Sony, PSP y los grafitis: una campaña que enfureció a ciudadanos y alcaldes

La famosa PlayStation Portable, más comúnmente conocida como PSP, fue la primera consola portátil que Sony lanzó a nivel mundial. Su estreno tuvo lugar allá por finales de 2004 en Japón, mientras que se extendió al resto del mundo a lo largo de 2005 con un lanzamiento bastante escalonado. 

Era un producto muy importante para la compañía japonesa. Tenían toda la intención de lanzarse a un mercado en el que Nintendo ha estado dominando sin miedo y temblor alguno durante décadas, y para ello tenían muy claro cuál iba a ser su «selling point», la superioridad de PSP frente a la que sería su rival por aquel entonces, Nintendo DS. ¿Unos gráficos parecidos a los de PlayStation 2 y un catálogo similar al de esta o una consola más pobre, pero con doble pantalla?

La decisión ante esta tesitura para el comprador era algo que en Sony quería conducir hacia su producto, y para ello comenzaron una agresiva campaña publicitaria que abordaría medios de todo tipo. Desde prensa escrita hasta portales online, pasando por televisiones, cines o incluso paredes de grandes ciudades. En efecto, no tuvieron mejor idea que pintar paredes de calles con grafitis en los que su consola aparecería acompañando a unos chavales bastante modernos. Pretendían, así, reforzar su presencia e ir delimitando un target de público bastante claro, los jóvenes del siglo XXI.

El problema es que este movimiento causó más desdén que aprecio. A la gente no le gustó que las calles de su localidad aparecieran con unas pintadas de dudosa calidad, y las respuestas no tardaron en efectuarse. De hecho, incluso los equipos de gobierno de las ciudades y pueblos se pronunciaron, con un importante enfado para/con Sony y esa PSP que estaba inundando las calles.

Una campaña reconocida por la propia compañía, que contrató a grafiteros para colocar los dibujos que véis sobre este párrafo en paredes de diferentes ciudades entre las que se encontraban Philadelphia, San Francisco o Nueva York. Los transeúntes, al verlo, decidieron quejarse y algunos, de hecho, respondieron a estas pintadas con otras en las que aseguraban que preferían hacerle cosas obscenas a mimos antes que comprarle algo a Sony.

La división de marketing tuvo que recular pronto, y es que el alcade de Philadelphia emitió una carta de infracción y estuvo a punto de elevarla a una denuncia criminal por vandalismo. Sin embargo, Sony alegó en su defensa que había pagado a los propietarios tanto de edificios como de comercios para poder pintar en sus fachadas. Esquivó la bala gracias a este seguro con el que se habían cubierto las espaldas y, al año siguiente, decidieron abandonar estos grafitis para que se borraran o se pintara sobre ellos.

«Que hablen de mí, aunque sea mal». Se ve que al equipo tras la campaña publicitaria de PlayStation Portable le pareció buena idea seguir esta máxima a rajatabla y no dudaron en ponerse manos a la obra con ello. La campaña con la que llenaron las calles de PSP a base de pintadas no fue la mejor para generar una imagen positiva de la consola, pero al menos consiguieron que, durante unos días, todo el mundo hablara de «esos chavales que chupan consolas».

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.
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