Batallitas de abuelos

Nos dieron años de sus vidas; nos arropaban en los momentos más amargos y siempre lo hacían con una sonrisa, contándonos batallitas de otros tiempos, muchas de ellas seguro que no llegaron a existir jamás pero sonaban bien en nuestra cabeza. Y cuando empezaron a olvidar cosas, a no responder como debían a lo que pedíamos, decidimos abandonarlas, llevarlas a que se pudrieran al asilo, ese armario lleno de cables y consolas aún más mayores que también decidimos olvidar.

Estamos en pleno salto de generación, un momento ilusionante que todos debéis dar en algún momento si sois amantes de los videojuegos. Pues este arte avanza y nosotros debemos avanzar con él.

Pero es en este tiempo de entreguerras, el de los años felices, ese en el que se renueva el parque consolero, es en el que se da un hecho que debéis valorar: comprarnos ahora mismo la consola de esta generación que no tengamos nos sale tirado de precio. Es más: comprar obras maestras de este generación, incluso de este año y pedirle a nuestro tendero favorito que nos las dé por kilos y no por cajas es una experiencia maravillosa.

Y más maravilloso es ser consecuente con las opiniones que vertemos, algunos vomitamos y vociferamos en público: se da que, cuando queremos dar palos a la consola que no tenemos, al equipo de fútbol que no es nuestra PlayStation, nuestra Xbox, nuestra Wii, nuestro PC, decimos aquello de "es que no tiene catálogo", sobre todo en los inicios de la generación.

Pues en los finales de la generación, con un poco de raciocinio, tenemos la oportunidad de hacernos con los juegos que siempre nos llamaron la atención pero que nunca quisimos o pudimos comprar. 

En el cine, por ejemplo, sucede que cuando pasan unas semanas del estreno de muchas películas en cartelera pasamos de tener un enorme interés por ellas a no verlas jamás. Sin embargo, el hermano mayor del videojuego, tiene esa ventaja de que, como la técnica lleva perfeccionada 100 años, es una experiencia tan gratificante ver un filme como Con Faldas y a lo Loco de 1959 o un The Master de 2012. No le hacemos ascos a la edad.

Los videojuegos están llegando a ese punto en el que la técnica roza la perfección. Y de esta generación que poco a poco se irá marchitando hasta morir y convertirse en retro, con pocos juegos vamos a decir aquello de "uf, que mal han envejecido".

Olvidad a las en breve yayas de esta generación sin haberles escuchado historias como Red Dead Remption, Bioshock, Uncharted, Gears Of War, Batman Arkham, Mario Galaxy, The Elder Scrolls… es un acto tan vil que debería condenar a todas vuestras nuevas consolas a que les de un apechusque en forma de luces rojas.

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