Un chino vende el tesoro de su familia para gastárselo en un juego online y lo encubre bajo un falso robo

Llevar las cosas hasta el extremo, un concepto del que estáis a punto de leer una definición muy clara en forma de ejemplo. Viajemos, una vez más, hasta China para conocer una terrible historia de crimen, mentiras y adicción recogida por Kotaku. Nos vamos hasta Sanxi, en la provincia de Shangdong, donde encontramos a un jugador de nombre Yan desesperado por poder dejarse los cuartos en objetos legendarios para su juego de rol online multijugador favorito, del que se desconoce el nombre. Presa del vicio y del ansia, su mirada se posa sobre el tesoro de la familia: 38 kilogramos en lingotes de oro de ley que su tío, el señor Zhong, le había confiado. Se masca la tragedia.

Sin dudarlo, nuestro impetuoso protagonista no tuvo mejor ocurrencia que vender esta fortuna, valorada en 762.000 euros nada menos, para poder fundírsela (valga la expresión) en la tienda del juego en cuestión. Pero el drama se dispara cuando Zhong le pide a su sobrino que venda el oro porque necesita el dinero. Oro que Yan, recordemos para los que se incorporen tarde, ya no tiene. Para cubrir su rastro, Yan afirmó que había sido víctima de un robo, puso una denuncia bajo el nombre de su tío y dejó el asunto en manos de la policía, mientras disfrutaba de sus poderosos y recién adquiridos objetos conforme iba vendiendo lingotes.

Pero, ay, el largo brazo de la ley termina por alcanzar a todos, y este comprador compulsivo no iba a ser una excepción. Las acciones de Yan han terminado por poner en un buen lío a su tío Zhong, que sin comerlo ni beberlo se ha visto acusado de ser él mismo el ladrón de su fortuna, dado que todas las pistas apuntaban a Yan. Habiéndose descubierto al fin todo el pastel, Yan ha pasado a disposición policial y se encuentra en la cárcel esperando la acción de la justicia, que por suerte para él puede limitarse a una multa de poco más de 60 euros por poner una denuncia falsa. Y aún puede dar gracias. No caigáis en el lado oscuro, socios. Ningún juego lo vale. 

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