ciudades y fundar la que hoy es una de las naciones más poderosas, y controvertidas, eso sí, del mundo. En Estados Unidos no hay muchos siglos de historia que se puedan enseñar en las escuelas, pero los que hay han sido intensos, y el profesor estudiante Don Rawitsch era consciente de ello en aquel año 1971. La cuestión era cómo hacer que sus alumnos de octavo de primaria del Carleton College en Northsfield, Minnesota, también lo fuera. Los chavales, ya se sabe, no son demasiado amigos del negro sobre blanco, pero parece que esos nuevos trastos que circulan por las universidades y los colegios, los ordenadores, pueden ser una ayuda para que se interesen por medio del juego.

Rawitsch no se lo pensó dos veces y se puso manos a la obra para crear un juego educativo que ayudase a los alumnos a comprender las vicisitudes y entresijos de la Ruta de Oregón, una ruta que comenzó a ser explotada en el siglo XIX y que comenzó a atraer a un buen número de colonos hacia el año 1841. En el centro había un microcomputador HP 2100, una máquina que permitía la instalación de varios sistemas operativos, entre ellos el HP Timed Shared BASIC, que permitía programar en este lenguaje. Y bajo él empezó a adaptar lo que había concebido en un principio como una especie de juego de mesa, una ruta de colonos plagada de peligros y necesidades en la que el usuario tenía en sus manos el destino de una familia de cinco miembros.

El programa, realizado con la ayuda de sus compañeros docentes Bill Heinemann y Paul Dillenberger, reposó en aquél HP 2100 al que acudían los estudiantes cautivados por aquel software educativo y, pese a ello, sumamente entretenido. La premisa era guiar a la mencionada familia de colonos por la Ruta de Oregón desde Independence, Misuri, hasta el Valle de Willamette en Oregón, unas 2040 millas de nada, en pleno año 1848. Una empresa que inician con un presupuesto de 900 dólares, de los que 200 se invierten en el carromato inicial, pero irán volando sucesivamente. Por ejemplo, puede suceder que alguien de la familia resulte herido y haya que perder algunos materiales para practicarle primeros auxilios. Si tenemos muy mala pata, es posible que se rompa una ídem alguno de los bueyes que tira del carro. Por contra, pueden suceder cosas buenas como topar con unos indios que amablemente nos ayuden en nuestro viaje. Si ellos supieran…



Durante el viaje, hay que asegurar la supervivencia cazando para mantener las reservas de comida en niveles óptimos, algo que los estudiantes tenían que hacer tecleando las onomatopeyas de disparo en el menor tiempo posible, aunque el lapso variaba según el animal. Así, por ejemplo, los bisontes tardaban más en reaccionar que los venados. Pero como las armas las carga el diablo, también podía ser que se nos escapara el tiro y le diésemos a alguno de nuestros parientes con el consecuente drama. De hecho, posteriores revisiones del juego permitirían oficiar un funeral y hasta escribir un epitafio para la lápida del difunto, pero si decidimos no oficiar la ceremonia, la moral de la familia caerá en picado.

Y no es que el resto de la aventura pintara más confortable para los valientes colonos. Cuando no eran ataques de animales salvajes o la mala puntería de alguien que quizá había empinado el codo de más, las enfermedades hacían acto de presencia. Sarampión, cólera o el mero cansancio podían mandar a criar malvas a más miembros de la familia, pero si por algo es recordado este juego es por ser el primero en que se puede morir de disentería, una muerte tan sucia como desagradable. En caso de completar el viaje, el programa evaluaba cuántos supervivientes habían llegado a Oregón, con cuánto dinero y posesiones, y en versiones posteriores, según la condición de los protagonista, ya que se disponía de varios oficios con diferentes posibilidades económicas.

Rawitsch no lo sabía pero había hecho historia, y lo que le quedaba. Pero el caso es que el profesor siguió con su vida y en 1974 le encontramos como parte del Minnesota Educational Computer Consortium, o MECC, una asociación estatal que desarrollaba software educativo destinado a las escuelas del estado, ya inmersas en un programa de informatización a nivel global en el que se usaban terminales remotos para acceder a recursos comunes. Rawitsch había dejado el Carleton College tras imprimir el código de su juego y desinstalarlo del HP 2100, porque como experimento había estado bien. Pero a través del MECC y de la computadora UNIVAC 1100 a la que se conectaban los 1500 terminales dispersos por colegios de todo el estado, pensó que podía darle nueva vida cuando sus superiores le encargaron desarrollar aplicaciones para motivar el aprendizaje. Rawitsch tuvo que acceder a otro HP 2100 para reescribir de nuevo el código en BASIC, pero esta vez implementó algunos añadidos para hacerlo históricamente más veraz y consistente. Había nacido, esta vez sí, The Oregon Trail.



Pero no sería que el Apple II ya estuviese asentado que The Oregon Trail diese el salto a los hogares en una versión que por primera vez incluía gráficos y que se lanzó en 1985. Desde entonces, sucesivas ediciones del juego, primero para ordenadores Mac y luego para sistemas Windows, e incluso recientemente para Wii, 3DS y teléfonos móviles, han mantenido vivo un juego muy querido en su país de origen y que tuvo un éxito inusitado para ser un programa educativo.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…?, que parte en pos de praderas más verdes con vistas a una próxima entrega. Cuídate de enfermedades infecciosas y de ataques de fauna salvaje hasta entonces, y recuerda que tú eres el pionero que nos lleva en volandas. 

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