¿SABÍAS QUE… uno de los mejores beat’em ups de Capcom es también el más excéntrico?

¿SABÍAS QUE… uno de los mejores beat’em ups de Capcom es también el más excéntrico?

Bienvenidos a una nueva entrega de nuestra sección ¿Sabías que…?, el apartado de las curiosidades de videojuegos en AlfaBetaJuega. Cómo disfrutaste de los arcades de Capcom allá por los noventa, ¿eh pillín? Normal, los japoneses el tomaron el pulso al género de la acción, y más concretamente a los beat’em up, y dejaron joyas incontestables para el recuerdo.

Hagamos un experimento, vamos a nombrar unas cuantas. Captain Commando, esta es muy famosa. Cadillacs and Dinosaurs, no necesita presentación. The Punisher, otro que tal. Final Fight, una leyenda. Battle Circuit… ¿no te suena? Alguien debió echarle mano a esta máquina, que para eso llegó a distribuirse en nuestro continente, aunque es verdad que no se fabricaton tantas unidades.  ¿Cómo es que no es normalmente tan recordada como las demás, si en algunos puntos es incluso superior? Vamos a rescatar del olvido uno de los mejores arcades de Capcom, y seguramente el más extravagante en esta entrega de ¿Sabías que…?



La vida en rosa

Pese a que ha tocado todos los palos, Capcom ha sido especialmente alabada por sus juegos para salones recreativos. Desde aquellos tiempos de Gun Smoke, Pirate Ship Higemaru o Ghosts’n Goblins hasta su dominio de los salones con sus juegos de lucha. Ya sea por la vertiente de Street Fighter o por la de sus beat’em up, los arcades de “yo contra el barrio” a lo que ayudaron a popularizar enormemente. Véase, por ejemplo, Final Fight, una planeada secuela del Street Fighter original con un cambio de concepto que acabó por originar su propia franquicia en Super Nintendo, o los más celebérrimos Captain Commando, The Punisher y Cadillacs and Dinosaurs, estos últimos basados muy a su manera en el cómic homónimo de Marvel y la obra de Mark Schultz Xenozoic Tales.

Pero ni mucho menos se quedó ahí Capcom, que ejecutó la secuela de otro de sus juegos, Dynasty Wars, dentro de este mismo subgénero para crear Warriors of Fate y trasladar los mamporros a la antigua China. Hasta dispuso de otra licencia, la de Alien vs. Predator, que le permitió llevar a cabo el extraño regreso del personaje de Arnorld Schwarzenegger, Dutch Schaefer, con un cuerpo cibernético. Sin embargo, la que posiblemente es la máquina más oscura de toda esta crianza de beat’em ups es también la más estrambótica de todas, y eso que Captain Commando ponía el listón alto.

Battle Circuit fue el último juego de este género que Capcom llevaría a cabo para los salones recreativos, y uno que a fecha de hoy no ha conocido adaptación doméstica. Y eso a pesar de que podría codearse sin problemas con los mejores arcades de Capcom gracias a su frescura, sus innovaciones y su sentido del humor. Eso sí, tanto la trama como sus personajes son para darles de comer aparte. Veamos a los héroes de la Tierra que, bajo las órdenes de un tal Harry, operan en la ciudad de Neo Koba ante la amenaza del Dr. Saturn, un alienígena que tiene una cabeza notablemente grande y con un anillo haciendo honor a su nombre. Lo que Saturn busca es un disco etiquetado como “Sistema Shiva” que permite acceder a cualquier ordenador del mundo, con el desaguisado que ello supone.



Así que para detenerlo están Brian Bruno, alias Cyber Blue, un tipo con equipo cibernético que es sospechosamente parecido al Capitán Comando y que usa descargas eléctricas como habilidad especial. Como el Capitán Comando. Le acompañan el espigado Andrey Mischucin, alias Captain Silver, capaz de lanzar proyectiles de hielo; la también sospechosamente similar a Felicia de Darkstalkers (de hecho, ésta tuvo un DLC en Marvel vs. Capcom 3 que le confería su apariencia) y modelo a tiempo parcial Diana Martines, a.k.a. Yellow Iris, siempre acompañada de su zorro Fin; y los dos personajes más extraños que posiblemente haya ideado esta compañía, sobrepasando incluso al canguro luchador Roo de Sega para Streets of Rage III. Empecemos por el favorito del abajo firmante: Pinky, alias Pink Ostrich, poco imaginativo seudónimo para lo que, en efecto, no es otra cosa que una enorme avestruz de color rosa con un parche en uno de sus ojos y un collarazo de oro que sería la envidia de cualquier rapero.

Se da la circunstancia de que Pinky es, además de un ave parlante y agente protector de la humanidad, el único avestruz capaz de volar, de lo cual hace uso en algunos de sus ataques en los que la tunda viene desde el cielo. Pero Pinky no acude solo a la lucha, sino que siempre lo acompaña su dueña, una adolescente llamada Pola Abdul (hemos visto lo que has hecho aquí, Capcom). Y si este plumífero luchador te ha encantado, espera a conocer a Alien Green, de nombre y procedencia desconocido y cuyo aspecto es el de una planta carnívora capaz de desplazarse por su propio pie, o mejor dicho, por su propia raíz y que posee un enorme ojo en mitad de su abdomen. Así que sí. Lo sentimos, Roo, pero has perdido por goleada.

Ahora bien, ¿qué tiene de especial Battle Circuit aparte de la irrepetible posibilidad de jugar con un avestruz rosa con oros al cuello y parche, algo solo igualado en molonidad por el monete asesino de The Outfoxies? Pues tiene de especial que incorpora un curioso sistema de compra de habilidades en el que Double Dragon III hizo aguas, pero que en este caso, en lugar de reclamar dinero real, usa las monedas en que se convierten los enemigos derrotados para adquirir nuevas técnicas de lucha, mayor tamaño de la barra de salud o incluso vidas extra en una tienda a la que accedemos automáticamente entre nivel y nivel. La manera de ejecutar estas técnicas especiales es llevando a cabo una combinación de movimientos, bastante reminiscente también de Street Fighter, y es que Capcom se homenajea a sí misma bastante en este juego. La verdad sea dicha, su equipo de desarrollo debió disfrutar como cosacos, porque destila desenfado y desparpajo a cada momento, especialmente con sus delirantes jefes (uno de ellos es nada menos que un trasunto de Elvis Presley que se queda entrado en kilos al ser derrotado).



Battle Circuit fue pasado por alto a la hora de ser adaptado al formato doméstico, quizá por lo extraño del juego en sí mismo y porque era la época de los juegos tridimensionales. Un beat’em up en 2D, a pesar de sus estupendas animaciones, su diseño gráfico y su notable apartado sonoro, no parecía ser lo más indicado para aquella época. Nosotros nos los perdimos, porque lo cierto es que poco tiene que envidiar a otros compañeros de tortazos dentro de las filas de Capcom. En serio, un avestruz rosa con oros, y tiene técnicas demoledoras. Esto no lo verás a día de hoy.

Aquí ponemos el cierre a esta entrega de nuestra sección ¿Sabías que…?, que regresará en siete días si no lo impide antes ningún grupo de raritos y un supervillano con gigantismo cósmico. Hasta entonces, riega bien tus plantas alienígenas y asegúrate de echarles suficiente colirio en su ojo. 

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