Piratas, disquetes y mis razones del amor incondicional por las aventuras gráficas del siglo pasado

Varias décadas después, los títulos de los años 90 continúan teniendo su público y razones no faltan.

Debuto en esta página web, no es que necesites saber el dato, pero siempre está bien ponerte en contexto, con el género que me hizo conectar con uno de los sectores más envidiados e incomprendidos del arte y la tecnología. En más de una ocasión he podido reflexionar acerca de los motivos que me llevan a encender la videoconsola y no dedicarme a aporrear las teclas de un piano, aprender yoga, apuntarme a clases de baile o entrar en un equipo de fútbol sala.

Además de mi incapacidad para realizar las actividades que he apuntado anteriormente, creo que los videojuegos son la válvula de escape perfecta para mi. Creatividad, retos, diversión, competición y ciertas dosis de arte han ido forjando mi carácter lúdico frente a un mando o un teclado. A continuación intentaré ofrecerte mis razones para amar los aventuras gráficas de los años 90. Créeme. No son pocas.

El placer de la espera analógica

Seguramente, tú, que estás al otro lado de la pantalla, no hayas conocido la época donde los videojuegos no se descargaban de una tienda de aplicaciones en tu teléfono móvil, tablet u ordenador portátil. Los años 90 observaban a este arte a través de enormes equipos informáticos, para nada portátiles, con monitores que podrían convalidarse en la actualidad como levantamiento de pesas. Además, cuando te decidías a comprarte el título al que deseabas jugar, enormes cajas de cartón se alineaban en los mostradores de grandes almacenes. Dentro de ellas, como si de una lámpara mágica se tratase, esperaban impacientes al jugador instrucciones, disquetes y, en muchas ocasiones, dispositivos analógicos para evitar que otros jugadores pudiesen instalar el juego sin haberlo comprado, tal y como puedes ver en la imagen inferior.

Imagen de la ruleta para evitar la pirateria

Así que una vez te habías decidido por el videojuego en cuestión, lo habías comprado y abierto, debías armarte de valor y utilizar tu ordenador con Windows 95, si no tenías aún Windows 3.1, y dedicarte unas horas a instalar el título en cuestión. Y digo horas, porque seguramente había incompatibilidades con drivers, algún disco tenía suciedad o vete tú a saber qué contratiempo te había tocado en aquella ocasión. En definitiva, la experiencia de juego comenzaba mucho tiempo antes de hacer doble click en el icono de la aventura gráfica.

Humor y gráficos en tiempos antediluvianos

Creo que estos dos conceptos deben ir unidos. Las aventuras gráficas del momento, a pesar de las diferencias entre distintos creadores y estudios, tenían un nexo de unión en la capacidad de generar escenarios y personajes inolvidables a través del arte de colocar un píxel detrás de otro. Lo que hoy en día se conoce como pixel art, y que nos está ofreciendo títulos indie completamente absorbentes, entonces era una declaración de intenciones. Tenemos estos medios, pero conocemos todos los resortes para que esa idea que tenemos en la cabeza salga adelante.

Ideas. Creo que parte del encanto de los videojuegos en aquella época es que no debían contentar al público en su parte gráfica. Hoy en día podemos jugar a títulos que son simples envoltorios, como sucede en el campo del cine, pero que carecen de ningún tipo de contenido interesante. En los años 90, la característica fundamental que unía a las aventuras gráficas, algunas escaparon de este corte, fue el legendario humor del que hacían gala y que décadas después no hemos vuelto a ver reflejado en el arte del videojuego. Si quieres un ejemplo de ello, te recomiendo que hagas click en el vídeo que dejo sobre estas líneas.

Desconexión a prueba de paciencia

Por último, porque tampoco quiero hacer una tesis sobre las aventuras gráficas de los años 90, es imposible dejar de lado que estos títulos no podían jugarse junto con una conexión a internet, simplemente porque esta no existía, al menos en la mayoría de hogares. Y quizás crees que este punto es más una desventaja, que lo es, que una ventaja, pero todo depende del cristal con que lo mires. Es verdad que no avanzar en el desarrollo de la historia que te plantea el videojuego puede poner a prueba tu paciencia, además de la resistencia de tu teclado, ratón y pantalla, pero también te invitaba a traer amigos, o primos, a casa y armar un equipo con el que atacar la pantalla.

Las partidas únicamente se guardaban en el disco duro, no podías chatear con otros jugadores para pedir consejo, no podías jugar en modo cooperativo, ni realizar ninguna de las acciones a las que estamos acostumbrados hoy en día. Pero qué puedes esperar de una época donde nos divertíamos tocando todos los timbres del portero automático, llamando por teléfono a casas de desconocidos, girando una ruleta para hacerlo, alucinando con bandas sonoras en 8 bits o intentando dar envidia con el walkman que nos acababan de regalar por nuestro cumpleaños.

Acabaré este artículo con mi lista de aventuras gráficas imprescindibles de aquella época. No son las mejores. No son las más originales, ni tan siquiera son las más conocidas. Simplemente son los títulos que me hicieron entrar en este increíble mundo. Empezaré destacando The Secret of Monkey Island, una aventura donde deberás meterte en la piel de un pirata de poca monta. Continuaré recomendando Indiana Jones and the Fate of Atlantis, una de las continuaciones de las míticas películas y donde debíamos buscar a la civilización perdida de Atlántida. Si te gusta la magia, con Simon the Sorcerer unías ese arte con un humor original como ninguno. The Legend of Kyrandia nos lanzaba frente a un imaginario mundo dominado por un malvado mago. Broken Sword, cuyo éxito ha llegado hasta hace relativamente poco tiempo, nos invitaba a recorrer el mundo y buscar a un misterioso asesino en serie. Por último, no puedo olvidarme de ¿Dónde está Carmen Sandiego?, quizás algo alejado de la temática, pero que me mantuvo pegado a la pantalla más tiempo del que mis padres hubiesen querido. Tiempos lejanos, recuerdos extraordinarios.

Roberto Cantero

Entusiasta de la tecnología y los videojuegos. Fanático del cine y las series de televisión, con Matrix y Perdidos como favoritos. Baskonista en vena. Redactando artículos con sentido del humor, porque me da mucha rabia la gente demasiado seria. LOL.

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