¿SABÍAS QUE… Wario se emborracha en la versión japonesa de Wario Land 2?

Bienvenidos a una nueva entrega de ¿Sabías que…?, el apartado de AlfaBetaJuega dedicado a las curiosidades de los videojuegos y su historia. Los efectos de la censura en los videojuegos, y particularmente en un sistema como es la Game Boy, es algo que ya tocamos la semana pasada, con un curioso cambio de opio por plátanos. Esta semana volvemos con otro vicio de los que condenan almas: el alcohol.

Y curiosamente, también en un caso visto en la pequeña de Nintendo. En el juego Wario Land 2 para Game Boy, la segunda vez en que Wario era el personaje titular en detrimento de Mario, y así se terminaría instaurando. Pero entre los peligros que Wario tiene que esquivar hay cierto elemento nocivo para la espiritualidad de los jóvenes sanos.

Estos, claro, provoca un hilarante efecto en Wario cuando uno de los enemigos del juego logra impactarle con una bola de bolos. No es plato de buen gusto que te den con una, pero si bien era de esperar que Wario se quedara privado en el sitio, si acaso que le saliera un chichón, su reacción es del todo inesperada. Le dan colores de cara, se comporta raro… ¿Seguro que eso era uan bola de bolos?

Vamos a contarte la verdad en esta entrega de ¿Sabías que…? tras el salto.

Ese vaso de cerveza que se sube a la cabeza

Las andaduras de Mario en la portátil de Nintendo, la veterana Game Boy que ahora se rumorea que puede volver en una de estas revisiones Mini tan de moda, fueron un tanto peculiares. Más que nada porque al final, en la reimaginación que la división R&D1 de Nintendo hizo de las aventuras del entonces fontanero, resulta que finalmente un villano le comió la tostada. Tras dos títulos en los que Mario era el protagonista frente a alienígenas y un usurpador que le había robado su castillo, la versión distorsionada de Mario, llamado Wario (de Warui Mario, “Mario desagradable”) fue quien finalmente despertó el interés del público.

Y el resultado fue que la serie Super Mario Land pasó a ser Wario Land, con 7 entregas a lo  largo de cuatro sistemas diferentes. Wario se convertía así en un antihéroe para Nintendo, y es que Wario es una joyita. Es un tipo codicioso y egoísta, que no duda en usar malas artes para salirse con la suya, y por ello su proceder es algo menos refinado que el de Mario y se basa más en la fuerza bruta. De estos juegos, Wario Land 2 es uno de los más apreciados, y parte de una premisa tan irónica como que en esta ocasión es Wario el que sufre un robo en su castillo.

Ante tal afrenta, claro está, Wario no tiene otro remedio que salir en busca de lo que es suyo y volver a tirar de músculo y embestidas para poner las cosas en su sitio. Para recuperar sus tesoros, esta mala bestia con bigote puede seguir su modus operandi de topar con sus enemigos con su poderoso brazo por delante para, en algunos casos, ponerlos patas arriba tras lo que puede agarrarlos y lanzarlos los aires.

 

 

Uno de estos enemigos son los pingüinos. En el cartucho que en su día nos llegó de Wario Land 2, estos palmípedos acechan fuera de su hábitat natural y con una afición tan rara como son los bolos para lanzar una bola de este deporte contra la cocorota de Wario. Si es impactado, el personaje empieza a comportarse de una manera rara. Se pone colorado, empieza a andar erráticamente, la banda sonora se distorsiona, y estos efectos solo se le pasan si entra en contacto con el agua. ¿No es un poco extraño?

Lo es porque, una vez más, la censura ha entrado en acción. En la versión original japonesa está la explicación, y es que los pingüinos no le arrojan una contundente bola de bolos, que hay para matar a cualquiera. En su lugar, lo que haces es salpicar a Wario con cerveza que llevan en una jarra, de manera que lo que se sucede es que el gañán protagonista se pone piripi. Lo que vemos realmente es Wario ebrio, pero claro, mostrar los efectos del alcohol en un videojuego no le pareció adecuado a Nintendo. Mucho más decente es cascarle el cráneo con una bola de bolos. Total, Wario es duro de mollera.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que? Ahora nos damos una agüita para refrescar y nos emplazamos para dentro de siete días. Hasta entonces, cuidado con lo que caiga sobre tu cabeza.

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