¿SABÍAS QUE… Wing Commander estuvo cerca de ser un juego de Star Wars?

¿SABÍAS QUE… Wing Commander estuvo cerca de ser un juego de Star Wars?

Bienvenidos a nueva entrega de ¿Sabías que…?, el apartado de AlfaBetaJuega dedicado a las curiosidades de los videojuegos y su historia. El nombre de Chris Roberts trae muchos recuerdos, recuerdos sobre todo de viajes interestelares, de batallas en el espacio y de avezados pilotos humanos en lucha contra los Kilrathi. Para los más jóvenes puede que, si acaso, evoque más el proyecto interminable de Star Citizen, pero para quien a comienzos de los noventa surcaba el cosmos en un PC, Chris Roberts es sinónimo de Wing Commander.

Haber creado Wing Commander le dio a Roberts un enorme caché en la industria de los videojuegos, pero eso podía haber sido distinto. Porque si bien Wing Commander llegó a ser una propiedad de gran interés, el juego estuvo a punto de llevar un nombre bien diferente. Uno con una tipografía muy familiar, y es que Wing Commander pudo haber ocupado el lugar de Star Wars: X-Wing tres años antes de lo previsto. Veamos los orígenes e influencias de Wing Commander en esta entrega de ¿Sabías que…?



La Fuerza (casi) está contigo

Con esto de ir echando años al saco, uno ya no sabe si estas cosas se van perdiendo o no. Pero si tuviera que apostar, servidor diría que raro sería el niño que alguna vez haya tenido contacto con la ciencia-ficción especulativa espacial y no haya fantaseado casi al instante con pilotar un caza interestelar, incluso de liarse a disparos de rayos de partículas contra una flota enemiga. Porque vamos, a quienes vimos de niños Star Wars: Una nueva esperanza y recordamos la batalla de Yavin, la sola idea de ponernos en la carlinga de un Ala-X era muy poderosa.

Es más, los arcades aprovecharon este anhelo para dejar una máquina que por su diseño era lo más parecido a estar metido dentro de uno de estos vehículos, repartiendo disparos contra los cazas TIE del Imperio. Y no fue la única vez. En nuestras casas, en cambio, si como mucho podíamos disponer de una caja de cartón en la que cupiésemos dentro, pues eso que nos llevábamos. La oferta de los videojuegos, claro, era manifiestamente mejor. Pero en realidad no venía solo de Star Wars. A finales de los setenta se emitía la serie Galáctica: Estrella de combate, y representaba unos combates con cazas de una forma muy característica, los Vipers, contra oleadas de naves cylon como buenamente podían los efectos especiales de la época. Al final, todo suma. Y para Chris Roberts no se dio la excepción.

En la mente de Roberts, criados entre máquinas arcade de salones recreativos en Inglaterra, y programador de videojuegos desde su adolescencia, bullían ecos de estas dos producciones. Tanto Star Wars como Galáctica le inspiraban para crear el que sería el gran juego de la compañía Origin, desarrolladores de la saga de rol Ultima, después de haber conseguido éxitos en este mismo género. Tras Times of Lore para Commodore 64 y Bad Blood, de temática post-apocalíptica, a Roberts le apetecía despegar hacia lo alto y llevar a cabo un simulador de batallas espaciales.



Pero no iba a ser un juego que se viera desde la propia carlinga del aparato, como sí hacían los simuladores de vuelo. Roberts no quería forzar las máquinas para no limitar al público objetivo. Uno de los simuladores de Sid Meier, F-19 Stealth Fighter, le impresionó por su calidad, pero Roberts se preguntaba si no podría llegar solo a los ordenadores de perfil más alto si hacía un juego así. Su idea, en realidad, era hacer un juego en perspectiva cenital que tendría como título Squadron. Sin embargo, el motor de generación de imagenes tridimensionales que usaba Battlehawk 1942, un simulador de vuelo de Lucasfilm Games, le convenció para cambiar de perspectiva. Y para algo más.

Y es que con tal tecnología y su propuesta, uno de sus sueños se podía convertir en realidad, y era hacer un juego de Star Wars. Llevar su idea hasta la ambientación creada por George Lucas con su beneplácito y licencia oficial. El libro High Score, de Russel DeMaria y Johnny L. Wilson, cuenta que se llegaron a llevar a cabo conversaciones entre Origin y LucasArts, a los que al parecer no les parecía mala idea lo de hacer un juego de su saga galáctica en el que hubieran combates espaciales. El problema, que a la postre fue definitivo, fue que puestos a usar sus algoritmos para generar gráficos en 3D, en lugar de que Origin hiciera el juego se ocuparían ellos mismos y todo quedaría en casa.

Roberts, con el no de LucasArts, volvió a su proyecto y se inspiró en el escenario del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial para crear un ambiente militarizado con dos facciones en liza, misiones y escenarios de guerra. El resultado fue Wing Commander, una saga que tuvo el – dudoso – honor de ser llevada al cine en 1999, pero que antes se había anotado grandes tantos con juegos estupendos, el tercero de ellos con todo un lujo que a la vez sacaba una espinita, y es que Mark Hamill, Luke Skywalker en persona, interpretaba a uno de los personajes de Wing Commander III: Heart of the Tiger en la secuencias de vídeo que incluía. Por su parte, LucasArts lanzó en 1993 Star Wars: X-Wing y lo puso todo patas arriba. Al final, la guerra espacial se libró, pero de una manera que ni el propio Chris Roberts podía imaginar y con una de sus inspiraciones como rival.

Hasta aquí esta entrega de ¿Sabías que…?, ahora saltamos al hiperespacio hasta una nueva entrega que llegará en siete días. Hasta entonces, vigila bien esos flancos, que los misiles guiados los carga el diablo.

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