CD Projekt RED y las buenas costumbres

El lunes pasado por fin tuve la suerte de poder comprar The Witcher 3, habían pasado muchos meses de espera y el último retraso que sufrió el juego no había hecho si no acrecentar las ganas que tenía de echarle el guante al juego.

Opté por comprar la edición más básica, ya que me era prácticamente imposible subir el rango de precio para hacerme con la edición coleccionista y la disponibilidad tampoco estaba por las nubes que digamos. Pero mi sorpresa llegó cuando tuve el juego en las manos por primera vez, lo cierto es que me esperaba el típico contenido que obtengo cada vez compro un juego (el olor a nuevo y poco más) y en este caso fue todo lo contrario, al abrir el juego en su edición básica me encontré con que los chicos de CD Projekt RED habían incluido dentro de la caja un mapamundi del juego con el que podía adornar mi habitación, unas pegatinas con las que pensaba dar un poco de vida a mi ordenador portátil, la banda sonora en formato físico para amenizar mis viajes en coche, el manual del juego (ese elemento que hoy en día se encuentra en peligro de extinción), así como un compendio del universo de The Witcher y una carta de agradecimiento de los chicos de CD Projekt RED para darme su agradecimiento por, como consumidor, haberles dado mi voto de confianza.



Lo cierto es que me quedé gratamente sorprendido de que incluyesen todos estos elementos en la edición más básica del juego, sobre todo teniendo en cuenta que ya la había comprado y la venta la tenían hecha, así que todo esto me hizo recapacitar sobre las costumbres que se están perdiendo con el paso de los años en la industria del videojuego.

Todo parece indicar que según va pasando el tiempo y se va asentando el uso de los contenidos descargables de pago o de los incentivos de reserva, las buenas costumbres se están perdiendo. Recuerdo que no hace tanto tiempo solía ser un estándar el acompañar la compra de un juego físico con un enorme manual en el que zambullirse antes de lanzarme de cabeza a jugar lo que había comprado. Recuerdo también que el hecho de ver incluidos contenidos o detalles en los juegos que compraba era una costumbre y no un hecho anecdótico por el que alegrarme, y sobre todo recuerdo que los juegos no daban la regular sensación que dan hoy en día. Parece ser que con el paso de los años, los elementos que podemos encontrar dentro de la caja de un juego que acabamos de comprar cada vez son menores, a veces si tenemos suerte encontramos un folleto promocional de otros productos de la distribuidora, a veces encontramos una hoja con la dirección al manual online y los números de atención al cliente internacional, y muchas otras veces, no encontramos ni eso.

The Witcher 3 ha sido el caso de un juego lleno de promesas, que hasta que no ha llegado el momento de la verdad no hemos llegado a saber si han logrado cumplirse o no. Hasta la fecha parece ser que la única materia con la que los chicos de CD Projekt han tenido una asignatura pendiente es con el polémico tema del downgrade, algo que como consumidor estoy totalmente dispuesto a pasar por alto, cuando me encuentro, con detalles como los que me encontré al abrir la caja del juego; al ver que la política de DLCs gratuitos que prometieron hace meses se está cumpliendo a rajatabla habiendo estrenado su segundo pack de contenidos descargables en su segunda semana de vida, y sobre todo, viendo cómo la compañía se mantiene fiel a su filosofía de apoyar los títulos libres de DRM e incluyendo incluso perlitas como esta dentro del juego para atacar dichos sistemas y apoyar plataformas libres como GOG.



Es por eso que pasada su primera semana puedo decir que The Witcher 3 y sobre todo CD Projekt RED han pasado sin problema el examen al que les he sometido, constituyendo todo un ejemplo de lo que deberían hacer muchas otras compañías, cuidando al usuario y mostrándose sin complejos como lo que realmente son, jugadores realizando juegos para jugadores.

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