¿SABÍAS QUE… una perra influyó decisivamente en el diseño de Amiga?

La semana pasada estrenamos una sección en AlfaBetaJuega dedicada a contaros algunas de las anécdotas más llamativas de la historia de los videojuegos. En la primera entrega de ¿Sabías que…? os hablamos de cómo torpedeó Sony el lanzamiento de Saturn y qué relación tiene Mega Man con la banda Guns N Roses (pinchad aquí para leerlas); hoy tenemos otras dos protagonistas, otras dos curiosidades que seguro que os sorprenderán.

Porque, ¿a que no sabéis qué importancia tuvo la perra Mitchie en el diseño de Commodore Amiga? ¿Y qué personaje estaba llamado a protagonizar la recreativa de Donkey Kong en lugar de Mario?

Corred a vuestro pupitre, empieza la clase. Prestad atención y pasad a la siguiente página.

Mitchie, la mejor ‘Amiga’ del hombre

El Commodore Amiga fue un ordenador que dejó una profunda huella entre sus usuarios a finales de los 80 y principios de los 90 no sólo entre los que tuvieron la oportunidad de disfrutarlo, sino también entre los que veníamos imágenes de sus juegos en la prensa y nos asombrábamos de su calidad. Lo que pocos saben es que su creación incluye una bonita anécdota muy curiosa que tiene que ver con el mejor amigo del hombre. De Jay Miner, en este caso.

Miner era un antiguo miembro de la antaño todopoderosa Atari que fue reclutado para diseñar una potente máquina doméstica para la empresa Hi-Toro. Con la idea de crear el hardware definitivo, empezó a engendrar las entrañas de lo que posteriormente sería el primer prototipo de Amiga. Pero no estaba solo, Jay iba a la oficina acompañado de su perrita Mitchie, un adorable animalito que era un cruce de cocker spaniel con un caniche, la cual entraba con él a su despacho y se sentaba a sus pies mientras hacía su trabajo. Pero Mitchie estaba allí para jugar un papel más importante, casi definitivo, en la gestación del ordenador de 16 bits más popular de esa época.

Dave Needle, ingeniero que también estaba a bordo del proyecto, ha relatado varias veces la siguiente escena. Needle, cuya mesa estaba justo al lado de la de Jay Miner, veía cómo de vez en cuando éste se atascaba en alguna parte del diseño. Entonces dibujaba una nueva estructura que pudiera sacarle del apuro, pero antes que nada se la enseñaba a Mitchie. Si el can movía la cabeza en un gesto de desaprobación, el plano iba a la papelera. Miner repetía el proceso hasta que daba con un boceto que parecía ser del agrado de Mitchie ante el estupor de Needle, pero desde luego el animal resultó ser un gran supervisor. A las pruebas nos remitimos.

En buena parte, debemos a esta perrita una de las máquinas más míticas del siglo pasado. Y ojo, porque Needle siempre ha afirmado que hay otras muchas historias curiosas sobre Mitchie, como la vez que Al Acorn, el diseñador de Pong, le consiguió un pase de seguridad para entrar en Atari… Pero esto es otra historia.

¿Mario el marino soy?

1981. Shigeru Miyamoto comienza una meteórica carrera en Nintendo, donde hasta el momento había estado haciendo diseños para las marquesinas de sus arcades. Su primer logro es Donkey Kong, juego que todos conocemos y que nos presenta de un plumazo a dos personajes fundamentales de la compañía: el gorila que da título al juego y el fontanero (por entonces carpintero) Mario (por entonces Jumpman). Pero, ¿sabíais que Mario estuvo a punto de tener otra identidad que le hubiera llevado a cambiar las setas por las espinacas?

Pues efectivamente, y tal como acabó reconociendo oficialmente el propio Miyamoto, Donkey Kong, el juego, no nació como tal sino como Popeye, una adaptación de las famosas tiras cómicas de E. C. Segar con unos personajes que gozaban de inmensa fama gracias al cine (se proyectaban cortos protagonizados por el personaje) y a la televisión. La idea era que Bluto, el matón hipertrofiado que se interponía una y otra vez entre el marino y su novia Olivia, hiciera las veces de Donkey Kong, con Popeye como el héroe que acude al rescate. Pero un problema con los derechos para su adaptación al videojuego hizo que Nintendo tuviera que dar marcha atrás y replantearse su arcade con otros personajes. Y cantó bingo.

Miyamoto afirmó en su día que esto fue un golpe de suerte, y ciertamente no imaginamos cómo sería Nintendo sin Mario o sin Donkey Kong, sin ese juego que inició toda su prolífica historia. Como diría el propio Popeye: “Soy lo que soy y solamente lo que soy”.

Por cierto, solventados los inconvenientes Nintendo llegaría a hacer su arcade de Popeye un año después, en 1982. Quizá sus negociadores se tomaron un buen plato de espinacas… 

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