Super NES CD-Rom: Esta es su brevísima y rara historia

Nintendo y Sony colaboraron durante un tiempo para dar forma a una videoconsola novedosa. Esto, para los menos puestos en la historia de esta industria, puede sonar bastante sorprendente si tenemos en cuenta el actual panorama entre compañías. La Nintendo de Yamauchi, en los 90, acababa de lanzar su Super Nintendo en Estados Unidos cuando ya estaba promocionando un interesante complemento para la consola. En enero de 1993, los usuarios estadounidenses podrían ampliarla para añadir un lector de CD-ROM y abrazar un formato que multiplicaba hasta por 300 el almacenamiento de los cartuchos de la época.

Firmas como NEC ya estaban siguiendo esta estrategia, e incluso SEGA estaba moviendo los engranajes para el lanzamiento de la Mega-CD, otro add-on para una Mega-Drive que arrasó en la época. EN el caso de la Gran N, todo nació de la insistencia de un joven ingeniero de Sony, tal y como cuenta Kotaku. En 1988, consiguió convencer a la compañía para trabajar en un lector de CD a colocar en su siguiente consola, SNES. Este ingeniero no es ni más ni menos que Ken Kutaragi, alguien que estaba obrando a espaldas de la directiva de Sony para que la firma pudiera meter el pie en la industria del videojuego.

Nintendo, escéptica ante el abandono del cartucho, terminó cediendo ante la idea, pero con ciertas condiciones. Sony podría lanzar esta Super Nintendo con lector de CD, pero sería ella misma la que se encargaría de desarrollar el software en este formato. Mientras esta compañía se encargaría de desarrollar enciclopedias, karaokes y otro tipo de software del que extraerían el total de ganancias, Nintendo se centraría en desarrollar videojuegos y llevarse su correspondiente beneficio. Una idea a priori interesante, pero que a la hora de materializarse en un contrato comenzó a tener sus baches: no había ninguna cláusula que impidiera a Sony desarrollar videojuegos para esta consola, y eso no gustaba a la empresa de Yamauchi, que veía un panorama en el que solo se llevaría dinero por consola vendida, sin oler nada en el campo del software.

Con estas expectativas, fue la Gran N la que dio un inesperado revés a sus socios, con una traición que no perdonarían. De sopetón, anunciaron que su alianza se materializaría con Philips para traer los CD a sus consolas, y lo hizo justo un día después de que Sony anunciara su PlayStation en un evento propio. En ese momento sabían que iba a suceder, y que esa PlayStation (SNES con lector de CD) no se haría realidad, pero querían arriesgarse y solventar la situación como fuera posible. Así, la situación en ese momento era la de una Sony que iba a lanzar una consola Super Nintendo con CD-ROM y la propia Nintendo, en una alianza con Philips para hacer exactamente lo mismo.

Al final, los artífices del concepto de PlayStation decidieron echar el freno con ese concepto y dar forma a un producto propio. El nombre ya lo tenían, las ganas también; solo esperaron al momento adecuado para dar forma a la primera consola de 32 bits de la compañía, a la primera videoconsola comercializada como tal en el seno de Sony. Por el camino tuvo que quedar un prototipo que a día de hoy es toda una reliquia, un reflejo de cómo a veces las manos se estrechan para no llegar a nada.

Juan Antonio Fonseca Serrano

Saltando sobre tortugas en los suburbios de Midgar, con una guadaña cerca del corazón, desde finales de los 80. Juego a lo que puedo, junto letras sobre lo que me apasiona y siempre tengo un ojo en las redes.

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