Silent Hill tiene una triste historia con el fallecimiento de una escritora

El fallecimiento de una escritora genera una triste historia con Silent Hill

En el mundo moderno nos enteramos enseguida cuando alguien relevante dentro de ciertos círculos deja este valle de lágrimas. Actores famosos, cantantes, deportistas han fallecido y hemos visto en redes sociales la noticia plasmada para nuestro asombro y para decir que el año presente es terrible, un azote. Por desgracia, la vida y la muerte son ruedas que no dejan de girar, y otras que se producen no tienen tanta relevancia. La de la escritora Kit Reed, laureada autora de historias de ficción especulativa, no la conocerías. Y poco hay como forma de rendirle tributo, ya que ella no quería recibir ninguno. Salvo hacer una visita a Silent Hill.

En Silent HIll, como recordarás, las calles de la localidad tienen unos nombres un tanto familiares en algunos casos. Están extraídos de autores, muchos de ellos asociados al terror o a la ciencia-ficción. Bachman Road recibe su nombre en honor al seudónimo Richard Bachman, usado por Stephen King para sus novelas de corte más violento. Richard Matheson, Robert Bloch o Ray Bradbury dan su nombre a otras de las vías. Así es tanto en el juego original como con otras entregas.

Hay, sin embargo, una calle en la zona turística llamada Craig. El nombre podría referenciar a cualquiera, pero los fans están convencidos, y así se ha estipulado en vídeos y posts, que este nombre de Craig corresponde a Lillian Craig Reed, quien firmó sus obras con el seudónimo Kit Reed.

Kit Reed falleció el pasado domingo a causa del agresivo tumor cerebral que finalmente le acabó costando la vida. Y hubo alguien que la conoció bien. Gita Jackson, redactora de Kotaku, era amiga personal de la autora. Ahora, la localización de Silent Hill le despierta su recuerdo.

Jackson cuenta que conocía a Reed desde que tiene uso de razón. La describe como una persona alegre y ufana, escandalosa incluso. Afirma que la propia escritora se definía a sí misma como “una interruptora de clase mundial”, porque nada podía evitar que diera su opinión ni que se hiciera ver y oír cuando ella tenía algo que decir.

Kit Reed, sabedora de su muerte, publicó una de sus obras el mismo día en que una biopsia le revelaría su destino. No quiso ningún tipo de homenaje. Rechazó tener que hacer pasar a sus amigos por el mal trago de reunirse frente a ella de cuerpo presente para tomar una copa invadidos por la tristeza. Esa era un idea que a Reed le parecía deprimente.

El recuerdo de Jackson es el de una persona tan dinámica y llena de vida que la sola idea de que la afección de su cerebro la dejase reducida a una cáscara apenas capaz de hablar es demasiado para ella. La redactora no puede dejar de notar que Konami dio en el clavo al crear Silent Hill. Es un lugar al que sus personajes llegan conducidos por el dolor y la pena y terminan viviendo horrores causados por sus propias obsesiones.

Así y todo, Gita Jackson es consciente de algo tan turbador como en cierta forma poético: “Solo hay un lugar al que puedo ir a llorar su pérdida: una calle en Silent Hill”. Descanse en paz.

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