Una jugadora cuenta cómo apesta darse cuenta de que alguien con quien juegas es imbécil

Una jugadora cuenta cómo apesta darse cuenta de que alguien con quien juegas es imbécil

De todo ha de haber en este mundo. Esta máxima es la que nos hace ir con pies de plomo al relacionarnos con gente que no conocemos, pero también es la que nos hace sorprendernos para bien cuando conocemos a alguien con quien vale la pena emplear nuestro tiempo. En un juego como Overwatch, donde algunos de sus jugadores son, digamos, difíciles, tener buenos compañeros de equipo, amigos en realidad, es tener un tesoro. Hasta que ese tesoro empieza a desteñír y volverse corrompido por el óxido, la desagradable sorpresa que se ha llevado una jugadora

A Cecilia d’Anastasio le ha pasado en su experiencia, la cual ha contado a través de Kotaku. Además de redactora, Cecilia es una consumada jugadora de Overwatch, y posee unas estadísticas bastante buenas, con una racha de victorias perfecta en sus partidas competitivas… hasta que uno de sus compañeros lo fastidió todo. Cecilia escoge a los amigos a los que añade a su lista en base a su confiabilidad en partida, le impresiona la gente que ayuda a sus compañeros, que se comunica, y si además se puede conversar con ellos fuera de partida, pues mejor. Este jugador, al que llama Danny, era uno de los engranajes con el que Cecilia hacía girar su equipo. Un valioso miembro y un tipo con el que se podía mantener una amistad. Eso pensaba.

Un día, antes de empezar una partida, el tal Danny, de quien el resto del equipo dice que sonaba como un chico joven, un universitario, se comportó de manera extraña. Dijo que era alguien guay porque “había conocido a alguien de color”. “Eso ha sonado racista”, dijo alguien. Danny pidió perdón, pero volvió a sacar el tema: “¡¡Tios, he visto a alguien de color!!”. La incomodidad descentró al equipo, el engranaje de la maquinaria perfectamente engrasada había descarrilado y la ronda estaba perdida.

El incómodo silencio pesó como una losa. Danny pidió disculpas, se dio cuenta de su error, pero ya era tarde. Anuncias las estrategias por el micrófono se hacía más difícil que nunca. Días después, Danny era eliminado de la lista de amigos de Cecilia. “Es extraño, pasar una hora o dos de tu tiempo offline con alguien cada día significa que prácticamente sois mejores amigos. Os conocéis, sabéis cómo pensáis y si hace algo que te ofende o te molesta, te sientes traicionado. Online, sin las formalidades como ‘¿A qué colegio has ido?’ o ‘¿A qué te dedicas?’ es más difícil notar cómo la confianza planta sus semillas y va creciendo”, reflexiona la redactora.

¿Te has llevado algún desengaño así?

 

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