Bentman

Me lo estoy imaginando, como si hubiera estado allí: reunión de producción en la Warner. Un montón de gente trajeada, Bugs Bunny, papeles sobre la mesa y un puñado de habanos encendidos. El ambiente está cargado por el humo y tenso por la situación: Bale va al Madrid y el actor de apellido homónimo, sin balón, pero con un Oscar, no quiere volver a enfundarse unas mayas ni aunque le paguen el traspaso del primero.

Y entonces surge una voz gutural, cual cantante de Death Metal, entre la penumbra y el humo: "¡Eh chicos! ¿A que no hay huevos a que el nuevo Batman sea Ben Affleck?"

La sala se parte la caja al unísono, Bugs Bunny y el cantante de Death Metal incluidos. Y entonces empiezan a cesar las risas… empiezan a cesar las risas… cesan… y para el mundo pierde la gracia.

Y es que cuando la semana pasada nos enteramos oficialmente de que el nuevo Batman en la secuela de Superman dirigida por Zack Snyder iba a estar protagonizada por Daredevil, lo primero que hicimos 9 de cada 10 humanos fue mirar al calendario para ver si era 28 de diciembre. Pero no, hacía demasiado calor incluso para el cambio climático que a veces nos hace creer que no es invierno.

Pensar en Ben Affleck como el nuevo Batman es una decisión deliberadamente polémica y abiertamente estúpida. Es como cuando eres un niño y le tiras una piedra a la farola: sabes que estás haciendo mal, que te va a caer una bronca de la madre y el padre que te parió y de cualquiera que te vea hacerlo, pero a ti te hace gracia… te sube la adrenalina… te pone.

Vale, seguro que habrá quiénes estéis leyendo esto y penséis que Batman siempre ha sido una saga que ha arriesgado al máximo en sus decisiones de casting: Michael Keaton no era un cara cuadrada, ni un galán como para interpretar al Caballero Oscuro, pero es imposible entender un Batman burtoniano sin la mirada del actor. Y, por supuesto, el caso de Heath Ledger y todas las críticas que recibió antes de ver su transformación como Joker (y su trágica y morbosa muerte que ayudó sin duda a la taquilla aunque no lo necesitara) que desencadenó en un Oscar.

Pero, seamos sinceros: por cada Keaton te salen 10 Georges Clonneys o Vals Kilmers y Ledger, podría no pegar para el papel, pero el que siguiera pensando que era el típico actor joven y guaperas es que ninguneaba esa nominación al Oscar que debió ganar por Brokeback Mountain o uno de los mejores secundarios que servidor puede recordar que te pegaba al sofá en los 10 primeros minutos para que Monster´s Ball resultara aún más inolvidable (escenas de sexo explícito y con justificación a parte).

Además de que por cada Heth Ledger te salen 10 Ben Afflecks o un Hayden Christensen (con uno es suficiente y fue aquí cuando descubrimos porque Darth Vader siempre lleva máscara). 

Puede que en la máscara esté la cuestión y que como a Ben solo se le tiene que ver el mentón tampoco sea tan traumático el asunto. Pero siempre es mejor tener a un actor solvente (como Bale) para un personaje sencillo que tener a un personaje sencillo interpretado por un busto.

Affleck es un actor pésimo, y esto es un hecho objetivo, que ha recibido cientos de oportunidades y al que solo se le ha tomado en serio cuando decidió dirigirse a sí mismo en sus propios filmes en los que siempre es él el punto más débil.

Pero, precisamente por culpa de la dirección, viene justificada la decisión en aquella reunión en que los directivos y sus habanos encendidos se partían la caja: la Warner tiene una relación de amor incondicional hacia Ben Affleck y el objetivo es que Affleck se encargue de dirigir un filme como La Liga de la Justicia. Y, por si no lo sabéis, Ben ya ha asegurado más de una y de dos veces, que él no está interesado en dirigir películas en las que no pueda ser el protagonista o figurar como actor. Negro y en botella.

El problema es que, tal vez, el precio a pagar por este error de casting sea demasiado elevado; que a un Superman/Batman no le hace falta de polémicas para venderse (desde el Batman de Nolan, menos aún); y que Affleck puede ser un director por encima de la media (pese a que el Oscar de Argo podría llevarme otra columna hablaros de por qué resulta más que discutible) pero está muy pero que muy lejos de ser un director autor o de un currante creativo e ilusionante.

Eso sí, podemos cruzar los dedos para imaginar que en la próxima reunión de directivos se baraje a Matt Damon como el nuevo Robin.

Publicaciones relacionadas

Cerrar